La semana principal de la ONU en septiembre, en Nueva York, es un evento amplio y a menudo imprevisible. Aunque los asuntos centrales —como la elección del próximo secretario general, los conflictos en Irán, Ucrania, Israel y Gaza, el medio ambiente y la Inteligencia Artificial— están claros de antemano, la concentración de más de 140 jefes de Estado y otros altos representantes produce siempre encuentros inesperados y múltiples historias simultáneas.
Bajo el lema Restaurar la confianza, gestionar la transformación: unas Naciones Unidas que cumplan para todos, se celebrarán miles de reuniones bilaterales, conferencias, debates, presentaciones y premios. Además habrá negociaciones discretas para reducir la lista de aspirantes a suceder a António Guterres, así como marchas y congestiones en Manhattan. Gran parte de la atención mediática se centrará en el encuentro entre Donald Trump y la venezolana Delcy Rodríguez, que se verán por primera vez.
Trump, que recibirá el jueves en la Casa Blanca al chino Xi Jinping, ha mostrado públicamente apoyo a la dirigente venezolana y ha eludido presionar por una transición democrática en Venezuela mientras negocia intereses energéticos. Su equipo confirmó que habrá un breve encuentro informal entre Trump y Rodríguez en los márgenes de la Asamblea, una reunión que ofrece a Rodríguez un aval diplomático tras años de sanciones y aislamientos.
Incapacidades
En 2025 destacaron el reconocimiento de Palestina y los recortes presupuestarios. En 2026 la preocupación principal gira en torno a la (in)capacidad del sistema multilateral para responder a un mundo cada vez más fragmentado, desconfiado y polarizado. La Inteligencia Artificial ha adquirido un papel central —el director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, se dirigirá en privado al Consejo de Seguridad—, mientras aumentan conflictos desestabilizadores y líderes disruptivos que ponen a prueba las instituciones.
Guterres advirtió a los líderes que el mundo enfrenta, como mínimo, tres problemas existenciales: una Inteligencia Artificial sin control, un cambio climático acelerado y una desigualdad creciente que alimenta la inestabilidad. Mark Carney, desde el Parlamento Europeo, describió la combinación de amenazas como una «tormenta feroz».
El secretario general también señaló que la división geopolítica y la parálisis del Consejo de Seguridad han generado un entorno de «impunidad», citando como ejemplos la invasión rusa de Ucrania y las acciones de Estados Unidos contra Irán. Por otra parte, una noticia positiva para la comunidad internacional ha sido el acuerdo entre el Gobierno danés, autoridades locales y la administración estadounidense para resolver las especulaciones sobre Groenlandia; la firma del Acuerdo sobre la Seguridad en el Ártico y el Atlántico Norte se espera en los próximos días en Nueva York.
A pesar de las críticas por su lentitud y estructura anquilosada, la ONU sigue siendo el foro universal para la cooperación en asuntos de paz y seguridad en un orden internacional sometido a intensa presión. Incluso líderes que han reducido drásticamente su compromiso con agencias o mecanismos de la ONU parecen aceptar, al menos en parte, la utilidad de la organización como plataforma multilateral.
Sin embargo, la institución dedica muchas energías a sobrevivir financieramente, evitar recortes y gestionar la búsqueda de un nuevo secretario general, en lugar de centrarse en misiones de paz, el avance de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) —que incluyen salud, derechos de las mujeres y reducción de la pobreza— y la reforma imperiosa que requiere. A menos del plazo de 2030, solo alrededor del 20% de los ODS están en vías de cumplirse.
Infractor manifiesto
El International Crisis Group resume que, bajo la Administración Trump, Estados Unidos ha pasado de ser un defensor imperfecto del orden jurídico internacional a actuar de forma que socava el sistema multilateral. Aunque no ha rechazado formalmente la ONU, sus recortes de financiación, la reducción de operaciones de paz y la promoción de una agenda ideológica han dañado a la organización y contribuyen a su estancamiento frente a conflictos como los de Ucrania, Irán y Sudán.
La elección del próximo secretario general aumenta la incertidumbre. Guterres concluye su mandato a finales de diciembre y al menos siete candidaturas siguen activas después de que la chilena Michel Bachelet renunciara por falta de apoyos y el veto de Estados Unidos. Hay expectativas de que un nuevo líder pueda revitalizar la ONU y restablecer cierta estabilidad política y financiera si Washington coopera; pero también existe el temor de que las grandes potencias elijan a un candidato débil y controlable, con exigencias de recortes más severos.
La organización enfrenta problemas financieros que ya han provocado miles de despidos y la suspensión de programas. Estados Unidos, principal contribuyente histórico, mantiene una relación tensa con la sede. Recientemente Washington efectuó un pago de 827 millones de dólares para cubrir obligaciones pendientes y así evitar la pérdida temporal de su derecho de voto, aunque esa suma es solo una fracción de los casi 5.000 millones de dólares que llegó a adeudar.
En sus últimas intervenciones, Guterres ha pedido a los países que «cumplan sus promesas en una era de profunda incertidumbre». Carney, en Estrasburgo, resumió la idea con otra metáfora: «Un árbol solo sucumbe a una tormenta; los bosques, resisten».

