20 de octubre de 2026
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Grupo secreto ucraniano sale de las sombras y refuerza a la OTAN

Laboratorio en el que enseñan a los drones a operar de forma autónoma con inteligencia artificial.

Durante cinco años fue un grupo del que apenas se habló. Mientras otras unidades de la inteligencia militar ucraniana, el GUR, acumulaban fama con operaciones espectaculares, el destacamento Ferrata actuaba en el mar Negro sin nombre ni portavoz. Su comandante recibe a EL MUNDO en una instalación cuya ubicación no puede revelarse y muestra el material con el que trabajan. La unidad más discreta del GUR ha decidido dejar de ocultarse y dar a conocer sus avances tecnológicos y operativos.

El espacio, que a simple vista recuerda a una sala de videojuegos, es en realidad un laboratorio donde entrenan a drones para que operen de forma autónoma mediante inteligencia artificial alimentada con miles de vídeos de ataques. Ninth —el alias con el que se identifica su responsable— cuenta que todo empezó de forma modesta. «Al principio éramos un equipo pequeño, un despachito», recuerda. Un grupo de militares con experiencia en operaciones marítimas recibió la tarea de crear sistemas no tripulados en un país que había perdido el acceso a su mar. El comandante admite que al principio no quiso participar.

«Me negué», dice con franqueza. «Tenía experiencia previa que me decía que si me metía en esto no iba a salir bien». Finalmente aceptó, y atribuye su decisión más al carácter que al patriotismo: «Soy muy maximalista. Si hago algo, es un proceso largo». Procede de fuerzas especiales y no llegó con experiencia como operador; lo que tenía era tiempo. «Como nunca en mi vida he tomado alcohol ni drogas, he tenido mucho tiempo para dedicarme a las cosas interesantes y efectivas». De aquel pequeño despacho han surgido hoy unos 500 profesionales trabajando en sistemas marítimos no tripulados. Él diseñó la estructura pensando en su propio uso: «Lo monté para mí, para usarlo yo como arma».

Investigación y desarrollo

Ferrata realiza operaciones en el mar Negro, pero su estructura integra también un centro propio de investigación y desarrollo y una arquitectura estratégica llamada Katran, que no es un buque sino un sistema de coordinación. Cada unidad se vincula mediante un código QR, acepta cualquier tipo de cámara y puede integrar hasta 500 medios distintos bajo un mismo mando. ¿Por qué salir ahora de las sombras? «Estoy construyendo este departamento como algo súper interconectado», explica. «Ahora ya tengo la visión de cómo va a trabajar este modelo», y esa visión requiere escala.

La presentación pública se acompaña de toda una iconografía: una insignia que promueven, la Legión del Mar; un videojuego; exposiciones ante socios europeos y una película de acción sobre la unidad (Killhouse) que se estrenará en Europa. El reclutamiento incluye filtros poco habituales en un ejército que lleva años incorporando personal donde puede: hay que pasar un test de cociente intelectual y se valoran aptitud deportiva, capacidad táctica y de combate. Además, prefieren personal con cierta experiencia: «Es difícil que contratemos a jóvenes menores de 30, porque hace falta cierta experiencia». Las mujeres acceden con los mismos criterios que los hombres, también como pilotos de drones. Y la nacionalidad no es determinante: «No importa el pasaporte. Importa la voluntad de victoria y tu comportamiento en combate».

Laboratorio en el que enseñan a los drones a operar de forma autónoma con inteligencia artificial.

Laboratorio donde entrenan drones para operar de forma autónoma con inteligencia artificial. ALBERTO ROJAS

Lo dice refiriéndose a un amigo alemán con el que participó en operaciones y que fue enterrado en Alemania; la víspera de la entrevista había aprobado la placa que colocarán en su memoria en Kiev, cerca de la embajada alemana. La apuesta tecnológica es el núcleo del proyecto y la razón por la que la unidad quiere hacerse visible. El sistema planifica operaciones con inteligencia artificial, incorpora manuales de la OTAN y, según sus responsables, va «mucho más avanzados». Una vez seleccionada el área de operación, el programa reconstruye qué fuerzas enemigas estuvieron presentes en el último mes y medio y calcula el radio de cobertura de cada defensa radioelectrónica. «Después de un tiempo, ese mapa se hace vivo», dice. Entonces buscan lo que llaman una ventana de posibilidades y, si no existe, la crean: «Tenemos que destruir algunos antiaéreos para que la haya».

“Combatimos en el mapa”

La decisión final sigue siendo humana: «No soy yo el que marca la línea. Yo elijo la opción que ya ha ofrecido la inteligencia artificial». En combate, las cámaras de todos los medios se fusionan en una única pantalla que la inteligencia artificial etiqueta en tiempo real: identifica el tipo de embarcación y calcula cuántas personas hay a bordo. «Nosotros no combatimos contra una cosa que está en nuestra cámara, sino en el mapa», explica Ninth.

Hay una capa adicional que aclara por qué su trabajo es especialmente relevante ahora, con Washington recortando el flujo de inteligencia satelital hacia Kiev y limitando el ancho de banda de Starlink: si les cortan el acceso a internet, las embarcaciones siguen funcionando y pueden seleccionar sus objetivos prioritarios de forma autónoma. Insiste en que todo se ha desarrollado sin apoyo extranjero: «Aquí no tenemos apoyo extranjero. Lo hemos producido con nuestro propio entusiasmo y con nuestras ganas de vencer». Tampoco hubo transferencia tecnológica en sentido inverso: «Nos quedábamos solos. En el extranjero no saben nada de esto». Lo conseguido en cinco años de guerra, estima, equivale a lo que se lograría en 15 años de paz. Por eso la visibilidad también responde a una oferta: «Esto es absolutamente oro para la OTAN», afirma, y se muestra dispuesto a compartirlo: «No es un tesoro que solo me pertenezca a mí».

Por la tarde, miembros del GUR muestran una de sus embarcaciones no tripuladas en el río Dnipro. Al abrir las compuertas, varios drones despegan y atacan en distintas direcciones. Al alcance operacional asociado al buque —mencionado por los responsables— se suma otro radio más cercano de unos 20 kilómetros. La plataforma puede portar hasta 20 drones diferentes. El avance tecnológico cambia la naturaleza del conflicto.

Drones disparados desde un pequeño barco.

Drones lanzados desde una embarcación pequeña. ALBERTO ROJAS

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