Marine Le Pen y Jean-Luc Mélenchon se están beneficiando políticamente del desorden social en Francia, y se consolidan como los principales favoritos de cara a las presidenciales de 2027, según el último sondeo de Fiducial para Le Figaro. La encuesta también refleja el desplome de las opciones de centro, representadas por Édouard Philippe y Gabriel Attal, en un electorado cada vez más polarizado.
Aprovechando su posición, Le Pen decidió no asistir a la reunión de líderes convocada por el primer ministro Sébastien Lecornu, tras acusar al Gobierno de haber perdido el control y calificar la situación como “el último acto del macronismo”.
Le Pen ha asegurado que la campaña es larga y que no ve obstáculos para su avance. Intenta proyectar a Agrupación Nacional (RN) como “el partido del orden” frente a lo que define como “alborotadores de la extrema izquierda”. El sondeo le otorga entre un 36% y un 38% en intención de voto en primera vuelta, más de veinte puntos por delante de sus competidores.
En segundo lugar aparece Mélenchon, que sube ligeramente hasta un 16,5% de intención de voto, a pesar de las críticas del propio Emmanuel Macron, que ha acusado a la extrema izquierda de querer derribar la República. Mélenchon anunció que acudiría a la cumbre convocada por Lecornu con la intención de confrontar la reunión, abordar temas que, dice, se evitan y exigir responsabilidades y disculpas al primer ministro.
Édouard Philippe, que se perfilaba como alternativa de centro tras la reelección en Le Havre, cae al 12% en la encuesta. El ex primer ministro Gabriel Attal baja hasta el 5%, penalizado por el desgaste del macronismo pese a su descripción de lo sucedido el 17 de octubre como “el gran fallo del Estado”.
Raphaël Glucksmann, ganador de las primarias socialistas y candidato de la izquierda moderada, retrocede ligeramente hasta el 13,5% en las encuestas, en gran medida por su ambigüedad ante las protestas. El exministro del Interior Bruno Retailleau, líder de Los Republicanos, queda en el 5% en un contexto de creciente competencia en la derecha moderada, donde destaca la figura del exalcalde de Cannes David Lisnard y su partido Nueva Energía.
El politólogo Benjamin Morel, de la Universidad de París-Panthéon-Assas, sostiene que la principal beneficiaria de los acontecimientos desde el fin de semana es, sin duda, Marine Le Pen. Morel interpreta la situación como un fracaso del Gobierno y la compara con los peores momentos del mandato de Macron, como la crisis de los chalecos amarillos.
Según Morel, otro factor es que la crisis refuerza el deseo de cambio entre el electorado, y que hoy ese cambio está siendo encarnado por Le Pen. Gobernar desde el centro, añade, puede convertir a los extremos en la alternativa creíble, y entre ellos Agrupación Nacional es la fuerza con más opciones de acceder al poder.
La narrativa del Gobierno, que responsabiliza a la extrema izquierda de la violencia, ha favorecido indirectamente a Le Pen. Ella atribuye igualmente la violencia a “alborotadores” vinculados a La Francia Insumisa y a “anarquistas extranjeros” procedentes de Alemania, Países Bajos o Italia que, según su versión, se suman a las manifestaciones en territorio francés.
Le Pen ha denunciado esta semana lo que califica de “caos”: migratorio, de seguridad y presupuestario. Su delfín y potencial candidato a primer ministro, Jordan Bardella, ha insistido en la necesidad de restaurar la autoridad del Estado frente a quienes describen como “profesionales del caos”.
También se ha referido a los “saqueadores de los suburbios”, en alusión a jóvenes de las banlieues que participaron en actos de pillaje durante las protestas. Le Pen propone que la fiscalía actúe con dureza, que los participantes —o incluso sus progenitores de forma solidaria— asuman responsabilidades económicas y que se estudie la retirada de ayudas sociales a los implicados.
En el otro extremo del espectro, Jean-Luc Mélenchon, que estuvo presente en la manifestación del 17 de octubre en París, consolida el apoyo de su base y atrae a sectores del flanco izquierdo con su confrontación con el Gobierno. Su número dos, Manuel Bompard, protagonizó esta semana un tenso intercambio con Lecornu en la Asamblea Nacional que ha tenido amplia repercusión mediática.
Bompard ha pedido respuestas políticas a la movilización ciudadana, defendiendo el derecho a manifestarse y reclamando que las autoridades garanticen ese derecho y eviten la violencia. Ha acusado al primer ministro de querer limitar el debate a la respuesta policial, mientras su formación insiste en abordar los sufrimientos y demandas sociales que motivan las protestas.

