Jorge “Locomotora” Castro no fue un deportista cualquiera; además de ser campeón mundial, se distinguió por su compromiso social y su sensibilidad. No olvidó sus orígenes y regresó al barrio para involucrarse. Se instaló en Lomas de Zamora y abrió su propio gimnasio, que también funcionó como centro comunitario donde organizaba ollas populares y distribuía alimentos a familias y personas mayores necesitadas.
Para Castro, el deporte siempre fue una salida. “Todo deporte te saca de la calle, hoy la droga está en toda la esquina, pero si vos sabés por dónde vas a caminar, la podés esquivar. Yo siempre digo a un pibe de la calle que trate de agarrar un deporte, que el deporte te saca de todo”, solía decir.
El deporte le permitió escapar de la pobreza en Catamarca, donde vivía con su padre alcohólico. Contó que encontró el boxeo en la adolescencia y que entre los 9 y los 12 años sufrió mucho por la falta de alimentos: “Tuve la suerte de agarrar el boxeo en la adolescencia, pero de los 9 a los 12 años la pasé mal, muy mal. Con mi viejo parecíamos dos africanitos, flaquitos y muertos de hambre. Yo sé lo que es tener hambre y no tener nada dentro del estómago. Es durísimo. Yo lo pasé de chico y no me gusta ver niños pasando por lo que yo he pasado”.
Locomotora Castro, referente de solidaridad en Temperley
Además de su labor deportiva en el gimnasio de Temperley (Eva Perón 4.730), donde llegó a entrenar a 170 chicos, Castro se convirtió en un referente solidario. Mantuvo cuatro comedores, colaboró con otros diez y organizó ollas populares. En los meses previos reconoció que cada vez más personas acudían a pedir comida.
“El presidente (Javier Milei) dijo que sacó a 12 millones de personas de la pobreza, ahora hay 13, y parecen cada vez más. Dejate de joder. A mí cada vez se me llenan más los comedores”, afirmó en referencia a la creciente demanda.
Hablaba desde la vivencia: “Yo pasé hambre, pasé frío, a mí no me lo puede contar ningún político, yo hago lo que deberían hacer ellos”, dijo en una ocasión, y añadió: “Los políticos hoy no se meten en los lugares donde me meto yo”.
Aunque recibía apoyo del Municipio de Lomas y del gobierno bonaerense, y empresas le donaban mercadería para repartir, la necesidad aumentaba: en ocasiones había hasta mil personas esperando por alimentos.


