23 de octubre de 2026
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Lana Nusseibeh se postula para suceder a Guterres en la ONU

Lana Nusseibeh se postula para suceder a Guterres en la ONU

En la última Asamblea General de la ONU, celebrada el mes pasado, el asunto pendiente más relevante fue la elección del próximo secretario general. Aunque pocos discursos lo mencionaron de forma explícita, las delegaciones eran conscientes de las negociaciones y maniobras en torno al proceso.

Hasta entonces habían surgido siete candidaturas sólidas: Michelle Bachelet (ex presidenta de Chile), Rebeca Grynspan (ex vicepresidenta de Costa Rica), Rafael Grossi (director del OIEA), María Fernanda Espinosa (de Ecuador), Carolyn Rodrigues-Birkett (embajadora de Guyana ante la ONU), Macky Sall (ex presidente de Senegal) y Olara Otunnu (político y diplomático de Uganda). Bachelet se retiró al considerar que no podría superar un veto de Estados Unidos, y se fue imponiendo la impresión de que ninguno de los aspirantes tenía un apoyo indiscutible, por lo que podría aparecer un candidato inesperado.

Ayer, la ministra y exembajadora de Emiratos Árabes Unidos ante la ONU, Lana Nusseibeh, lanzó formalmente su candidatura. En su presentación afirmó que era necesario actuar con urgencia, priorizar la unidad por encima de las diferencias y orientar el trabajo de la ONU hacia resultados concretos, reafirmando el compromiso con el multilateralismo.

El jeque Mohamed bin Zayed Al Nahyan remitió además una carta a los presidentes de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad para respaldar su candidatura, destacando su experiencia en la institución y su capacidad para abordar desafíos internacionales. De prosperar, Nusseibeh sería la primera mujer secretaria general y la segunda persona procedente de Oriente Medio. La candidata dijo a Reuters que no se postula por ser mujer, sino por su optimismo y su compromiso con la diplomacia como herramienta para abrir puertas.

El proceso de selección es abierto y flexible: cualquier persona puede postularse y hacer campaña; las delegaciones realizan entrevistas y el Consejo de Seguridad celebra “straw polls”, votaciones informales que indican apoyo, rechazo o abstención. Con el tiempo, quienes carecen de respaldo o enfrentan vetos de miembros permanentes suelen retirarse, hasta que quede un candidato con al menos nueve apoyos de los 15 y sin vetos, cuyo nombramiento debe ratificar la Asamblea General.

En la última votación informal Grynspan iba por delante, aunque con al menos dos vetos, lo que motivó la retirada de Sall. Entre diplomáticos se valoraba la posibilidad de alcanzar un consenso aun con vetos sobre la mesa, pero persistía la opción de un candidato inesperado. Estados Unidos ha manifestado insatisfacción con varias candidaturas por considerarlas demasiado de izquierdas, demasiado próximas a China o poco afines a su administración.

En las conversaciones de septiembre sonaron con fuerza nombres como la holandesa Sigrid Kaag, la propia Nusseibeh y el serbio Vuk Jeremi, que en su día estuvo cerca del puesto. Al menos uno de esos posibles “tapados” parecía estar preparado para irrumpir en el proceso.

Nusseibeh aseguró que varias delegaciones la animaron a postularse durante la Asamblea General. En Nueva York se interpreta que su salto sólo habría sido plausible con el respaldo explícito de la Casa Blanca y la previsión de que Rusia no la vetaría, en un momento de relaciones algo más armoniosas entre Moscú y Washington. Si fuera así, se considera improbable que Francia o Reino Unido se opusieran, y los analistas ven a China relativamente flexible. En conjunto, las grandes potencias parecen buscar a alguien sin una postura confrontacional que limite ciertas iniciativas sobre derechos humanos.

Ese contexto favorece la candidatura de la ministra, pero su postulación llega también con riesgos reputacionales vinculados a la política exterior de su país. Se le cuestiona, en particular, la posición y el apoyo de Emiratos Árabes Unidos en el conflicto de Sudán, donde el gobierno emiratí ha sido señalado por respaldar al Frente de Apoyo Rápido (RSF).

Informes de la ONU y de organizaciones como Human Rights Watch documentan que redes asociadas a Emiratos han facilitado armamento, drones, logística y mercenarios a las RSF, fuerzas implicadas en asesinatos masivos, violaciones y otros crímenes en Darfur. Esos señalamientos podrían condicionar el nivel de apoyo a Nusseibeh y la evolución de la votación, que depende en última instancia de la negociación entre las potencias y de posibles vetos en el Consejo de Seguridad.

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