15 de octubre de 2026
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Gimnasio de Temperley homenajea a la Locomotora Castro

Gimnasio de Temperley homenajea a la Locomotora Castro

Un cartel en letra cursiva da la bienvenida a quienes llegan al gimnasio de Jorge “Locomotora” Castro, en la esquina de Caaguazú y Eva Perón. Allí puede leerse: “Gracias por tu trabajo, por tu ayuda y gracias por ser la Locomotora Castro. La gente de Temperley no te olvida”.

Otro cartel dice: “Querido Roña Castro, el boxeador de los humildes y el mejor del mundo”, acompañado por una rosa. Ambos adornan la fachada del gimnasio que, durante años, combinó la enseñanza del boxeo con iniciativas de asistencia social. La muerte de Locomotora provocó tristeza entre quienes lo conocieron; además de su legado deportivo, en el barrio se lo recuerda por su cercanía, sus consejos y su solidaridad.

Jorge “Roña” Castro falleció este miércoles a los 59 años. Fue campeón mundial de boxeo, pero otra parte importante de su trayectoria se desarrolló fuera del ring: en comedores, merenderos y actividades solidarias que impulsó en el sur del Conurbano.

Los consejos que también formaron boxeadores

Dante, de 20 años, conoció a Castro cuando entrenaba en el gimnasio a los 16. Guarda recuerdos de las conversaciones, los desafíos y las enseñanzas que recibió. “El Roña Castro hay uno solo” era una frase que usaba para exigir disciplina y esfuerzo cuando Dante no cumplía con el entrenamiento.

Cuenta una anécdota: tuvo que pelear tras haber pasado la noche de fiesta y Castro lo reprendió, insistiendo en que debía entrenar con intensidad. Le decía que no bajara los brazos y que, si se esforzaba, llegaría lejos.

Además de su rol como entrenador, Dante lo recuerda como una buena persona, siempre dispuesta a dialogar y ayudar. “Lo vamos a recordar siempre de la mejor manera. Es una leyenda”, afirmó.

“No hacía distinción de personas y le daba a todo el mundo”

Luciano, vecino y trabajador del gimnasio, contó que la noticia lo conmovió profundamente y destacó la generosidad de Castro: “Me tocó el corazón. Es increíble, no lo podemos creer”. Aunque no pasaba todo el tiempo en el lugar, se acercaba cuando se repartía mercadería y recuerda que Castro buscaba recursos para dárselos a quienes los necesitaban.

Silvia, quien vive a seis cuadras, solía ver la concurrencia en las entregas. Nunca pidió ayuda personalmente, pero observó la multitud: personas de todas las edades y condiciones aguardaban la asistencia. “Él no se fijaba a quién daba, no hacía distinción de personas y le daba a todo el mundo”, dijo.

Silvia tenía intención de colaborar con jarras y vasos. La noticia de la muerte le provocó tristeza y también molestia por la falta de reconocimiento público a su labor solidaria: consideró que la comunidad debería mostrarse agradecida, acompañar a la familia y valorar su ejemplo de ayuda desinteresada.

Una huella que permanece en Temperley

En Temperley, el nombre de Jorge “Roña” Castro quedó vinculado a dos facetas: el boxeador que alcanzó la cima en su deporte y el vecino que dedicó esfuerzos a acompañar a personas en situaciones vulnerables. Para Luciano fue un hombre generoso; para Dante, un referente que impulsó su entrenamiento; para Silvia, alguien que ayudaba sin preguntar.

En ese sector de Temperley perduran sus enseñanzas, los alimentos que llegaron a muchas familias y la historia del gimnasio que, incluso durante la pandemia, abrió sus puertas para ayudar. “La gente de Temperley no te olvida” resume una despedida cargada de tristeza y gratitud.

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