Marcelo “Peka” Fernández, artista visual y productor cultural de Banfield, fue elegido entre más de 500 postulantes de todo el país para participar en la 8° Bienal de Artes Visuales AREATEC. Su obra, titulada “Libre Mercado”, utiliza 12 cajones de verdulería recuperados para poner en cuestión la desigualdad, la precariedad social y las contradicciones del sistema económico.
La instalación se exhibe en el histórico Edificio Cassará, en Avenida de Mayo 1190, Ciudad de Buenos Aires. Destaca por su planteo conceptual y el uso de materiales reciclados. A través de la representación de una figura humana en situación de vulnerabilidad, la obra confronta las promesas de prosperidad económica con la realidad de quienes quedan excluidos del sistema.
“La figura humana vulnerada, acurrucada, durmiendo en el piso y rodeada de cifras que van descendiendo sin jamás tocarla, habla de la falacia del derrame. Me gustaría que el público se detenga a interrogarse sobre quiénes quedan fuera del sistema, y qué es lo que elegimos, o no, observar”, explicó Peka en diálogo con La Unión.
Doce cajones para cuestionar la desigualdad
La obra se distingue por su materialidad y por la contundencia de su mensaje. Sobre una estructura de madera descartada, Fernández representa a una persona descalza, acurrucada y dormida en el suelo, mientras una trama de cifras desciende por los cajones sin alcanzarla.
“En esta obra en particular —de carácter plenamente conceptual— el soporte, la imagen y el título funcionan como un todo indivisible”, afirmó Fernández. Añadió que la figura muestra “cómo las personas pasan a ser tratadas como un descarte más del sistema o un mero insumo dentro de la lógica económica contemporánea”.
La elección de materiales es central. Fernández trabaja desde hace años problemáticas relacionadas con el ambiente, la contaminación y los residuos. En este caso recurrió al upcycling art, una técnica que transforma objetos descartados en piezas artísticas. “El soporte es totalmente intencional, ya que dialoga directamente con el juego de palabras del título”, explicó.
Para realizar la obra contó con la colaboración de dos verdulerías de su barrio, que le aportaron los cajones. La madera fue acondicionada para pintar, aunque se conservó su rusticidad original.
El título pretende ser una ironía crítica y un juego de palabras: mientras alude a un dogma económico, la obra lo confronta con la realidad física del descarte y la precariedad. Fernández no busca ofrecer una lección moralista, sino provocar una incomodidad reflexiva que lleve al espectador a preguntarse quiénes quedan fuera del sistema y qué situaciones decide ver o ignorar.
Una instalación que rompe con los formatos tradicionales
Participar en la bienal supuso un desafío por las condiciones del espacio expositivo. Aunque la convocatoria orientaba a obras para colgar, Libre Mercado fue pensada para apoyarse directamente en el piso. La curaduría respetó esa condición y ubicó la pieza entre dos ventanales de la galería del Edificio Cassará, donde el montaje contrasta con la arquitectura y refuerza la escena de desamparo que propone la obra.
“Mi motivación principal fue generar un contraste deliberado: poner a dialogar una instalación autoportante realizada con cajones de madera de descarte y una temática social cruda dentro de un marco de esas características”, contó Peka.
Ser seleccionado entre más de 500 postulantes de todo el país representó un reconocimiento importante para su trayectoria. Fernández recibió la noticia por correo electrónico y sostuvo: “Enterarme de la selección significó un reconocimiento importantísimo a mi trabajo y a la búsqueda conceptual que vengo desarrollando”. Considera que esto reafirma la función del arte contemporáneo para interpelar la realidad social.
De Banfield a los espacios de exhibición nacional
Fernández vive en Banfield desde hace 20 años, aunque su experiencia abarca localidades del sur del conurbano bonaerense como Lanús, Dock Sud y Quilmes. Esa trayectoria territorial influye en su manera de observar y representar la realidad.
“Hay una idiosincrasia propia del sur del conurbano, una forma de habitar el espacio que indudablemente moldea el día a día y deja una huella en mi manera de ver las cosas”, explicó.
Su relación con el arte comenzó en la infancia, dibujando personajes de historietas y dibujos animados. Más adelante exploró la música, la escritura y la fotografía, y a fines de la década de 1990 inició trabajos con técnicas digitales. “Ver que esas obras gustaban y generaban impacto fue el disparador para volcarme de lleno a esta búsqueda”, dijo.
Se formó inicialmente en la Escuela Municipal de Bellas Artes Carlos Morel, de Quilmes, y continuó su capacitación en talleres y clínicas. Actualmente trabaja en campos como el arte abstracto, objetual y conceptual.
“Mis obras nacen fundamentalmente de la observación. Las dinámicas de consumo, la precariedad y el descarte son problemáticas recurrentes en diversos contextos. El barrio me da una base, pero la mirada se completa en la calle y en la observación atenta de la realidad”, expresó el artista.
Entre sus antecedentes figura la muestra individual Entre el tiempo, el amor y la naturaleza, presentada en 2025 en la UNLZ y la UTN Buenos Aires, y su participación en la muestra internacional itinerante Los colores de la salud mental, exhibida en Chile y Colombia.
Ha recibido una Mención del Jurado en el XIII Salón Nacional de Pequeño Formato de la Universidad Nacional de Rosario y el Reconocimiento al Aporte Cultural del Concejo Deliberante de Lanús en 2024. También impulsa el proyecto artístico P.O.N.C.H.O. y produce Collage Sonoro, un podcast en Spotify.
Las dificultades de hacer arte
Su participación en una bienal nacional plantea la discusión sobre las oportunidades para quienes trabajan fuera de los circuitos culturales consolidados. Fernández señala que uno de los principales obstáculos es la falta de espacios adecuados para exhibir y llegar a audiencias más amplias: “Faltan espacios públicos adecuados y con condiciones óptimas para mostrar y dar visibilidad a la variedad de propuestas que hay en la zona”.
También criticó galerías comerciales que cobran por exhibir sin ofrecer, según su criterio, una promoción real de los artistas. Por eso valora certámenes con jurados especializados, curadurías profesionales y respaldo institucional. Sobre el acceso a la cultura afirma: “Es fundamental acercar el arte a la gente, y muy especialmente a los chicos, porque el arte tiene que servir al bien público”.
En el futuro, Peka aspira a seguir participando en salones y convocatorias nacionales e internacionales, compartir sus conocimientos y concretar un proyecto que persigue desde hace años: abrir un espacio de exhibición propio para dar visibilidad a artistas locales.


