Seis horas de espera por una comida. Esa es la agotadora rutina de Nihaya al Masri, que cada día hace fila frente a una cocina comunitaria para poder alimentar a su numerosa familia en la Franja de Gaza.
La emergencia alimentaria persiste un año después de la entrada en vigor del alto el fuego entre el ejército israelí y el movimiento islamista Hamás.
Sin este punto de distribución gratuito, gestionado por organizaciones humanitarias, no tendríamos “nada de nada”, dijo a la AFP Al Masri, de 35 años, que vive con sus ocho hijos en una tienda de campaña en Jan Yunis, en el sur del territorio.
Sale temprano por la mañana y regresa por la tarde con cuatro bandejas de arroz, lentejas y un poco de pollo, que consume toda la familia, incluido su marido, herido en las piernas durante un bombardeo y que “no puede pelearse con los demás” para conseguir un plato.
Esa suele ser su única comida del día: ni desayuno ni cena, porque hay que racionar la harina, que se ha vuelto “escasa”, explica.
Los hijos de Nihaya al Masri, en su tienda de campaña. BASHAR TALEB AFP
En agosto de 2025, el Marco Integrado de Clasificación de la Seguridad Alimentaria (IPC, por sus siglas en inglés) declaró la situación de hambruna en Gaza, una afirmación que Israel calificó de “mentiras”. En diciembre, la ONU informó que el territorio ya no se consideraba en situación de hambruna, atribuyéndolo al alto el fuego vigente desde dos meses antes y al aumento de la ayuda humanitaria.
Un responsable del Cogat, el organismo del Ministerio de Defensa israelí encargado de los asuntos civiles en los territorios palestinos, dijo a la AFP que hoy la situación humanitaria en Gaza es “estable” y que hay “más que suficiente comida”.
Sin embargo, para Shaun Hughes, director del Programa Mundial de Alimentos (PMA), la situación sigue siendo “extremadamente grave” en esta franja densamente poblada, devastada por dos años de conflicto iniciado tras el ataque de Hamás en Israel el 7 de octubre de 2023.
Alrededor de 1,4 millones de personas, de los 2,1 millones de habitantes, “se encuentran en situación de inseguridad alimentaria aguda” y 200.000 de ellas continúan rozando el umbral de la hambruna, afirmó a la AFP.
Vergonzoso
Según Nihaya al Masri, sus hijos, de entre tres y 14 años, “sueñan con comer fruta”, pero ella “no tiene medios para comprarla”. Relata que uno de sus hijos sufrió desnutrición durante la hambruna y que “poco a poco su estado mejoró”.
La desnutrición no proviene solo de la falta de alimentos, sino también de carencias de nutrientes esenciales. Debilita el sistema inmunitario de los niños, aumenta su vulnerabilidad a las enfermedades y compromete su crecimiento.
“Los episodios repetidos de desnutrición aguda en los niños generan daños de los que no se recuperan”, explicó Shaun Hughes, subrayando que las secuelas cognitivas y físicas vinculadas a la hambruna “persisten a lo largo de toda la vida”.
La diversidad alimentaria es un “reto mayor” para la seguridad alimentaria en Gaza, añadió el responsable, porque aunque los alimentos ricos en proteínas están disponibles en los mercados, “no son asequibles” para la mayoría de la población.
En ese contexto, Israa al Najjar, jefa del servicio de desnutrición del hospital Nasser en Jan Yunis, declaró a la AFP haber observado “un aumento de los síndromes y las patologías” relacionadas con la desnutrición que afectan al sistema inmunitario.
En un informe publicado el jueves, con motivo del tercer aniversario del ataque del 7 de octubre, Médicos del Mundo (MdM) indicó que el 93% de las mujeres embarazadas y lactantes presentan síntomas de anemia relacionados, en particular, con la desnutrición, y que solo el 17% mantiene una alimentación lo bastante variada como para cubrir sus necesidades nutricionales.
Mientras tanto, Nihaya al Masri continúa acudiendo cada día a la cocina comunitaria. “Sufro de asma” y “estoy agotada”, suspira, y lamenta el mal estado de su tienda, que sus hijos intentan reforzar a diario.
Considera “vergonzoso” tener que recurrir a esa ayuda. “Lo juro ante Dios, esto no es normal”.
Nihaya al Masri compite por el plato diario de su familia entre otros desplazados. BASHAR TALEB AFP



