Cómo el silencio y la obediencia enfrían el aprendizaje
Un aula silenciosa puede ser tanto un logro de gestión como una derrota pedagógica.
Durante mucho tiempo se consideró que el silencio era la prueba de la eficiencia docente. Hoy sabemos que el aprendizaje no es pasivo: si el silencio surge del miedo, la desmotivación o la obediencia ciega, se convierte en un cementerio de ideas.
