Sus apropiadores lo compraron por 3.500 USD y ahora busca a su familia biológica
Es un miércoles lluvioso de abril en la terraza techada de un café del barrio porteño de Villa Pueyrredón. Hernán Majorani llega puntual y con una mochila. Antes de empezar la entrevista admite estar nervioso: es la primera vez que va a relatar su historia. Saca un libro, lo apoya sobre la mesa y muestra la portada: “¿Por qué me adoptaron?”.
