14 de septiembre de 2026
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Vetos y voto pendiente condicionan regreso de la izquierda en Suecia

Vetos y voto pendiente condicionan regreso de la izquierda en Suecia

Si no lo impide el voto exterior, la izquierda sueca podría volver al poder debido al retroceso de la ultraderecha, aunque enfrentará el reto de unir a socios muy distintos tras una victoria electoral ajustada: 176 escaños para el bloque encabezado por los socialdemócratas frente a 173 del conjunto que apoyaba al Gobierno conservador. Europa ve en Suecia un inusual avance progresista en clave nórdica —moderado y con políticas migratorias estrictas—, pero el país y su clase política permanecen muy divididos.

La paradoja inicial es que Magdalena Andersson puede recuperar la jefatura del Gobierno pese a que su partido pierde votos. Con el 95% del escrutinio, el Partido Socialdemócrata baja del 30,3% al 28,1%, pierde 2,3 puntos y siete escaños, quedando en 100 diputados, su peor resultado desde 1908. Aun así, el bloque de la oposición supera por tres escaños al bloque del primer ministro Ulf Kristersson. Ambos líderes han mostrado disposición a explorar fórmulas de coalición.

El avance del bloque de Andersson se debe al crecimiento de sus aliados: el Partido de la Izquierda sube al 8,3% y suma 29 escaños; Los Verdes alcanzan el 6,1% y 22 diputados; y el Partido del Centro obtiene el 7,1%. Eso acerca a Andersson al despacho de primera ministra, pero limita la capacidad de su partido para imponer su agenda desde el Gobierno.

La escritora Karolina Ramqvist comenta a Suecia que la izquierda ha fallado en explicar su proyecto económico: el país se ha vuelto atractivo para multimillonarios por impuestos bajos sobre las rentas más altas. El voto a La Izquierda también puede interpretarse como una corrección a ese rumbo.

UNA COALICIÓN DIFÍCIL

Aunque todos los socios de Andersson quieren desalojar a Kristersson, discrepan profundamente sobre el programa de gobierno. El Centro no es de izquierdas: es liberal en lo económico, rechaza un impuesto a los multimillonarios y aceptó apoyar a Andersson para evitar que la ultraderecha gobernara. En el otro extremo, La Izquierda exige entrar en el Ejecutivo, subir impuestos y limitar beneficios empresariales en servicios públicos; el Centro se niega a tener gabinete común con los excomunistas. Los Verdes, por su parte, priorizan exigencias climáticas y se muestran reticentes con nuevos reactores nucleares.

El sistema parlamentario sueco ofrece una solución práctica: Andersson no necesita sumar a todos en el gabinete ni lograr 175 votos a favor. En el Riksdag, un candidato se aprueba siempre que no haya 175 diputados en contra, lo que facilita la formación de un Gobierno con acuerdos más flexibles.

MORIR DE ÉXITO

La otra paradoja afecta a Demócratas de Suecia (SD). En un momento en que la derecha radical avanza en Europa, el SD pierde tres puntos (del 20,5% al 17,5%) y 11 diputados, descendiendo del segundo al tercer puesto detrás de los Moderados. Es su primer retroceso en unas legislativas después de décadas de ascenso y una señal para otros populismos. Parte de esa pérdida puede explicarse por el voto táctico en favor de los Moderados o por el desgaste de sostener al Ejecutivo desde fuera del Gobierno. Algunos analistas sostienen que, tras imponer muchas medidas para “recuperar la Suecia tradicional”, agotaron su papeleta política y sufrieron un desgaste por éxito.

Aun en descenso, los extremistas han logrado contagiar su agenda al resto de fuerzas. Como señala el ensayista Jonas Hinnfors, cuando un partido de derecha radical crece, los demás tienden a endurecer sus políticas; incluso los socialdemócratas suecos han adoptado posiciones más restrictivas, lo que les ha permitido mantener porcentajes relativamente altos sin caer como en otros países europeos.

Los votantes saben que Andersson no propone volver a la política de puertas abiertas de la crisis de refugiados: los socialdemócratas defienden hoy una inmigración mucho más restrictiva y han respaldado reformas de esta legislatura. En ese sentido, se parecen más a la socialdemocracia danesa de Mette Frederiksen que a la española de Pedro Sánchez.

El nuevo Parlamento se constituirá por primera vez el 28 de septiembre y el presidente del Riksdag podrá proponer un candidato a primer ministro a partir del 29 de septiembre, si bien las negociaciones para formar Gobierno podrían prolongarse.

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