14 de octubre de 2026
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Madre en la ciudad del éxodo que busca Putin: Mis hijos no pasarán otro invierno a cero grados

Madre en la ciudad del éxodo que busca Putin: Mis hijos no pasarán otro invierno a cero grados

La escena evoca las primeras semanas de la invasión rusa: miles de personas, en su mayoría mujeres y niños, llegan cada día en tren, autobús o coche desde distintos puntos del país para huir de los ataques y de un invierno que los analistas advierten será todavía más duro, por razones que van más allá de las bajas temperaturas.

Leópolis, la histórica capital cultural, vuelve a llenarse de ucranianos que buscan protección o que la usan como escala rumbo a Europa. Según planes rusos filtrados la semana pasada, uno de los objetivos sería provocar una nueva gran oleada de desplazados hacia Bruselas que desborde los servicios actuales. La ciudad ya registra gran afluencia en plazas, hoteles y calles. Al mismo tiempo, se han iniciado cortes de luz programados en barrios de ciudades como Kiev o Járkiv. En el quinto año de guerra, la población ya no confía ni en las prometidas treguas energéticas ni en las declaraciones de paz provenientes de las potencias implicadas.

La prioridad es la supervivencia frente a una campaña que busca hacer invivibles las ciudades destruyendo suministros esenciales: energía, agua, calefacción e internet. La ausencia de interceptores Patriot, comprometidos por EEUU en su conflicto con Irán, ha dejado a Ucrania más expuesta a los misiles rusos.

Barrios sin calefacción

El recuerdo del invierno pasado permanece: barrios de la orilla izquierda de Kiev llegaron a sufrir semanas con temperaturas de hasta 20 grados bajo cero sin calefacción, con botellas de agua congeladas en mesillas. Ante la falta de recursos, el alcalde Vitali Klischkó pidió a la población considerar alternativas fuera de la capital.

Esa salida no solo implica trasladarse a zonas rurales, donde las chimeneas de antiguas viviendas ofrecen algo de calor, sino también emigrar a Europa, donde ya residen aproximadamente seis millones de ucranianos refugiados.

Las alarmas por drones y misiles son continuas y las ciudades sufren ataques nocturnos cada vez más letales contra objetivos civiles. Semanalmente mueren cientos de civiles, muchos mientras dormían en sus hogares.

Aunque no hay datos consolidados sobre la ocupación en Leópolis, sus calles, restaurantes y hoteles vuelven a estar concurridos. En torno a la plaza Rinek, con su arquitectura austrohúngara, se celebran conciertos al aire libre y se rodaron escenas que detuvieron el paso de tranvías; los cafés están llenos. En el interior de la ciudad los temas de conversación no son la paz, todavía lejana, sino las nuevas restricciones de luz, la programación televisiva que desean seguir y las condiciones y actitudes que encontrarán en los países europeos que reciben a los refugiados.

“Otro invierno como el anterior”

Natalia, de Kiev, acompaña a sus dos hijos pequeños mientras busca un alquiler económico en Leópolis para la semana próxima; si no lo logra, tiene previsto viajar a Polonia donde viven amigos. Reclama evitar un invierno como el anterior, cuando su casa llegó a cero grados y no pudieron calentarse. La ciudad ya no ofrece la sensación de refugio que tuvo antes: los drones Shahed 5 atacan en enjambres con mayor frecuencia.

Fuentes diplomáticas europeas indican que varias embajadas han elaborado planes de contingencia para trasladarse a Leópolis si las condiciones empeoran este invierno, como ya ocurrió al inicio de la invasión, cuando algunas dependencias consulares operaron desde hoteles de la ciudad.

En las calles son visibles heridos de guerra que circulan con sus uniformes y muchas personas usan prótesis. Leópolis se ha convertido en el principal centro de rehabilitación del país, con hospitales especializados en recuperación de amputados, entre ellos el centro Unbroken.

Desde 2022, Leópolis ha absorbido cientos de miles de desplazados internos procedentes de zonas ocupadas y ciudades de primera línea, aumentando su población en alrededor de 250.000 personas sobre los 750.000 habitantes previos a la guerra. Esta subida tensiona la vivienda, la asistencia sanitaria y las escuelas.

Sin embargo, esa cifra oculta un movimiento constante: llegadas desde el este, salidas hacia Polonia y la UE, retornos temporales cuando bajan los ataques y nuevas partidas. En 2026, según un análisis de New Eastern Europe, Leópolis ha dejado de ser solo un punto de tránsito: muchos desplazados que llegaron pensando quedarse semanas llevan ya cuatro años y están formando vidas permanentes. El reto actual es integrar a una población que probablemente no regresará a sus ciudades de origen.

Leópolis simboliza el núcleo del nacionalismo ucraniano histórico: es mayoritariamente de habla ucraniana y conserva una memoria marcada por la ocupación soviética. Allí se celebran funerales emblemáticos de soldados caídos y el cementerio de Lychakiv se ha convertido en el gran panteón de la guerra.

En los primeros días de la invasión, se habilitó una loma junto al viejo cementerio para nuevas sepulturas. Hoy, aquellas primeras tumbas están cubiertas por banderas que señalan a cada militar fallecido. Ese lugar sintetiza lo que aquí se entiende por “el precio a pagar”: el coste humano de la agresión rusa.

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