27 de julio de 2026
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Osos pardos de 385 kg en Portugal perdieron la mitad de su peso por acción humana

Hace unos 22.000 años, un oso pardo recorrió la región que hoy es Portugal. Los huesos hallados en cuevas de Cadaval indican que aquel individuo alcanzó cerca de 385 kilogramos, situándolo entre los ejemplares más pesados documentados en el registro fósil europeo de la especie.

Los osos pardos ibéricos actuales tienen un peso medio aproximado de 144 kilogramos en los machos y 102 kilogramos en las hembras, lo que supone una reducción superior al 40% respecto a sus congéneres del Pleistoceno. Un estudio dirigido por Darío Estraviz-López, paleontólogo de la NOVA School of Science and Technology de Portugal, atribuye este cambio a transformaciones ambientales y a la presión humana acumulada a lo largo de milenios.

El estudio, publicado en Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, analiza más de 500 fósiles procedentes de seis yacimientos portugueses: la Gruta da Furninha (Peniche), la Gruta das Fontainhas (Cadaval), Serra de Molianos (Alcobaça), la Gruta do Caldeirão (Tomar), la Gruta do Escoural (Montemor-o-Novo) y la Gruta da Oliveira (Torres Novas). A partir de mediciones morfométricas y estimaciones de masa corporal, el equipo reconstruyó la evolución de la especie durante decenas de miles de años.

La ausencia del oso de las cavernas en Portugal

En los estudios sobre la fauna del Pleistoceno europeo, el oso de las cavernas (Ursus spelaeus) suele tener un papel destacado: era un animal de gran tamaño que ocupó muchas cavidades del continente antes de desaparecer hace unos 24.000 años. El trabajo confirma que, pese a las excavaciones realizadas, no hay evidencia de poblaciones estables de esta especie en lo que hoy es Portugal.

Según Estraviz-López, los osos de las cavernas necesitaban cavidades más amplias para hibernar y tendían a volver a las mismas cuevas a lo largo de generaciones, lo que habría limitado su expansión hacia el oeste de la península.

Ante esa ausencia, los osos pardos ocuparon el nicho ecológico que en otras zonas estaba cubierto por el oso de las cavernas. Los ejemplares de la Gruta da Furninha, con unos 80.000 años de antigüedad, muestran una robustez ósea comparable a la de Ursus spelaeus; los investigadores interpretan esa semejanza como una convergencia morfológica derivada de haber asumido un mismo papel ecológico sin competencia directa.

La reducción de tamaño y la presión humana

El estudio identifica una tendencia sostenida de disminución de la masa corporal en el oso pardo ibérico a lo largo del tiempo. Durante el Holoceno temprano, entre hace 12.000 y 8.000 años, los machos de la zona noroccidental de la península alcanzaban cerca de 260 kilogramos.

La NOVA School of Science and Technology señala que esta reducción está vinculada a la presión humana y a la alteración de los hábitats. Los autores proponen un mecanismo gradual y difuso más que una caza intensiva organizada.

“La presión prolongada pudo haber eliminado desproporcionadamente a los individuos más grandes y audaces, favoreciendo a los osos más pequeños”, explicó Ana García-Vázquez, bióloga y coautora del estudio en la Universidad de Bucarest.

Según la reconstrucción propuesta, el proceso avanzó en etapas: primero la coexistencia cercana con humanos en cuevas; luego la fragmentación del hábitat por agricultura y deforestación; y finalmente una aceleración del declive con la introducción de armas de fuego.

Qué hipótesis siguen abiertas

Los autores comparan esta dinámica con ejemplos modernos, como la aparición de elefantes sin colmillos como respuesta a siglos de caza. García-Vázquez introduce una cautela: los osos del Pleistoceno y los actuales podrían no ser directamente de la misma población, y la dieta también habría influido, ya que los individuos con una alimentación más carnívora tienden a mayor masa corporal.

El estudio señala que el análisis de ADN antiguo, los estudios isotópicos y nuevas dataciones radiométricas podrán ofrecer respuestas más precisas sobre la historia evolutiva y las causas de los cambios observados.

El aporte del estudio para la conservación

Los autores subrayan la utilidad de los datos paleontológicos para la conservación contemporánea. Los osos pardos cumplen funciones ecológicas importantes: regulan poblaciones de ciervos y jabalíes, consumen carroña y ayudan a la dispersión de semillas; según Estraviz-López, una sola deposición de un oso puede contener más de 70.000 semillas.

El oso pardo se extinguió en Portugal en el siglo XIX por la acción humana. Comprender cómo los gigantes ibéricos del Pleistoceno se transformaron en las poblaciones reducidas actuales es, según Estraviz-López, una guía valiosa para proteger a los ejemplares que aún sobreviven.

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