22 de septiembre de 2026
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Trump moldea política exterior al margen de la ONU

Trump moldea política exterior al margen de la ONU

Los márgenes de la Asamblea General de la ONU facilitan encuentros bilaterales, negociaciones delicadas y reuniones discretas, pese a la atención pública. Donald Trump, ya en su sexto año de presidencia, está aprovechando esas oportunidades para impulsar su agenda. En Nueva York se han abordado de forma simultánea asuntos como Ucrania, Palestina, Irán, Cuba, Venezuela y Groenlandia.

Tras un extenso discurso ante los líderes mundiales, en el que se presentó como hombre de paz mientras lanzó advertencias sobre posibles “aniquilaciones” y afirmó que “el botín es para los vencedores”, el presidente estadounidense firmó con la primera ministra danesa Mette Frederiksen y el primer ministro groenlandés Jens-Frederik Nielsen un acuerdo destinado a cerrar meses de tensiones y fricciones dentro de la OTAN. Trump calificó el pacto de “extraordinario para Europa y para Estados Unidos, para todos y para Groenlandia”.

El documento, de diez páginas, fue presentado por la parte danesa como un paso “más amplio y mejor” que el tratado de 1951 sobre la soberanía de Groenlandia. Para representantes locales, confirma la voluntad del pueblo groenlandés respecto a sus derechos, su sustento y el desarrollo del territorio. Para Trump supone un triunfo diplomático, aunque analistas y socios europeos consideran que no era necesario tensar tanto la relación con Europa para alcanzarlo, y dudan de su impacto en las elecciones legislativas de noviembre en EE. UU.

En la práctica, el acuerdo otorga a Estados Unidos mayor control sobre la defensa de Groenlandia y aspectos relacionados con su seguridad. Prevée la posible instalación del controvertido sistema defensivo denominado Cúpula Dorada, lo que apunta a integrar gran parte del Ártico en el paraguas antimisiles que impulsa la Administración Trump. Además, incorpora las áreas de Narsarsuaq, en el sur, y Mestersvig, en el este, como nuevas zonas de defensa destinadas al uso militar estadounidense.

El texto también prohíbe la presencia de bases militares de otras potencias, como Rusia o China, y restringe las inversiones de actores ajenos a la OTAN y la Unión Europea: estos inversores sólo podrán operar con la aprobación expresa de las tres partes firmantes. Esa cláusula confiere a Washington un derecho de veto indefinido, ya que los términos sólo pueden modificarse mediante el mismo procedimiento trilateral.

El secretario general de la Alianza Atlántica, Mark Rutte, celebró el acuerdo y subrayó la importancia de fortalecer la seguridad en el Ártico y el Atlántico Norte, señalando que una mayor protección de esa región es esencial tanto para Europa como para Norteamérica y contribuye a una seguridad colectiva más sólida.

En Nueva York también se multiplicaron las gestiones diplomáticas. Trump mantuvo un encuentro con Volodimir Zelenski y reiteró, como ha hecho en los últimos meses, que ve próxima una oportunidad de paz entre Moscú y Kiev. Sugirió la posibilidad de mediar en un eventual cara a cara entre ambos líderes, quizá en Miami a finales de año en el marco de un G-20, una propuesta que genera recelo entre países europeos que rechazaron invitaciones previas a representantes rusos.

Tras recalcar su optimismo sobre un acuerdo, Trump afirmó que se han hablado de esas posibilidades incluso con el presidente Putin y recordó su anterior encuentro en Alaska, dejando abierta la posibilidad de otra reunión en Miami. Pidió además a Ucrania que detenga ataques contra buques cisterna rusos, por su impacto en los precios del combustible a nivel global, y aseguró que percibe voluntad de poner fin al conflicto.

Los enviados de Trump, su yerno Jared Kushner y su conocido Steve Witkoff, sostuvieron una reunión de más de tres horas con la delegación iraní, un encuentro descrito por algunos como inusual. Minutos antes, el presidente había hablado ante la Asamblea sobre la posibilidad de “aniquilar Irán”, y esas declaraciones llevaron a que varios asistentes abandonaran la sala.

A pesar de ello, Trump declaró que la reunión con Irán fue “muy buena” y expresó su confianza en que se alcanzará un acuerdo definitivo, posiblemente después de las elecciones legislativas estadounidenses. Describió la negociación en términos de grandeza frente a la aniquilación. Por su parte, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, quien acudió con reservas y mediación de Pakistán y Qatar tras solicitar protección por amenazas, mostró cautela y su equipo no manifestó avances concretos.

Horas antes, el secretario de Estado Marco Rubio abrió la posibilidad de que Trump se reúna con el presidente iraní Masoud Pezeshkian, aunque advirtió en una entrevista que es difícil prever si ese encuentro sería productivo, puesto que las decisiones finales en Irán corresponden al líder supremo.

Mientras Trump se mostró dispuesto a dialogar con su homólogo iraní, la televisión estatal de Irán difundió las condiciones que Teherán habría planteado en la sala para reabrir el estrecho de Ormuz: el levantamiento inmediato del bloqueo naval, la liberación de todos los activos iraníes congelados y el fin de las hostilidades en todos los frentes que Irán denomina de la “Resistencia”.

La cuarta gran reunión del día fue también poco previsiblemente simbólica. Delcy Rodríguez, la presidenta interina venezolana hasta hace poco sancionada, llegó a Nueva York con un estatus distinto y protagonizó la imagen más comentada de la mañana junto al español Pedro Sánchez. Las expectativas aumentaron por su encuentro directo con Trump: un aparte informal durante la recepción gala del presidente estadounidense que fue interpretado como una muestra de respaldo y que supone un golpe para la oposición venezolana, cada vez más resignada.

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