Un estudio fue publicado por la editorial Oxford Academic.
El hallazgo abre la posibilidad de producir sangre canina artificial, con potenciales aplicaciones también en medicina humana, según el equipo liderado por el profesor Shingo Hatoya, de la Escuela de Posgrado de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Osaka, en colaboración con TOKIWA-Bio Inc.
En diálogo con Infobae, la médica veterinaria y especialista en hematología Romina Pretti, de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional de La Plata, señaló tras leer el estudio: “Si bien los resultados son preliminares, se trata de un avance para abordar un problema global. Hoy conseguir donantes de sangre caninos es muy difícil. Además, la producción de glóbulos rojos a partir de las células madre del animal evitaría problemas de compatibilidad sanguínea”.
La escasez de sangre canina
Las transfusiones son esenciales en medicina veterinaria, pero en gran parte del mundo los bancos de sangre para animales son escasos o directamente inexistentes.
Donde existen, la oferta suele ser insuficiente y las transfusiones dependen casi por completo de donaciones de perros sanos.
El problema se complica porque, al igual que en los humanos, los perros tienen distintos grupos sanguíneos. Esa variedad dificulta encontrar unidades compatibles para cada paciente y, en muchos casos, impide una solución a tiempo.
Frente a esa situación, los avances en células madre pluripotentes inducidas (iPSC, por sus siglas en inglés) abrieron una vía alternativa: producir glóbulos rojos en el laboratorio.
Las iPSC son células adultas reprogramadas para comportarse como células madre, con capacidad de diferenciarse en distintos tipos celulares del organismo.
Los perros comparten muchas similitudes biológicas con los humanos, lo que los convierte en modelos útiles para investigar tratamientos que luego podrían aplicarse en personas.
Pese a ese potencial, hasta este nuevo estudio no existía un método establecido para generar glóbulos rojos a partir de iPSC caninas.
Células que brillan verde
El equipo partió de iPSC caninas, las cultivó en agrupaciones y las indujo a diferenciarse hacia células semejantes a glóbulos rojos.
Durante el proceso aparecieron células progenitoras —las precursors de los glóbulos rojos— que comenzaron a producir hemoglobina, la proteína encargada de transportar oxígeno en la sangre.
Para seguir el desarrollo, los investigadores emplearon CRISPR-Cas9, una herramienta de edición genética que permite modificar el ADN de forma dirigida.
Con esa tecnología marcaron la glucoforina A (GYPA), una proteína de la superficie de los glóbulos rojos que funciona como indicador de su presencia.
La modificación provocó que las células emitieran un brillo verde cada vez que expresaban GYPA, lo que permitió rastrear en tiempo real su transformación en glóbulos rojos.
Bajo condiciones de cultivo optimizadas, más del 96% de las células analizadas expresó GYPA, el marcador de glóbulos rojos.
Sin embargo, solo alrededor del 3% completó la enucleación, el proceso por el cual los glóbulos rojos maduros pierden su núcleo para transportar oxígeno con eficacia.
“Las células generadas en este estudio aún no son glóbulos rojos completamente maduros aptos para la transfusión”, puntualizó el profesor Hatoya.
“Solo alrededor del 3% de las células sufrió enucleación, una característica clave de los glóbulos rojos maduros de los mamíferos”, agregó.
El investigador indicó que los próximos trabajos se orientarán a mejorar ese porcentaje: “Los estudios futuros se centrarán en aumentar la generación de glóbulos rojos funcionales y en comprender las diferencias entre líneas celulares”.
Aunque las células obtenidas no están listas para transfusiones, la investigación proporciona una plataforma experimental para avanzar hacia ese objetivo en veterinaria y para el desarrollo de productos sanguíneos derivados de iPSC con posible uso en humanos.

