Celso Amorim, principal asesor de política exterior de Luiz Inácio Lula da Silva, afirma que si Flávio Bolsonaro llegara a la presidencia, Brasil se colocaría en una posición de subordinación respecto a Estados Unidos. Amorim interpreta el mundo para el presidente del noveno PIB mundial y expresa preocupación por esa posibilidad.
“No se ve a Lula con la bandera de otro país que no sea la brasileña. En cambio, las fuerzas que apoyan a su adversario suelen identificarse con la bandera de Estados Unidos”, señala Amorim.
Amorim, de 84 años y diplomático de carrera, fue canciller en los dos primeros gobiernos de Lula (2003-2011) y ministro de Defensa de Dilma Rousseff. Junto al canciller Mauro Vieira diseña la política exterior del Lula que aspira a un cuarto mandato. Su enfoque incluye un vínculo particular con la Rusia de Vladimir Putin y rechaza calificar a ese régimen como “autoritario”.
¿Qué implicaría para el mundo la victoria de Lula y qué implicaría una victoria de Bolsonaro?
Son dos visiones completamente distintas. Lula representa la defensa de la democracia, el multilateralismo, la soberanía nacional y la diversidad de relaciones internacionales, con atención al desarrollo sostenible y al medio ambiente. Brasil mantiene hoy un papel relevante en el escenario global; por ejemplo, el primer ministro del Reino Unido destacó la importancia de dialogar con China, India y Brasil, además de los países occidentales. Esa presencia no se observaba con el gobierno anterior.
Todo lo que ha dejado de estar de moda últimamente, ¿no?
Puede que ciertas posturas hayan perdido popularidad porque los impulsos humanos son diversos y los intereses influyen en los sentimientos. Muchos países, incluso en Europa y sobre todo en nuestra región, tomaron un rumbo distinto. Respetamos las decisiones de cada uno, pero exigimos respeto para nosotros. Queremos buenas relaciones con todos los países, basadas en reglas multilaterales: ese es el camino hacia la paz y el desarrollo.
Si ganase Bolsonaro, ¿cómo sería la política exterior de Brasil?
Sería lo opuesto a lo que hemos hecho hasta ahora.
Algunos dicen que sería una sucursal de los Estados Unidos, que Estados Unidos controlaría Brasil. ¿Es para tanto?
Brasil es demasiado grande para ser controlado completamente, pero una victoria de ese adversario generaría problemas. No se debe perder de vista que quienes apoyan a esa candidatura suelen identificarse con la bandera de Estados Unidos. Aun así, en Estados Unidos hay sectores que comprenden la complejidad y no respaldan una política de intervención.
Al sur de Brasil están Argentina y Milei, que ha apoyado muy fuertemente a Bolsonaro y le dedica insultos a Lula. Si ganara Bolsonaro, ¿qué cree que puede pasar entre Brasil y Argentina y en Sudamérica?
Prefiero no hacer especulaciones hipotéticas y catastróficas.
¿Hay algo que en estos cuatro años se haya propuesto hacer con el presidente Lula en política exterior, no haya logrado y le gustaría encarar si sigue en el poder?
El mundo es más complejo que antes. América Latina atraviesa una situación difícil, con muchos gobiernos de derecha, y existen conflictos continuos en varias regiones. Aun así, hemos avanzado: Brasil ayudó a fortalecer los BRICS, mantuvo cierto grado de coordinación en la región y diversificó y amplió su comercio exterior.
El Brasil de Lula tuvo en estos años la ambición de mediar entre Rusia y Ucrania. ¿Siguen queriendo eso?
Sí, buscamos contribuir a la paz. Promovimos una iniciativa junto con China como “amigos de la paz”, pero la posibilidad de mediar depende de la disposición de las partes. La paz no se impone; se obtiene por diálogo y negociación cuando las partes están inclinadas a una solución pactada.
¿Qué quiere decir con eso?
Quiero decir que hay dificultades para negociar: desde la perspectiva de Rusia, el conflicto se interpreta como una confrontación con la OTAN en su frontera; desde la de Ucrania y sus aliados, se ve como una lucha contra un país que consideran autoritario. No quiero hacer calificativos, sino señalar que existen percepciones distintas que dificultan la negociación.
Se dice que Lula comprende demasiado a Putin, a Rusia, y no tanto a Ucrania. ¿Usted está de acuerdo con eso?
No. No hay un apoyo a una de las partes. Nuestra postura es apoyar la búsqueda de la paz mediante el diálogo y la negociación, sin respaldos específicos a uno u otro bando.

