Al principio fue una persona, luego otra y después varias más, hasta que un goteo se transformó en una ola. Numerosas mujeres y algunos hombres han publicado en redes sociales mensajes de apoyo a “Jane Doe”, seudónimo que usa la joven que presentó una demanda contra la Universidad de Cornell y contra siete miembros de fraternidades a quienes acusa de violación.
Estas publicaciones suelen empezar con la frase “Yo soy Jane Doe” y muchas personas añaden relatos propios de abuso o agresión sexual, sumándose así a la corriente de solidaridad que se generó después de que el periódico estudiantil informara sobre la demanda a finales del mes pasado.
Quienes comparten estos mensajes buscan, entre otras cosas, proteger a la demandante en un momento en que hay intentos de identificar su nombre real en internet. La idea es que la multiplicidad de publicaciones con la misma etiqueta complique la tarea de rastrear y confirmar una identidad real frente a algoritmos y buscadores.
Los contenidos se han difundido en diversos formatos —videos, fotos y textos— y en varias plataformas, en un movimiento que recuerda al #MeToo, impulsado hace una década cuando muchas personas contaron públicamente experiencias de acoso y agresión sexual vinculadas a un caso mediático en Hollywood.
“Estos hechos están animando a más mujeres a alzar la voz y contar sus historias”, señala Emma Davidson Tribbs, directora fundadora de la National Women’s Defense League. Según ella, estas expresiones de apoyo ofrecen a las personas coraje y cierta tranquilidad para presentarse y relatar su verdad, y pueden actuar como catalizadores del cambio.
El uso de seudónimos aumenta
El uso de seudónimos como Jane Doe en demandas ha crecido en las últimas décadas, dice Diana Simon, profesora de derecho en la Universidad de Arizona.
Aunque el sistema legal se basa en la transparencia y en que las partes sean identificadas por su nombre, existen situaciones muy privadas o delicadas “en las que lo mejor para la persona sería permanecer en el anonimato”, explica Simon.
Sin embargo, eso no garantiza que la identidad real no llegue a conocerse, sobre todo si terceras personas la buscan activamente en internet.
Por esa razón Kelsey Combe publicó su mensaje de “Yo soy Jane Doe”: la intención era que muchas publicaciones similares ofrecieran cierta protección en línea a la demandante de Cornell, dificultando confirmar cualquier identidad real mediante búsquedas o algoritmos.
“Era para confundir a los modelos de IA y mostrar mi solidaridad con ella”, comentó Combe, fotógrafa en el centro-norte de Estados Unidos.
Decidió unirse después de ver un reel de la creadora conocida como “women_inamerica”, que explicaba la importancia del gesto. Para cuando Combe publicó su mensaje, ya había muchas respuestas de otras mujeres.
No obstante, el intento de generar confusión funcionó de un modo inesperado: más tarde la inteligencia artificial la asoció a ella como si fuera la verdadera Jane Doe, afirmando que Combe era la demandante en Cornell. Logró que esa relación se retirara, pero la experiencia mostró cuán expuestos pueden quedar quienes participan en estos actos públicos.
“Fue una situación interesante, porque en el momento en que alerté sobre eso… mucha gente respondió: ‘Bueno, tú pediste esto. Participaste en esto. ¿Qué esperabas que fuera a pasar?'”, relató Combe, recordando la crítica pública que recibió.
Eso, a su juicio, resalta lo que los esfuerzos de solidaridad intentan poner de manifiesto: que existen problemas sistémicos más amplios que deben abordarse, no solo casos aislados.
“Es una forma de apoyar a ella, pero también de reconocer que, en cierto grado, muchas de nosotras nos identificamos con Jane Doe porque tenemos experiencias propias con la agresión sexual”, concluye Combe. “Todas somos Jane Doe hasta que nadie lo sea”.

