El rey Mohamed VI presidió la apertura de la nueva legislatura en Marruecos en una intervención en la que mostró un aspecto visiblemente debilitado y requirió el uso de una muleta. El monarca asistió al Parlamento con una chilaba amarilla, prenda habitual en actos religiosos y ceremoniales, y estuvo acompañado por su hijo, el príncipe heredero Moulay Hasán, y por su hermano, el príncipe Moulay Rachid. Ante las cámaras de Representantes y de Consejeros pronunció un discurso centrado, entre otros asuntos, en las relaciones con España.
Con una voz debilitada, Mohamed VI destacó los progresos en la cooperación bilateral, especialmente en el control de la migración irregular, pero también expresó críticas a determinadas disposiciones legales y decisiones judiciales españolas que, según él, dificultan la repatriación de menores y de quienes presentan solicitudes de asilo de forma fraudulenta y favorecen la actividad de redes criminales. Denunció además la explotación del asunto por parte de ciertos sectores políticos y mediáticos y subrayó que la asociación con España es una opción soberana y un compromiso voluntario que no puede someterse a presiones, amenazas ni chantajes. Su intervención situó la política migratoria en el centro de la agenda bilateral y reafirmó la voluntad de Marruecos de preservar su autonomía en las relaciones con España.

