No constaban denuncias ni querellas previas. Lo ocurrido el jueves 3 de septiembre a las afueras de Florencia presenta los rasgos de una tragedia derivada de una violencia planificada, según las primeras conclusiones de la brigada de homicidios encargada de la investigación.
La víctima es Lorena Isceri, de 46 años, originaria del sur de Italia y empleada en el departamento de marketing de una empresa veterinaria. El agresor fue su expareja, Federico Vella, de 36 años, florentino y directivo en una compañía de alquiler de coches; tras matar a la mujer, se quitó la vida. El vehículo llegó poco después de las 14:30 a un viaducto en una de las principales autopistas al norte de Florencia, tramo que quedó cortado durante horas.
La policía ha reconstruido los hechos: la pareja había roto tras varias discusiones y él no aceptó la separación. Nada hacía prever lo sucedido a la hora de comer, cuando el hombre esperó en el garaje comunitario donde ella solía aparcar, en un barrio residencial. Al estacionar, ella fue sorprendida por él, que la agredió, la dejó semiinconsciente y la ató por piernas y muñecas con bridas. Después la metió en el maletero junto a su mochila.
Tras el impacto inicial, la mujer recobró el sentido e intentó liberarse. Localizó la mochila, sacó el teléfono y trató de contactar con su madre y un amigo sin éxito, hasta que consiguió llamar al 112. La sala de emergencias percibió de inmediato la gravedad: la comunicación duró unos 20 minutos, durante los cuales facilitó el modelo del coche, la matrícula y la identidad del agresor. Con la geolocalización y las cámaras de tráfico, la policía comprobó que el todoterreno circulaba a gran velocidad y desplegó un dispositivo para interceptarlo.
Fueron momentos de máxima tensión. Una patrulla localizó el vehículo parado en el arcén de un puente elevado. Minutos antes, Vella había abierto el maletero; al verla con el teléfono le dijo “¿Qué estás haciendo?”, frase que quedó registrada en la centralita de emergencias. Acto seguido arrojó a Lorena, aún con vida, desde más de 40 metros de altura. En ese instante llegaron los agentes con cámaras corporales encendidas: “¿Qué has hecho?”, le gritaron. Él respondió balbuceando que ella le había engañado, que le había tratado mal y que le había agredido, y se suicidó lanzándose también al vacío.
Los servicios sanitarios solo pudieron certificar la muerte de ambos. Las primeras diligencias indican que no existían denuncias por malos tratos ni antecedentes policiales. La Fiscalía ordenó el traslado de los cadáveres para autopsias y análisis toxicológicos, mientras los investigadores analizan los teléfonos móviles incautados para esclarecer los detalles de un crimen aparentemente planeado con meticulosidad.

