Con un aspecto visiblemente debilitado y apoyado en una muleta, el rey Mohamed VI presidió la apertura solemne de la nueva legislatura. Vestido con una chilaba amarilla, habitual en actos religiosos y ceremoniales, dirigió gran parte de su discurso a las relaciones con España, abordando específicamente la cooperación en materia migratoria. Señaló que, pese a avances en distintos ámbitos, esa colaboración enfrenta “importantes desafíos” por disposiciones legales obsoletas y decisiones judiciales que, según dijo, dificultan la repatriación de menores y de quienes obtienen injustificadamente el estatuto de refugiado, y favorecen la actividad de redes criminales. También advirtió contra declaraciones públicas que, a su juicio, explotan la situación y afirmó que la asociación con España es una elección soberana que no debe someterse a presiones o chantajes.
Es la primera vez que el monarca marroquí se refiere de forma explícita a la crisis migratoria en la frontera con Ceuta, y su intervención llega pocos días antes de la histórica visita a Ceuta y Melilla de los Reyes de España, Felipe y Letizia, prevista para el martes y miércoles próximos. Será la primera vez que el Rey español visite ambas ciudades desde su proclamación.
En su discurso también resaltó el orgullo por la identidad marroquí y por su condición como Emir de los Creyentes, reivindicando la identidad religiosa y cultural del país y poniendo en valor los logros en política exterior, desarrollo económico y transformación social. Igualmente instó a las autoridades públicas y al sector privado a promover medidas para generar empleo y oportunidades.
En Marruecos, las intervenciones del rey adquieren especial atención porque, con la censura sobre la Casa Real y la escasez de mensajes públicos, cada aparición permite valorar el estado de su liderazgo. La salud del monarca, tema tabú oficialmente, es motivo de creciente preocupación pública.
Su reaparición en un acto en septiembre con motivo del aniversario de la muerte de su padre, Hasan II, despertó inquietud por su evidente empeoramiento físico, mayor dificultad de movilidad y aspecto fatigado.
Desde hace años circulan informaciones en medios internacionales que atribuyen al rey problemas de salud crónicos, incluyendo menciones a sarcoidosis, una enfermedad inflamatoria que puede afectar pulmones y otros órganos; Rabat no ha confirmado ni abordado oficialmente esos extremos. En el pasado se han reportado episodios repetidos de infecciones en pulmones y piernas y el uso frecuente de muletas.
El rey de Marruecos, flanqueado por su hijo y su hermano, durante la apertura de la legislatura. E. M.
En el país se percibe una progresiva transferencia de responsabilidades hacia la nueva generación en la corona, sin que ello suponga un traspaso formal de poderes. El príncipe Moulay Hasán (23 años) ha ganado protagonismo, lo que, lejos de ser un simple relevo de rutina, estaría generando choques internos y problemas de coordinación entre instituciones y estamentos de poder. Aunque Marruecos es una monarquía constitucional sobre el papel, el poder real sigue concentrado en el rey y en el Majzen, la élite de funcionarios y oligarcas que rodea al soberano y toma las grandes decisiones.
Algunos analistas atribuyen a estas tensiones institucionales la magnitud de la avalancha migratoria que llegó a Ceuta a finales de julio, un episodio que coincidió con las celebraciones de la Fiesta del Trono y que, según fuentes, pudo haberse producido en un contexto de presión política hacia España y luego desbordarse.
El relevo en la corona y el endurecimiento de posturas nacionalistas dentro del Majzen se entienden también como intentos de cohesionar al país ante una realidad social fragmentada. Marruecos afronta protestas y malestar, especialmente entre los jóvenes, por el desempleo, la precariedad de servicios públicos y la sensación de falta de futuro. El renovado énfasis nacionalista ha avivado las reclamaciones sobre Ceuta y Melilla y endurecido el tono hacia esas cuestiones.
La apertura de la legislatura se produce además en un contexto político inédito: por primera vez el rey ha encargado la formación de gobierno a una mujer, Fatima Zahra El Mansouri, dirigente del centrista Partido de la Autenticidad y Modernidad (PAM), ganador de las elecciones del 23 de septiembre. Sin embargo, esos comicios reflejaron una acusada desafección ciudadana, con una participación muy baja, alrededor del 38%.
Con 97 escaños en la Cámara Baja (395 asientos), el PAM está lejos de la mayoría absoluta y busca acuerdos, entre ellos con el renacido Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), que obtuvo 54 escaños. La dificultad de garantizar una mayoría estable augura años de negociación y de retos para atender las demandas sociales. El Gobierno y el régimen pueden intentar desviar la atención hacia asuntos externos —Ceuta y Melilla, el Sáhara Occidental o la organización conjunta del Mundial 2030 con Portugal y España—, pero esos temas no resolverán los problemas estructurales internos si la situación social no mejora.
La ‘luna de miel’ con Israel
El régimen marroquí estrecha la relación con Israel pese al malestar interno. En Marrakech, Israel contó por primera vez con un pabellón en el Salón Aeronáutico, un hecho calificado por el Ministerio de Defensa alauí como un hito.
Además, Israel Aerospace Industries está próximo a cerrar la venta de misiles balísticos LORA a Marruecos, con un alcance cercano a 500 kilómetros. La operación se inscribe en un contexto de tensión renovada con Argelia; Israel figura hoy como el tercer suministrador de armamento a Marruecos, tras EE. UU. y Francia.


