La puerta calcinada del instituto Roger Verlomme es una muestra del clima de tensión que se vive en Francia. Un grupo de manifestantes encapuchados y enmascarados prendió una pira en la entrada con basura, muebles viejos y bicicletas de alquiler; el humo se elevó hasta la altura de la Torre Eiffel y fue visible en el sur de París. La policía dispersó a la multitud con gases lacrimógenos y los bomberos extinguieron el incendio a tiempo.
Otros dos institutos parisinos, el Léonard de Vinci y el Gaston-Bachelard, registraron conatos de incendio el viernes, como el desatado el día anterior en el liceo Nelson Mandela de Nantes. Los fuegos y las barricadas se propagan por toda Francia, mientras los sindicatos reclaman “una mayor movilización a falta de medidas concretas”, los bloqueos estudiantiles se extienden a más de 700 institutos y al menos una veintena de universidades, y la “violencia urbana” se ha convertido en un asunto central de las elecciones presidenciales.
Cuarenta directores de institutos han resultado heridos durante las protestas ante los liceos y la policía ha detenido a lo largo de la semana a más de 5.000 manifestantes, la mayoría menores de edad. El ministro Gerald Darmanin estimó los daños “entre 25 y 30 millones de euros” y anunció su intención de repercutir los costes a los padres: “¿Qué hacen los jóvenes de 15 o 16 años destruyendo paradas de autobús o atacando a los directores de las escuelas?”.
“Los ánimos están que arden”, afirma una estudiante de 16 años que se identifica como Farah, en el piquete frente a la Universidad Paris 8 en Saint-Denis, un bastión de La Francia Insumisa y uno de los epicentros de las protestas. “Llevamos tiempo denunciando la falta de profesores, la saturación de las aulas, las ratas en las cantinas y la degradación de los centros, que se volvieron insoportables durante las olas de calor”.
Farah, que estudia en el instituto Paul-Eluard —cerrado hasta nuevo aviso, como más de 500 centros de secundaria—, describe además el “linchamiento mediático” del alcalde de Saint-Denis, Bally Bagayoko, a quien la fiscalía de París acusa de incitar a la violencia. “Bally vino a mostrar su solidaridad. Alguien prendió fuego a un sofá en la entrada del liceo y los medios le relacionaron con la violencia callejera”.
“Vergüenza”
“Bally dijo que la violencia, en algún momento, puede ser legítima”, añade Théo, estudiante de Cine en la Universidad Paris 8 y simpatizante de La Francia Insumisa. “Aquí practicamos una violencia ‘pasiva’: bloqueamos las entradas porque ya es hora de alzar la voz. La educación nacional es una vergüenza y no vamos a aceptar más recortes mientras se invierte en armamento”.
En una de las pancartas desplegadas durante el bloqueo en Saint-Denis se leía: “¡Nos saltamos las clases para dar una lección!”. La jornada transcurrió con relativa calma en esa zona, en contraste con las escenas tensas del este de París. En el liceo Voltaire, junto al cementerio de Père Lachaise, los antidisturbios vigilaban a decenas de estudiantes reunidos en la puerta, entre gritos de apoyo a los profesores que se sumaron a la protesta («Allez, allez, les profs!»).
“Los chavales tienen razón y merecen ser escuchados”, declaró una profesora que se identificó como Camille. “Esto empezó como una huelga de docentes y los estudiantes han recogido el testigo para alzar la voz ante los políticos. No creo que sean ellos los que provocan la violencia”.
“Las reivindicaciones de los estudiantes son legítimas y sus modos de movilización también lo son”, afirmó Sophia Chikirou, ex candidata a la alcaldía de París por La Francia Insumisa, a la puerta del instituto Voltaire. “Permanecemos vigilantes y rechazamos toda forma de represión contra ellos”.
Las cámaras se centraron el viernes en el distrito 15 de París, donde un grupo de manifestantes provocó el cierre del instituto Roger Verlomme por un incendio en la puerta que requirió la intervención de policía y bomberos. “Eran personas ajenas al liceo”, comenta Emma, estudiante y vecina de la calle Fondary, afectada por el humo y el estruendo de los petardos a primera hora. “Entre los alumnos hubo quienes apoyaron y quienes rechazaron estos métodos. Existe el riesgo de que todo se descontrole”.
Los sindicatos pidieron seguir la movilización en las escuelas secundarias y celebraron pertenecer a “una generación capaz de movilizarse por sus derechos”, tras reunirse con el ministro de Educación Édouard Geffray. Según un portavoz sindical, se obtuvieron respuestas sobre horarios escolares, salud mental y el estado de los edificios, pero no se lograron compromisos concretos.
“Violencia extrema”
Geffray confirmó que 725 institutos se vieron afectados por bloqueos y protestas, con “actos de violencia extrema” y agresiones contra el personal docente. No obstante, precisó que las incidencias habían bajado aproximadamente un 30% respecto al día anterior y manifestó confianza en que medidas como sustituciones de profesores y la revisión de horarios estrictos permitan responder a las demandas estudiantiles.
En Sélestat, en Alsacia, un estudiante resultó gravemente herido, al parecer por portar un artefacto incendiario. En Belfort, cerca de la frontera con Suiza, un agente de policía fue hospitalizado tras enfrentamientos con estudiantes. En Marsella, un joven de 15 años fue detenido por amenazar de muerte a un profesor de español. Las protestas estudiantiles también se extendieron a territorios de ultramar como Martinica y Guadalupe.
Amnistía Internacional Francia se declaró “alarmada por la represión del movimiento de estudiantes de secundaria y universidad”, denunció el “uso desproporcionado de la fuerza” y exigió la suspensión del uso de disparos de bolas de goma con dispositivos conocidos como LBD contra manifestantes, “en su mayoría menores de edad”. La organización pidió a las autoridades que prioricen un enfoque de desescalada y diálogo frente a la represión.

