Navanethem (Navi) Pillay, nacida en Durban (Sudáfrica), es una jurista dedicada al respeto del Estado de derecho y a la defensa de los derechos humanos. Proveniente de una familia tamil en un contexto marcado por el apartheid y la discriminación racial, vivió en carne propia las consecuencias de un sistema que privaba a millones de sus derechos básicos, experiencia que condicionó su compromiso profesional.
Tras estudiar Derecho y comenzar su carrera en los años sesenta, Pillay se ocupó de casos relacionados con los presos de Robben Island, donde estuvo Nelson Mandela. La defensa de presos políticos en ese entorno requirió independencia, valor y la convicción de que las garantías jurídicas deben aplicarse a todas las personas, con independencia de su identidad o posición política.
Mandela y Pillay coincidieron en su rechazo a la injusticia institucionalizada del apartheid: él desde la resistencia política y ella desde la abogacía y la judicatura. Ambos compartieron la idea de que una paz duradera no puede asentarse sobre la negación de la dignidad de una parte de la población.
Tras el fin del apartheid, en 1995 Pillay fue nombrada jueza del Tribunal Superior de Sudáfrica, siendo la primera mujer negra en ese cargo. Pronto su trayectoria adquirió proyección internacional, coherente con su visión de que la protección de la dignidad humana exige mecanismos que trasciendan las fronteras nacionales.
Una aportación destacada de Pillay fue su participación en el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, en el proceso contra Jean‐Paul Akayesu. La sentencia de 1998 reconoció que la violación y otras formas de violencia sexual pueden constituir genocidio cuando se cometen con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo protegido, y también las consideró crímenes contra la humanidad, lo que contribuyó a visibilizar estas violaciones y a reforzar la protección internacional de las víctimas.
Entre 2003 y 2008 fue jueza en la Corte Penal Internacional y, a partir de 2008, desempeñó el cargo de alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos hasta 2014. Desde esa posición defendió la universalidad de los derechos humanos y la obligación de los Estados de cumplir sus compromisos internacionales, subrayando que la soberanía no puede amparar violaciones graves ni la impunidad.
Su trabajo guarda resonancias con la figura de Mahatma Gandhi en cuanto ambos rechazaron la fuerza como fuente legítima de autoridad, aunque sus métodos fueron distintos: Gandhi a través de la desobediencia y la movilización no violenta; Pillay, mediante el fortalecimiento del derecho y las instituciones. En conjunto muestran que la paz exige transformar la injusticia y que el Derecho puede ser un instrumento para contener los abusos del poder.
En mayo de 2023 Pillay recibió en Madrid la Medalla de Honor Ruth Bader Ginsburg, otorgada por la World Jurist Association. El 8 de mayo, el Rey Felipe VI le entregó la distinción en un acto vinculado a la presentación del World Law Congress, que se celebró posteriormente en Nueva York.
La alusión a Ruth Bader Ginsburg es significativa: Ginsburg dedicó gran parte de su carrera a combatir la discriminación por razón de sexo y a promover la igualdad mediante la aplicación y la interpretación del Derecho. Tanto ella como Pillay compartieron la confianza en la capacidad de las instituciones jurídicas para mejorar situaciones de desigualdad y proteger a los más vulnerables.
Gandhi, Mandela, Ginsburg y Pillay representan enfoques distintos —resistencia no violenta, lucha política, transformación jurídica y defensa internacional de derechos—, pero coinciden en una convicción fundamental: la dignidad humana no puede depender de quienes detentan el poder, de prejuicios sociales ni de mayorías políticas.
Es probable que el 10 de diciembre, en el Ayuntamiento de Oslo, Navi Pillay utilice la atención pública que le brinda el Premio Nobel para reafirmar su mensaje central: la paz duradera pasa por el respeto al Derecho, la protección de la persona y la obligación de que las instituciones velen por la dignidad humana.
*Javier Cremades es abogado y presidente de la Asociación Mundial de Juristas.

