28 de octubre de 2026
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Tres escenarios ante el estancamiento político en Israel

Tres escenarios ante el estancamiento político en Israel

Tras unas elecciones en las que las celebraciones de algunos líderes parecían más relacionadas con el desgaste del adversario que con la consecución de objetivos propios, Israel vuelve a una situación de estancamiento similar a la que existía antes de los Gobiernos de Naftali Bennett y Yair Lapid (2021-2022) y del mandato reciente de Benjamín Netanyahu (2023-2026). El bloqueo político y el temor a nuevas elecciones han reactivado los llamados a formar un Gobierno de unidad.

Con el recuento pendiente de los sobres dobles —alrededor de 450.000 papeletas de diplomáticos, policías y militares— Netanyahu no cuenta con mayoría clara en la Knéset ni con capacidad inmediata para gobernar con sus socios ultraortodoxos y ultranacionalistas. Aun así, celebró que el bloque de Gadi Eisenkot quedara por debajo de lo esperado respecto a los 61 escaños necesarios. El Likud obtuvo 26 escaños y su bloque, 53; resultados que su partido interpreta como un relativo éxito, atribuible a la movilización electoral y a la respuesta del electorado frente a la figura de Netanyahu tras el fracaso del ataque del 7 de octubre de 2023 y la ausencia de una investigación oficial sobre lo ocurrido.

Entre Netanyahu y Eisenkot ha emergido un tercer bloque con fuerza inusual. Los dos partidos árabes ofrecen sus 19 escaños a Eisenkot para facilitar la formación de Gobierno, pero traducir la mayoría parlamentaria en una mayoría estable para gobernar será complejo: en la Knéset existe una mayoría clara contraria a Netanyahu (67 frente a 53), pero ello no garantiza que esa mayoría pueda sostener un Ejecutivo cohesionado.

¿Y ahora qué? Esa es la pregunta de muchos ciudadanos que acudieron masivamente a votar precisamente para obtener un Ejecutivo claro y sin acuerdos con el enemigo. El desenlace pasa por tres escenarios principales.

Primer escenario

La primera opción, promovida por algunos actores internacionales como la Administración Trump y alentada por figuras institucionales, sería un Gobierno de unidad que uniera a Netanyahu y Eisenkot, pese a sus promesas electorales en sentido contrario. Ese acuerdo podría situar al ultraderechista Itamar Ben Gvir en la oposición y requeriría concesiones sensibles en temas como la creación de una comisión de investigación sobre el 7-O y la exención del servicio militar para sectores ultraortodoxos. Para materializarlo, Netanyahu tendría que distanciarse de parte de su bloque tradicional y Eisenkot asumirá el riesgo de ser acusado de traición por parte de votantes que confiaron en su independencia. El presidente Isaac Herzog, cuya función incluye recibir recomendaciones sobre quién debe intentar formar Gobierno, ya instó a los partidos a presentarse «con la mente abierta» para evitar una nueva ronda electoral.

Segundo escenario

El segundo escenario sería un Ejecutivo liderado por Eisenkot con el apoyo de los dos partidos árabes. Hasta ahora, Eisenkot rechazó pactos con fuerzas no sionistas y planteó cuatro condiciones: la creación de una comisión de investigación sobre el 7-O; una ley que regule el reclutamiento o un servicio civil alternativo; la adopción de los valores de la declaración de Independencia que definen a Israel como Estado judío y democrático; y la definición de Hamás como organización terrorista a desmantelar. Mientras Eisenkot explora esa vía, Netanyahu y el Likud han advertido contra acuerdos con los partidos árabes y denunciado, sin pruebas concluyentes públicas, supuestas irregularidades y fraudes en la jornada electoral.

Tercer escenario

El tercer escenario, preferido por Netanyahu si Eisenkot no accede a integrarse en su Ejecutivo en condiciones favorables (por ejemplo, como ministro de Defensa y sin un acuerdo de rotación), sería que el primer ministro permanezca en el cargo hasta unas nuevas elecciones, a las que espera presentarse en una posición más favorable. Netanyahu intentaría entonces neutralizar la fragmentación de la derecha y el voto perdido hacia pequeños partidos, mientras que el bloque de Eisenkot y el sector árabe podrían obtener resultados similares o peores en una nueva cita electoral. Muchos votantes contrarios a Netanyahu expresaron decepción tras creer, según sondeos y primeras estimaciones, que se habría formado una alternativa viable sin él.

Esa decepción, a su vez, contribuye a la capacidad de Netanyahu para mantener apoyo: aunque desde 2022 el Likud ha perdido escaños —de 32 a 26— y su bloque se redujo también, él y sus seguidores destacan el peso de su campaña, la interpretación de las responsabilidades sobre el 7-O y los golpes posteriores al eje liderado por Irán como factores que explican el resultado.

Sin olvidar el ‘factor Irán’

Un elemento que puede alterar el tablero político es Irán. La posibilidad de un enfrentamiento mayor, incluso en un plazo corto, influye ya en el debate público. En un discurso nocturno, Netanyahu afirmó que Israel ha debilitado la amenaza iraní y advirtió de que el régimen persiste en su objetivo de eliminación, subrayando la necesidad de actuar junto a aliados para neutralizar esa amenaza. Eisenkot, por su parte, advirtió que Netanyahu carece de un mandato claro y le pidió que no instrumentalice la seguridad nacional para fines políticos.

La incertidumbre política provocó caídas en la Bolsa de Tel Aviv, mientras que el bloque anti-Netanyahu volvió a ganar el voto agregado en algunos distritos, aunque lamentó que no fue suficiente para desalojarlo del poder.

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