El primer ministro británico Andy Burnham se ha convertido en el primer dirigente de un país europeo no fronterizo con Rusia en calificar a ese país de “enemigo” y, además, en el primer jefe de Gobierno británico que acusa a Moscú de haber interferido en el referéndum del Brexit.
Según relató, al asumir el cargo en julio preguntó a los servicios de seguridad si había habido injerencia rusa en el referéndum de 2016 y recibió una respuesta afirmativa.
Estas declaraciones las realizó en el podcast The Rest is Politics, presentado por Alastair Campbell —exjefe de Comunicación y Estrategia con Tony Blair— y por Rory Stewart, exparlamentario conservador y autor de libros sobre Irak y Afganistán.
Burnham utilizó el caso del Brexit como advertencia sobre lo que podría ocurrir en Francia y Alemania, donde formaciones con fuertes vínculos con Rusia —el Agrupación Nacional y la AfD, respectivamente— están ganando peso y podrían llegar al poder en 2027 y 2029.
“Es importante dejar estas cosas claras y ayudar a los votantes de Francia y de Alemania a comprender que parte de la política está instigada por nuestros enemigos, es decir, Rusia”, afirmó el primer ministro.
Las afirmaciones de Burnham suponen un cambio en la retórica británica y europea hacia Moscú. Hasta ahora ningún primer ministro del Reino Unido había reconocido públicamente una injerencia rusa en el Brexit, a pesar de estudios independientes, como el del Oxford Internet Institute, que lo sostienen. Su antecesor, Boris Johnson, rechazó impulsar una investigación oficial sobre el asunto.
Tampoco es común declarar a Rusia como “enemigo”. Solo hay dos precedentes: en 2019 la presidenta de Georgia, Salome Zourabichvili, y en 2022 la entonces primera ministra de Estonia y actual alta representante de la UE, Kaja Kallas, emplearon ese término en el contexto de la agresión rusa hacia sus países o de la seguridad europea.
Burnham ha promovido una política de acercamiento a la Unión Europea que, en teoría, podría conducir a un nuevo referéndum sobre la adhesión del Reino Unido. Su postura sobre la UE ha sido cambiante: en 2016 se opuso al Brexit; en 2019 dijo que en un segundo referéndum votaría a favor si el Partido Laborista negociara un acuerdo que mantuviera al Reino Unido en la unión aduanera; en 2025 expresó a título personal su apoyo a la pertenencia a la UE; y en mayo pasado afirmó que, si llegara al Gobierno, no propondría la reincorporación al bloque.

