El estancamiento en las negociaciones con Irán ha llevado al Gobierno de Donald Trump a buscar nuevas alternativas para desbloquear un conflicto que ya cumple seis meses y que podría afectar su desempeño en las elecciones de medio mandato de noviembre. El lunes, Washington presentó una iniciativa denominada Operation Economic Outcast, orientada a aislar económicamente al régimen iraní. La estrategia contempla imponer sanciones más duras a los países que no rompan sus vínculos comerciales con Teherán, incluyendo a China, aunque no se anunciaron nuevas penalizaciones concretas ni se fijó un calendario de aplicación.
“Que no haya ambigüedad respecto a la postura de Estados Unidos”, declaró el secretario del Tesoro, Scott Bessent, en una rueda de prensa en Washington. Bessent advirtió que cualquier relación económica con el régimen iraní expondría a sus responsables a la acción del poder estadounidense y subrayó que ha llegado el momento de que los países elijan de qué lado están.
Desde Teherán respondieron que no se dejarán intimidar por las nuevas amenazas y que responderán a cualquier agresión. El ministro de Exteriores iraní afirmó que las represalias no se limitarán a Estados Unidos, sino que se dirigirán también contra cualquier país que se sume a lo que calificaron de “guerra económica”.
Entre los países mencionados figuran Turquía, Emiratos Árabes Unidos y China, su mayor socio comercial. Queda por ver hasta qué punto la Administración Trump está dispuesta a sancionar a países que mantengan comercio con Irán, especialmente a China, lo que podría agravar una disputa comercial entre potencias. La tensión llega a pocas semanas de la prevista visita a Washington del presidente chino, Xi Jinping.
Esmaeil Baghaei, portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, señaló que Trump recurre a “métodos que han demostrado ser ineficaces” y advirtió que Irán empleará todas las capacidades multilaterales para contrarrestar las sanciones, añadendo que los ciudadanos iraníes serían los más perjudicados. Mohsen Rezaei, alto funcionario del régimen, amenazó el domingo con interrumpir por completo las exportaciones de petróleo a aliados de Estados Unidos si continúa la presión económica.
No es la primera vez que Irán afronta sanciones económicas: durante años han derivado en desempleo, fuerte inflación y malestar social, lo que desencadenó protestas y una dura represión por parte de las autoridades. Pese a ello, el régimen no se ha mostrado debilitado, manteniéndose firme ante esas presiones.
Sin precisión en las amenazas
Bessent evitó concretar hasta qué punto se ejecutarán las amenazas, pero informó de que el Departamento del Tesoro tiene previsto sancionar a más de 60 entidades, individuos y buques en todo el mundo que facilitan a Irán la adquisición de tecnología nuclear y de misiles. También anunció sanciones adicionales vinculadas a activos digitales, tecnología, oro y aviación.
Estados Unidos ya dispone de un entramado importante de sanciones secundarias contra países que comercian con Irán, especialmente en el sector petrolero. El problema no es tanto la falta de herramientas legales como la voluntad de emplearlas: administraciones actuales y anteriores las han aplicado de forma parcial e inconsistente.
Para que la nueva ofensiva económica tenga un efecto real, parecen necesarias al menos dos condiciones: que EE. UU. logre que sus socios occidentales se sumen a una coalición conjunta que respalde y haga cumplir las medidas contra Teherán, en lugar de actuar de manera unilateral; y que acepte el desafío de enfrentarse a China, algo ante lo que pocos aliados europeos parecen dispuestos.
Además, la Casa Blanca tendría que adoptar una postura más firme frente a países como Rusia, India, Pakistán, Qatar y Turquía, que mantienen intercambios comerciales con Irán sin sufrir consecuencias visibles hasta ahora.
Mientras tanto, Teherán continúa con reuniones bilaterales. El lunes el jefe del Estado Mayor del Ejército de Pakistán, el mariscal de campo Asim Munir, visitó Teherán para hablar con altos cargos iraníes, según informó el Ministerio de Exteriores iraní.
El martes estaba prevista la llegada del ministro de Exteriores de Omán para negociar un acuerdo sobre el tránsito de buques por el estrecho de Ormuz, una ruta estratégica que sigue bloqueada y cuyo control reivindican tanto Estados Unidos como Irán, en un contexto de altos precios de los combustibles a nivel mundial.

