28 de julio de 2026
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Milei, choque con Lula y apoyo a Keiko

Javier Milei celebró la asunción de Keiko Fujimori como presidenta de Perú, en línea con su intención de liderar lo que define como una “ola” de gobiernos de derecha en América Latina. Dentro de diez días participará también del recambio presidencial en Colombia. El viaje a Lima se realiza en medio de la reciente tensión con Brasil, generada por los insultos de Milei a Lula da Silva durante el lanzamiento electoral de Flávio Bolsonaro, y forma parte de su estrategia exterior orientada a condicionar la agenda pública y recuperar iniciativa política.

La táctica de construir un enemigo no es inédita y forma parte de prácticas políticas recurrentes, más allá del espacio libertario. En la segunda etapa de su confrontación con Lula, además de descalificaciones personales, Milei afirmó —sin presentar una denuncia formal— que Brasil estaría financiando una supuesta “campaña anti-argentina” de alcance internacional. En ese marco mencionó también a México, lo que motivó una pronta aclaración y un reclamo de respeto por parte de la presidenta Claudia Sheinbaum.

El Presidente empleó la expresión “campaña anti-argentina”, frase de mala connotación por su uso en la última dictadura, que resurgió en los días de la final del Mundial. Intentó potenciar ese efecto, especialmente en redes sociales, tras un torneo que por momentos descolocó al Gobierno —por un cruce con Lionel Messi, el manejo del regreso de los jugadores y el episodio vinculado a Malvinas—.

Tras el Mundial, la agenda volvió a centrarse en la política. El oficialismo buscó mostrar contención en la interna y reactivar el Congreso: avanzar sobre iniciativas paralizadas (inviolabilidad de la propiedad privada, reforma electoral, régimen de zonas frías, entre otras) y presentar nuevos proyectos. Se envió la segunda versión de la llamada Inocencia Fiscal y se espera la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central.

El Congreso está en receso de invierno y la actividad podría retomarse en la primera semana de agosto. Por ahora el Gobierno enfrenta dificultades para traducir su intento de “recuperar” el control de la agenda en resultados legislativos, lo que a su vez genera presión política sobre la economía. La visita de Kristalina Georgieva tuvo un impacto simbólico por su respaldo a la gestión económica más que por anuncios concretos, aunque su presencia coincidió en los medios con el tema Brasil.

En los días posteriores al Mundial, el INDEC publicó datos económicos relevantes de mayo: la evolución de los salarios en relación con la inflación, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) y las ventas en supermercados y mayoristas. Las señales, no siempre lineales, resultaron en general preocupantes y se sumaron informes de consultoras privadas y de entidades sectoriales como la UIA y la cámara de empresas metalúrgicas. En la última semana del torneo el Gobierno celebró la desaceleración del índice de precios de junio y hay expectativa por las cifras del mes en curso.

El discurso de Milei en São Paulo junto a Flávio Bolsonaro y sus posteriores declaraciones sobre supuestas campañas contra Argentina dominaron la agenda mediática y las redes, y pusieron en evidencia su objetivo de ganar mayor liderazgo regional. Las descalificaciones al presidente brasileño trascendieron la disputa política al incluir expresiones como “ladrón” y “presidiario”.

En el plano diplomático, Brasil respondió convocando a consultas a su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, y solicitando explicaciones al representante argentino en Brasil, Daniel Raimondi. La tensión llegó a ese nivel y por ahora no hay un cierre definido, pese a la postura despectiva del presidente brasileño hacia Milei y a la decisión del Gobierno argentino de no ofrecer una disculpa formal.

El episodio también tiene relevancia interna para Lula da Silva, en campaña de cara a las elecciones de octubre, y remite a antecedentes de intervenciones en la política local. En este caso, la ruptura fue consecuencia de la descalificación personal del presidente brasileño y no del respaldo presencial a Flávio Bolsonaro.

Las comparaciones entre la conducta de Milei y gestos previos de Lula —como la visita al expresidente en Argentina o la participación de asesores en campañas locales— circularon en redes y fueron utilizadas por seguidores mileistas; también las mencionó el canciller Pablo Quirno, cuya reacción resultó cuestionada.

La persistencia del asunto en la agenda pública dependerá de la evolución de la tensión diplomática. Las declaraciones y gestos presidenciales serán determinantes, especialmente en el marco de la asunción de Keiko Fujimori, a la que asistirá también el canciller brasileño Mauro Vieira. Por ahora, la situación permanece abierta.

En conclusión: el conflicto diplomático y político sigue sin resolverse.

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