El resultado de las elecciones del próximo miércoles determinará el futuro del jefe del Gobierno, Aziz Akhannouch, líder de la Agrupación Nacional de los Independientes (RNI), de orientación liberal, y condicionará la continuidad de la coalición que sostiene al Ejecutivo, integrada también por el Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM), de perfil progresista, y el Istiqlal, de carácter nacionalista y conservador.
En el trasfondo de la campaña está la desafección juvenil, evidenciada este verano por la entrada masiva en Ceuta. Esa crisis refleja el descontento de una parte de la población que duda de que el voto vaya a mejorar su situación. Mientras se despliegan fuerzas de seguridad para garantizar las elecciones, ya circulan llamamientos para intentar cruzar la frontera de Ceuta, una paradoja que muestra cómo muchos jóvenes buscan fuera del país las oportunidades que no encuentran en Marruecos.
Esa desafección se traduce en una baja inscripción de jóvenes en el censo electoral. A diferencia de España, en Marruecos la inscripción no es automática: los ciudadanos deben registrarse para poder votar. Aunque alrededor del 12% de la población tiene menos de 24 años, apenas el 4% de ese grupo de edad figura inscrito para las elecciones.
En estos comicios el RNI —conocido por la paloma— y el PAM —identificado con el tractor— concurrirán por separado tras el aumento de las tensiones entre ambos partidos. En agosto pasado el RNI acusó al PAM de intentar captar candidatos y cargos mediante ofertas y presiones. La incorporación al PAM de Fouzi Lekjaa, ministro delegado de Presupuesto y presidente de la Federación Real Marroquí de Fútbol, hasta entonces cercano al RNI y considerado un tecnócrata sin militancia partidaria, intensificó esa rivalidad.
Según Mustapha Sehimi, profesor de Derecho en la Universidad Mohammed V de Rabat, ambos partidos comparten lealtad a la monarquía, defensa de la economía de mercado y medidas de protección social, y se oponen a las formaciones islamistas. La paloma atrae a grandes empresarios y funcionarios; el tractor reúne a parte del electorado de izquierda, así como a propietarios rurales, profesionales liberales y segmentos del medio rural.
El rey Mohamed VI, a finales de agosto pasado. MAP
Ambos partidos aspiran a encabezar el Gobierno y podrían verse obligados a negociar entre sí. El tercer socio de la coalición, el Istiqlal de Nizar Baraka, ha evitado posicionarse en la disputa entre RNI y PAM.
El RNI no ha cumplido su promesa de crear un millón de empleos, lo que ha socavado la confianza en su capacidad para mejorar la situación económica de las clases populares. Las dificultades para generar empleo y los enfrentamientos internos dentro de la coalición están deteriorando su imagen y desviando apoyos hacia el principal partido de la oposición.
El Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), de orientación islamista, aspira a recuperar presencia en el Gobierno. Su campaña se ha centrado en luchar contra el desempleo y los monopolios, proponiendo subir impuestos a grandes fortunas y reforzar el apoyo a pequeñas y medianas empresas. El PJD ha aprovechado las disputas del Ejecutivo para criticar que las políticas gubernamentales no han protegido el poder adquisitivo de los más vulnerables y han favorecido a los grandes capitales.
El papel de Mohamed VI
Aunque los ciudadanos elegirán directamente a los 395 diputados, será el rey Mohamed VI quien, a partir de los resultados, nombre al jefe del Gobierno. El monarca mantiene un papel central en la vida política y en instituciones clave, incluyendo la presidencia del Consejo de Ministros, y ejerce influencia en materias como la seguridad, la defensa y la economía.
La campaña se ha centrado en propuestas para mejorar la sanidad, la educación, el nivel de vida y el empleo, temas que también motivaron las protestas juveniles. En septiembre de 2025 se produjeron manifestaciones masivas organizadas por el colectivo GenZ212 —en referencia al prefijo telefónico nacional +212 y a la Generación Z— en las que se reclamó mayor inversión en servicios básicos y más oportunidades laborales.
Los jóvenes denunciaron el elevado gasto en infraestructuras relacionadas con el Mundial de Fútbol 2030 frente a la escasa inversión en hospitales y centros educativos. La respuesta gubernamental incluyó medidas represivas contra manifestantes y activistas, y las movilizaciones acabaron perdiendo impulso. Un estudio del Consejo Económico, Social y Medioambiental de Marruecos indica que hay 4,3 millones de desempleados, y que los menores de 24 años representan el 37% del total de parados.
Aunque la economía creció un 4,9% en 2025 según el Fondo Monetario Internacional, ese crecimiento y los grandes proyectos de infraestructura no se han traducido en una mejora tangible de la calidad de vida para los sectores más desfavorecidos.


