4 de octubre de 2026
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Carrera por el Ártico

Carrera por el Ártico

El sábado 12 de septiembre, el hielo que cubre el Océano Glacial Ártico tocó este año su extensión mínima: 4,6 millones de kilómetros cuadrados, una superficie algo mayor que nueve España.

El martes 22 de septiembre, la capa de hielo se recuperó en 140.000 kilómetros cuadrados —aproximadamente lo que ocupan juntas Castilla y León y Andalucía— mientras, en Nueva York, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y los primeros ministros de Dinamarca y Groenlandia, Mette Frederiksen y Jens-Frederik Nielsen, firmaban un acuerdo que permite al Pentágono abrir dos bases en la isla y otorga a la OTAN capacidad de veto sobre determinadas operaciones militares y proyectos de infraestructuras de países ajenos a la Alianza.

Ese acuerdo cerró años de intentos y tensiones: demandas territoriales de Trump sobre Groenlandia, amenazas ocasionales de invasión y ocho meses de negociaciones duras. En agosto, Dinamarca envió soldados de reemplazo a la isla por primera vez desde 1996 ante el temor de una acción estadounidense que, según informaciones, buscaba privilegios sobre concesiones mineras estratégicas, capacidad de veto sobre inversiones de terceros y que sus bases se considerasen de facto territorio estadounidense, en una estrategia inspirada en precedentes como las bases británicas en Chipre. Canadá también fue objeto de demandas similares en el pasado.

Con el avance del hielo por el invierno ártico y la desescalada entre EEUU, Dinamarca y Groenlandia, se cierra el año más intenso hasta ahora en la llamada “carrera por el Ártico”. El término remite a la “carrera por África” de finales del XIX, cuando las potencias europeas compitieron por el control del continente: primero llegaron exploradores y científicos, luego comerciantes, colonos y soldados.

En el Ártico no hay misioneros, pero sí una movilización de actores estatales y económicos: los ocho países con territorio por encima del Círculo Polar —Rusia, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Noruega, Islandia, Suecia y Finlandia— y, fuera de ese grupo, China. Pekín ha justificado su interés apelando a la “proximidad geográfica”, pese a que su punto más septentrional está a 1.450 kilómetros del Círculo Polar.

Y en 2026 todos esos actores han intensificado sus movimientos.

Los científicos desempeñan un papel clave. El 16 de agosto, el rompehielos canadiense Louis S. St. Laurent, acompañado del sueco Oden, llegó al Polo Norte geográfico para realizar estudios geológicos y topográficos destinados a sustentar la reclamación de Canadá de que su plataforma continental se extiende hasta Rusia. Canadá ya presentó en 2019 y 2023 reivindicaciones sobre dos millones de kilómetros cuadrados del fondo marino ártico, una superficie equivalente a varias Españas, lo que implicaría derechos de explotación de recursos del lecho y subsuelo marino.

Reclamar el fondo del mar

Al pretender extender la soberanía sobre el fondo marino y su subsuelo, Canadá entra en conflicto con las reclamaciones rusas —que en 2001 y 2021 afirmaron poseer 2,1 millones de kilómetros en el Ártico— y con las de Dinamarca y Groenlandia, que aspiran a alrededor de un millón de kilómetros. Los tres países buscan derechos sobre áreas todavía poco cartografiadas y sin datos fiables sobre la magnitud de los recursos minerales. El Ártico del siglo XXI, en ese sentido, se parece a lo que Joseph Conrad llamó “un inmenso espacio en blanco” al referirse al Congo a finales del siglo XIX.

No solo está en disputa el lecho marino. También lo están las aguas que separan las numerosas islas del Ártico canadiense —94 grandes islas y otras 36.469 menores—, que Canadá considera aguas interiores. La comunidad internacional acepta esa tesis en general, salvo Estados Unidos, que las califica como aguas internacionales y reclama libertad de tránsito, lo que abre la posibilidad de usar el histórico Paso del Noroeste. En 1988, EEUU y Canadá acordaron que los rompehielos estadounidenses solicitarían permiso para transitar por esos canales y que Canadá lo concedería automáticamente; el acuerdo no resolvió el conflicto de fondo.

La relación bilateral se ha deteriorado y Canadá ha destacado la carencia estadounidense de capacidad pesada en rompehielos: Washington solo cuenta con un rompehielos pesado capaz de abrir hasta 90 centímetros de espesor y depende de suministros y colaboración extranjeras —de Canadá y Finlandia— para cumplir su objetivo de disponer de 11 unidades más. Ese déficit eleva la importancia del llamado “alto Ártico”, el área cuyo hielo sumaba esos 4,6 millones de kilómetros cuadrados el 12 de septiembre.

Falta de rompehielos de EEUU

La escasez de rompehielos estadounidenses ha llevado a reforzar la dimensión militar en la competencia por el Ártico. La situación confirma el llamamiento del primer ministro canadiense Mark Carney para que las potencias medianas “actúen juntas” y convierte a la OTAN en un vehículo para defender intereses regionales. Seis ‘potenciasmedianas’ dela Alianza —Canadá, Dinamarca, Islandia, Suecia, Noruega y Finlandia—, que consideran prioritario coordinarse ante el unilateralismo y la presión exterior, especialmente la mostrada por EEUU en Groenlandia.

El analista noruego Krstren Friis señaló en RUSI que cuando la retórica de Trump fue más explícita fue necesario mantener discusiones en la OTAN sin la presencia de EEUU para abordar la seguridad del “alto norte”. En 2026, Suecia e Islandia han publicado nuevas doctrinas de seguridad ártica, Finlandia ha presentado la suya por primera vez y Noruega anunció la suya en noviembre de 2025. Estocolmo y Ottawa ya no rehúyen un papel central de la OTAN en la región; incluso la Unión Europea llegó a considerarse como alternativa a EEUU en el contexto del fallido referéndum islandés de adhesión celebrado hace cuatro semanas.

Como en la antigua “carrera por África”, en la del Ártico también participan grandes empresas, en particular energéticas. El 5 de agosto, la terminal de Rosneft en la bahía de Bukhta, 800 kilómetros al norte del Círculo Polar, cargó crudo por primera vez. Desde entonces, la compañía ha movido 250.000 toneladas de petróleo a tres petroleros y otro buque espera embarcar. Moscú invirtió 35.000 millones en ese puerto, que facilita exportaciones hidrocarburíferas con menor exposición a sanciones y lejos del frente ucraniano. El principal riesgo asociado es medioambiental por la actividad de la flota petrolera rusa, aunque ello no ha sido una prioridad para el Kremlin.

La geografía favorece a Rusia: el efecto de la corriente del Golfo modera el clima en buena parte del Ártico ruso y europeo, haciendo sus aguas más navegables que las de Norteamérica. En ese contexto, la naviera china Sea Legend lanzó la línea “China‐Europe Arctic Express” con siete portacontenedores, con la ambición de transportar semanalmente, entre julio y septiembre, cargas desde Zhoushan hasta puertos europeos como Felixstowe y Hamburgo.

Esa iniciativa no se limita a una operación comercial. Según Vincent Clerc, consejero delegado de Maersk, la ruta “no tiene aspecto comercial” y persigue objetivos estratégicos: evita pasos marítimos vulnerables como Malaca o Suez y reduce la dependencia de estrechos susceptibles de bloqueo. Corea del Sur envió su primer carguero, el PanStar Acro, por esa ruta, un movimiento que generó inquietud en Europa porque requiere cooperación rusa para su tránsito.

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