Casi la mitad de los doctorandos emplea herramientas de inteligencia artificial para mejorar la redacción académica, según un estudio internacional que revisó más de 90 investigaciones sobre la experiencia doctoral en distintos países. La investigación fue coordinada por Julio Durand, de la Universidad Austral de Pilar, junto con Gerardo Alfredo Rodríguez y Andrés Chiappe, de la Universidad de La Sabana (Colombia).
Estrés, soledad y problemas de supervisión
El relevamiento identifica problemas persistentes en la formación doctoral a nivel global: salud mental, calidad de la supervisión, dificultades personales, habilidades académicas y condiciones institucionales. Los datos muestran una alta prevalencia de estrés, ansiedad, depresión y soledad entre los doctorandos, situaciones que afectan la motivación y las posibilidades de completar el doctorado.
Además, se observa una relación conflictiva o insuficiente con muchos directores de tesis: reportes frecuentes de falta de acompañamiento, devoluciones tardías o poco claras y escasa orientación durante el proceso de investigación.
La IA ya se usa en tareas puntuales
En este contexto, la inteligencia artificial aparece como una herramienta con potencial para aliviar algunas de estas tensiones. Aunque su incorporación formal en los programas doctorales sigue siendo limitada, el estudio indica que su uso ya es notable en tareas concretas: casi la mitad de los doctorandos la utiliza para mejorar la redacción académica, y otros la emplean para organizar información, buscar bibliografía o estructurar sus proyectos de investigación.
Los autores sostienen que la IA podría desempeñar un papel más amplio en la formación doctoral: brindar retroalimentación inmediata y personalizada, detectar tempranamente estancamientos o riesgos de abandono, y automatizar tareas repetitivas que consumen tiempo y energía de los investigadores.
Hacia un modelo de supervisión híbrida
La supervisión aparece como uno de los aspectos más críticos del doctorado. En ese ámbito, la inteligencia artificial podría complementar la labor del director de tesis: mejorar la calidad y la frecuencia de las devoluciones, optimizar el seguimiento del progreso y enriquecer los encuentros entre docente y estudiante, permitiendo que las reuniones se concentren en lo más estratégico del proyecto.
El estudio propone avanzar hacia un modelo de “supervisión híbrida” en el que el acompañamiento humano se combine con herramientas tecnológicas. En ese esquema, el director o la directora de tesis sigue siendo central para la orientación académica y el juicio crítico, mientras que la inteligencia artificial aporta rapidez, disponibilidad y capacidad de análisis.
“Estamos frente a una oportunidad para repensar el doctorado desde una lógica más acompañada. La inteligencia artificial puede ayudar a reducir la sensación de soledad del investigador, mejorar los tiempos de trabajo y fortalecer el vínculo con los directores, siempre que se utilice con criterios claros y como complemento del trabajo académico”, señaló Julio Durand, investigador de la Universidad Austral y coautor del estudio.
Condiciones para su implementación
Los autores enfatizan que estos avances deben implementarse con criterios definidos. El uso de inteligencia artificial en la formación doctoral plantea desafíos relacionados con la calidad del conocimiento, la dependencia tecnológica, la equidad en el acceso y la preservación de estándares académicos rigurosos. Por ello subrayan la necesidad de capacitar a estudiantes y docentes en su uso y de garantizar que la tecnología respalde el trabajo intelectual sin sustituirlo.
En conclusión, la inteligencia artificial no constituye una solución automática, sino una herramienta que, usada con criterio y como complemento, puede contribuir a hacer más sostenible y acompañada una de las etapas más exigentes de la formación universitaria.


