11 de octubre de 2026
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Investigación del inicio de la guerra rusa en Ucrania

Volodymyr Tymoshko, jefe de la Policía de la región de Chernihiv, posa en su despacho.

Volodymyr Tymoshko llegó a Kramatorsk y Sloviansk el 16 de julio de 2014, cuando hacía menos de dos semanas que las fuerzas ucranianas habían recuperado el control de esas localidades, que se habían convertido en el epicentro del conflicto en el este del país.

Como general de la Policía, fue designado para dirigir la investigación oficial sobre lo ocurrido en esas fechas, cuando grupos paramilitares, con el respaldo de Moscú, ocuparon gran parte de la región del Donbás.

El 17 de abril de 2014, el presidente ruso Vladimir Putin negó la participación de sus fuerzas en el conflicto: “No hay unidades rusas en el este de Ucrania. Ni fuerzas especiales ni instructores. Todos son ciudadanos locales”, declaró entonces.

Tymoshko ya había enfrentado a las fuerzas separatistas alentadas por Rusia en Járkiv, donde estaba destinado. Participó junto a efectivos de la Guardia Nacional en el desalojo, el 7 de abril de 2014, de decenas de activistas que habían proclamado la República Popular de Járkiv tras ocupar el edificio del Gobierno regional el día anterior. “Duró menos de un día”, recuerda desde su despacho en Chernihiv, donde ahora dirige las fuerzas de seguridad de la región.

Durante los interrogatorios a las decenas de detenidos de aquella operación, Tymoshko identificó patrones que luego volvería a ver en el Donbás: muchos de los implicados eran personas con antecedentes penales o problemas de alcohol y drogas, traídas en autobuses desde Rusia por un grupo que les instó a ocupar los edificios. Una vez dentro, se dirigían a Rusia, explica el oficial.

“Allí estaba Motorola”, añade en referencia a Arsen Pavlov, el jefe paramilitar ruso que luego intervino en la guerra del Donbás.

Motorola reapareció en Kramatorsk y Sloviansk después de que esas localidades fueran ocupadas el 12 de abril de 2014.

Volodymyr Tymoshko, jefe de la Policía de la región de Chernihiv, posa en su despacho.

Volodymyr Tymoshko, jefe de la Policía de la región de Chernihiv, posa en su despacho. K. CHERNICHKIN

Nuestra investigación incluyó entrevistas a detenidos, examen de documentos dejados al retirarse las fuerzas y visitas a los lugares donde se alojaron los implicados. La conclusión fue clara: la preparación para la ocupación del Donbás no comenzó en 2014 tras la revuelta de Maidán, sino antes, posiblemente después de la invasión rusa de Georgia en 2008, sostiene el uniformado.

El Donbás, junto con Crimea, fue uno de los primeros objetivos de la ofensiva de Putin tras perder a su aliado en el poder. Hoy esa región, ocupada en torno al 80% por las tropas rusas, sigue siendo el objetivo central de su estrategia en Ucrania.

Además de inspeccionar edificios como el ayuntamiento de Sloviansk y las sedes policiales utilizadas como bases por los milicianos, la investigación de Tymoshko llevó hasta una dependencia de la Iglesia ortodoxa vinculada al Patriarcado de Moscú: un chalet conocido como Villa María, que desempeñó un papel clave en la operación coordinada desde Rusia.

Según el oficial, cerca de un centenar de rusos cruzaron la frontera vestidos de civiles y se dirigieron directamente a Villa María sin armas aparentes. Allí habrían dejado los uniformes y las armas con las que luego aparecieron en las calles de Sloviansk.

Villa María, explican, había sido alquilada en 2010. Empleados de la iglesia participaron en la preparación de la acción, incluido un sacerdote que posteriormente fue uno de los líderes de los grupos armados, añade Tymoshko.

El patriarca Kirill I, cabeza de la Iglesia ortodoxa rusa, es un aliado cercano de Putin y ha usado su influencia religiosa en varias ocasiones para justificar la ocupación de Ucrania.

Los paramilitares aparecieron provistos de ametralladoras y de RPG (lanzagranadas antitanque), que dijeron haber obtenido en arsenales policiales. Sin embargo, las armas que dejaron al retirarse no estaban registradas en Ucrania; las autoridades comprobaron que procedían de Rusia, afirma Tymoshko.

Los investigadores también localizaron un detalle aparentemente menor que confirmó sus sospechas: desde los primeros días, los grupos armados exhibían insignias de Novorossiya y banderas separatistas. No había talleres en Sloviansk o Kramatorsk que las hubieran fabricado; todo indicaba que esos emblemas fueron traídos desde Rusia, dice el general.

Durante la investigación se detuvo a casi 400 personas implicadas en la revuelta. “La mayoría fueron intercambiados por prisioneros ucranianos”, señala Tymoshko.

El general extrae una lección que, según él, deberían asumir las naciones europeas en esta nueva era “donde rige la ley de la jungla”: Rusia domina la guerra híbrida. Se pregunta cuánto faltará para que en un país báltico u otro aparezca un grupo agitando una bandera y reclamando independencia.

Regresando al pasado, añade que Rusia entendió que Europa no reaccionaría con firmeza tras la invasión de Georgia; al no recibir una respuesta contundente, Moscú habría concluido que podía avanzar hacia Ucrania, resume el oficial.

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