19 de agosto de 2026
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Demócratas y republicanos afinan mensaje tras supermartes

El candidato demócrata a gobernador de Florida, David Jolly (derecha), junto a su familia durante una fiesta por las elecciones primarias.

Quienes vieron la serie Mad Men recordarán que uno de sus ejes es la importancia de construir mensajes persuasivos para influir en el consumidor. Su protagonista, Don Draper, resume la idea en que la publicidad busca transmitir la sensación de felicidad y la promesa de un futuro mejor. En el actual ciclo electoral en Estados Unidos —con primarias en marcha, las elecciones de medio mandato en noviembre y la mirada puesta en 2028—, estrategas demócratas y republicanos trabajan por hallar el discurso que conecte en un electorado polarizado. Una lección de creatividad publicitaria no estaría de más.

Las primarias están marcando rutas y mostrando obstáculos para ambos partidos. En el bando demócrata, donde David Jolly ya figura como candidato a gobernador, las votaciones en Florida pusieron de nuevo en tensión al ala progresista frente a la corriente centrista, mientras el partido también afronta el relevo generacional.

La contienda en el Distrito 25 —que abarca partes de los condados Miami-Dade, Palm Beach y Broward— enfrentó a Oliver Larkin, vinculado a los Socialistas Democráticos de América (DSA), y a Jared Moskowitz, un demócrata con posiciones más cercanas a las del gobernador republicano Ron DeSantis, como mano dura en inmigración y defensa de valores tradicionales dentro de la llamada guerra cultural. Larkin centró su oferta en la recuperación económica ante la inflación y la pérdida de poder adquisitivo, pero Moskowitz le ganó en un estado que se ha inclinado hacia el rojo con la influencia del trumpismo y donde las posturas más izquierdistas topan con comunidades de origen cubano, venezolano y nicaragüense.

El candidato demócrata a gobernador de Florida, David Jolly (derecha), junto a su familia durante una fiesta por las elecciones primarias.

El candidato demócrata a gobernador de Florida, David Jolly (derecha), junto a su familia durante una celebración por las primarias. Rebecca Blackwell/AP

No todo ha sido adverso para los progresistas en Florida. La sorpresa más destacada fue la victoria de Angie Nixon, ligada al DSA, en la carrera al Senado frente al retirado teniente coronel Alex Vindman, testigo clave en el primer impeachment contra Trump y aspirante con respaldo de la dirección demócrata. A pesar de los fondos recaudados por Vindman, Nixon ganó con claridad; ella rechazó las etiquetas de “comunista” y también ha mostrado postura crítica hacia el régimen de La Habana, consciente del electorado cubanoamericano.

Los progresistas ven impulso más allá de Florida. En Minnesota, Peggy Flanagan ganó una primaria frente a una rival más centrista para la Cámara alta estatal, y en Michigan el progresista Abdul El-Sayed se impuso en su primaria para el Senado. Ambos obtuvieron apoyos de figuras como Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez, aunque marcaron distancia respecto al DSA. El estratega David Axelrod subraya que el éxito frente a la base depende de hablar de las preocupaciones concretas de la ciudadanía: inflación, vivienda, y el coste de la salud y la educación.

En su campaña, El-Sayed destacó ser un “capitalista” convencido. Por su parte, Francesca Hong, también ligada al DSA, perdió por poco la primaria para la gobernación en Wisconsin ante un demócrata más moderado, David Crowley; a Hong le pasaron factura viejas polémicas —como propuestas sobre la celebración de Acción de Gracias o recortes a fondos policiales— y no contó con el apoyo de Sanders. Según el Democratic Fundraising Platform Oath, más de 80 candidatos de la Generación Z y millennials competirán este ciclo contra congresistas demócratas de más de 65 años.

El legado trumpista

En el Partido Republicano la discusión va más allá de la generación: se centra en la continuidad del legado de Donald Trump. En estas primarias algunos candidatos respaldados por Trump han triunfado, pero otros han sido derrotados; por ejemplo, Mike Lindell perdió la primaria a gobernador en Minnesota frente a una opción más moderada, en lo que fue una de varias derrotas recientes de candidatos MAGA. En Florida, en cambio, Trump celebró la victoria de su candidato Byron Donalds, que aspira a suceder a DeSantis con el lema de “América Primero”.

Aunque no siempre se verbaliza, en el seno republicano hay debate sobre si la retórica trumpista está perdiendo fuerza. Crece la inquietud de cara a unos midterms que suelen evaluar al partido del presidente; además, los índices de aprobación de Trump están entre los más bajos registrados para un mandatario en segundo mandato. Entre los factores que complican su mensaje se citan el desempeño económico, la tensión internacional —incluida la guerra con Irán— y críticas sobre prioridades administrativas.

Es momento de estrategias y contraestrategias comunicativas. La pregunta central para ambos partidos es quién será capaz de vender con más eficacia la promesa de que las cosas mejorarán. Dentro de dos años, los votantes volverán a juzgar la viabilidad del llamado sueño americano, o lo que quede de él.

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