16 de octubre de 2026
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China critica a Israel por asentamientos en Cisjordania y se ofrece a mediar en Gaza

China critica a Israel por asentamientos en Cisjordania y se ofrece a mediar en Gaza

En una sala de reuniones en Bakú, lejos de los escombros de Gaza y de las colonias que siguen creciendo en Cisjordania, el ministro de Exteriores chino pronunció una de las críticas más directas de Pekín contra Israel. Frente al presidente israelí Isaac Herzog, Wang Yi pidió al Gobierno israelí que detenga y revierta el “establecimiento forzoso” de asentamientos en territorios palestinos ocupados y calificó la cuestión palestina como “la mayor injusticia histórica de este siglo”.

El encuentro tuvo lugar en Azerbaiyán, durante una cumbre de seguridad asiática en la que Wang asistió como enviado especial del presidente Xi Jinping. La versión israelí de la conversación fue distinta: Herzog subrayó la importancia de los lazos comerciales y las amenazas provenientes de Irán y sus aliados armados en la región.

En un mensaje en X, Herzog afirmó haber reiterado el deseo de Israel de alcanzar la paz en la región y resaltó las amenazas estratégicas a su seguridad, especialmente por parte de Irán y grupos afines, sin mencionar las críticas chinas sobre los asentamientos.

Dos relatos de la misma reunión que evidencian la creciente distancia política entre dos países con fuertes vínculos económicos. Según Wang, China está dispuesta a colaborar con la comunidad internacional para que las partes vuelvan al diálogo y “busquen una solución política al conflicto”.

China se presenta como una alternativa a Estados Unidos, al que acusa de estar demasiado alineado con Israel, y propone una solución basada en la fórmula habitual: dos Estados independientes, un Estado palestino sobre las fronteras anteriores a 1967 y Jerusalén Este como capital palestina.

Detrás de esa postura hay también un cálculo geopolítico. Oriente Próximo es otro escenario de competencia entre Pekín y Washington. China necesita estabilidad para proteger sus suministros energéticos, sus inversiones y las rutas comerciales entre Asia y Europa, y la causa palestina le sirve para acercarse al mundo árabe y a países del Sur Global que rechazan el respaldo militar estadounidense a Israel.

En marzo de 2023, Pekín logró que Arabia Saudí e Irán anunciaran en la capital china el restablecimiento de relaciones diplomáticas, rotas desde 2016. Fue un hito diplomático para Xi Jinping y mostró la capacidad de China para mediar en disputas regionales donde tradicionalmente ha intervenido Washington. Desde entonces, Beijing ha intentado reproducir ese modelo en el conflicto palestino-israelí, con resultados limitados.

Su iniciativa más ambiciosa fue en el verano de 2024, cuando representantes de 14 facciones palestinas, incluidas Hamas y Al Fatah, se reunieron en Pekín y suscribieron la llamada Declaración de Pekín. El texto proponía formar un Gobierno provisional de reconciliación nacional encargado de administrar Gaza tras la guerra y preparar la reconstrucción. Wang Yi presentó el acuerdo como un paso hacia la unidad palestina, pero la reconciliación no se materializó.

Mientras Pekín ha intensificado su defensa diplomática de la causa palestina, en las últimas tres décadas también se ha consolidado como uno de los principales socios económicos de Israel. Desde el establecimiento de relaciones diplomáticas en 1992, el intercambio bilateral creció de unos 50 millones de dólares a cerca de 25.000 millones en 2022, lo que convirtió a China en el mayor socio comercial de Israel en Asia.

Empresas chinas han invertido miles de millones en tecnología israelí, infraestructuras y alimentación. Israel exporta a China equipos electrónicos, maquinaria industrial, productos químicos y fertilizantes. La guerra en Gaza ha enfriado las relaciones políticas, pero ninguno de los dos gobiernos parece dispuesto a romper los lazos comerciales. En plataformas chinas como Weibo abundan publicaciones que denuncian la destrucción de Gaza y califican de “genocidio” la masacre en la Franja; algunos usuarios comparan el sufrimiento palestino con las humillaciones históricas que sufrió China, y otros interpretan el conflicto como un ejemplo de hegemonía estadounidense y doble rasero occidental en derechos humanos.

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