17 de octubre de 2026
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Flor en el pelo, velo en el suelo

Flor en el pelo, velo en el suelo

Tres mujeres, escoltadas por un dispositivo de seguridad, se reunieron el viernes por la mañana en el centro de Madrid. Sus peinados remitían a sus respectivas historias: una llevaba el cabello rubio recogido en un moño y una expresión de serena tristeza; otra vestía un traje blanco y mostraba su cabello oscuro; la tercera tenía largos rizos entre los que se veía una flor.

Yulia Navalnaya —viuda del opositor ruso Alexei Navalni—, Rosa María Payá —disidente cubana— y Masih Alinejad —activista iraní— recibieron el Premio FAES de la Libertad. Aunque procedían de contextos distintos y denunciaron diferentes formas de autoritarismo, sus discursos coincidieron en un objetivo común: derribar muros de represión.

Alinejad pronunció unas palabras de agradecimiento en las que subrayó la diferencia entre el uso del espejo para arreglarse en su país y la represión que sufren las mujeres en Irán. Tras esas palabras dejó caer al suelo un pañuelo, gesto que destacó durante su intervención. Aprovechó la ocasión para denunciar al régimen que ha sido foco de la atención internacional en 2026.

Relató que en Irán muchas conductas están prohibidas: dijo que con siete años la llevaron a presenciar una ejecución pública y señaló que mostrar el cabello, bailar, expresar afecto en público, montar en bicicleta o que una mujer cante en público están prohibidos y se penalizan duramente.

Recordó además las protestas de enero de 2026, cuando millones de iraníes salieron a la calle y, según denuncias, el régimen mató a decenas de miles de manifestantes. Alinejad lamentó que no se conozca con certeza la cifra real ni las historias individuales de quienes fueron asesinados, y afirmó que esas movilizaciones quedaron desplazadas por los acontecimientos posteriores, entre ellos el conflicto entre los ayatolás y Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump.

El conflicto ha pasado por distintas fases de escalada desde su inicio el 28 de febrero, y en las últimas horas fuentes iraníes han advertido de la posibilidad de una nueva oleada de ataques.

Desde la perspectiva de Teherán, se acerca una fecha clave: el 3 de noviembre, día de las midterms o elecciones de medio mandato en EE. UU. Según esas fuentes, el resultado electoral no alterará sustancialmente el escenario: tanto si los republicanos mantienen el control del Congreso como si lo pierden, Washington podría retomar ataques contra territorio iraní. Si Trump mantiene la mayoría, contaría con respaldo político para ampliar la acción; si la pierde, su margen sería limitado hasta la constitución del nuevo Congreso en enero, pero en ese intervalo podría intensificarse la actividad militar.

Aviso en Atenas

Las valoraciones de Teherán coinciden con las de expertos que han analizado el discurso pronunciado en Atenas por el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. El 7 de octubre, con la Acrópolis de fondo, Rubio dejó claro que la Casa Blanca mantiene a los ayatolás en su objetivo y elogió la civilización occidental frente a lo que calificó como enemigos «fanáticos», mencionando prácticas que, según él, enaltecen el martirio y el uso de niños en acciones suicidas.

Esos comentarios encajan con los pronunciados por el propio Trump. El presidente aseguró el jueves que no recurrirá a armas nucleares contra Irán, aunque no descartó el uso de la denominada «madre de todas las bombas», el mayor artefacto no nuclear del arsenal estadounidense.

En paralelo, Tel Aviv aparece como un actor relevante en la evolución del conflicto. Israel celebra elecciones el 27 de octubre y el resultado podría condicionar una posible participación israelí en nuevos ataques junto a EE. UU. No se trata solo de la capacidad militar, sino también de quién gobierne: el ganador influirá en el rumbo de Oriente Próximo, en parte por la capacidad de persuasión que los líderes israelíes pueden ejercer sobre la Casa Blanca, como ha ocurrido con Benjamin Netanyahu.

Queda por ver cómo se desarrollan los acontecimientos y existe la esperanza de que la causa defendida por Alinejad —representada en su gesto con la flor en el pelo y el pañuelo en el suelo— no quede relegada ni olvidada entre las consecuencias de la guerra.

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