El secretario general de la ONU, António Guterres, alertó este miércoles sobre el riesgo de que el conflicto en Oriente Medio se amplíe, tras los ataques realizados por Estados Unidos y Arabia Saudita contra sedes de las milicias proiraníes Fuerzas de Movilización Popular (FMP) en territorio iraquí. Según informes, los bombardeos, que suponen la primera participación directa saudí desde el inicio de la confrontación entre Washington y Teherán, causaron al menos 20 muertos y 32 heridos.
El portavoz adjunto de Guterres, Farhan Haq, declaró en Nueva York que el secretario general lleva tiempo preocupado por la posibilidad de que, si las partes no vuelven a la mesa de negociación, el conflicto se extienda, y que los recientes acontecimientos parecen confirmar esa preocupación. Haq recordó que Guterres ha expresado reiteradamente su inquietud por cualquier reanudación y ampliación de los combates iniciados hace cinco meses.
Haq calificó los hechos como negativos y subrayó que Guterres busca que las partes cesen las hostilidades y retomen la vía diplomática, incluyendo los esfuerzos de mediación impulsados por Pakistán y Catar. Al referirse a la participación de Arabia Saudita en los ataques contra Irak, el portavoz advirtió que la multiplicación de actores implicados y la expansión del conflicto a más países son señales preocupantes que podrían agravar la situación.
Los bombardeos se efectuaron en la madrugada del miércoles contra sedes de las FMP en las provincias de Bagdad, Wasit, Nínive, Basora, Kirkuk, Kerbala y Diyala. El Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) señaló que la operación respondió a más de treinta ataques con drones atribuidos a la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán contra fuerzas estadounidenses e infraestructuras energéticas saudíes en las últimas 72 horas. El Ministerio de Defensa de Arabia Saudita atribuyó directamente esos ataques a milicias proiraníes, mientras que Irán negó cualquier vínculo con agresiones en territorio saudí.
El incidente se enmarca en la confrontación iniciada el 28 de febrero entre Estados Unidos e Israel por un lado e Irán por otro, que ha provocado represalias sucesivas de facciones armadas alineadas con Teherán contra objetivos estadounidenses y de sus aliados en la región. La participación directa de Arabia Saudita en ataques contra las FMP supone un salto cualitativo en este ciclo de violencia, que hasta ahora había estado concentrado principalmente en Estados Unidos, Israel, Irán y milicias afines en Irak, Líbano y Yemen.
Las FMP, creadas en 2014 para combatir la expansión del Estado Islámico, fueron incorporadas formalmente a las fuerzas armadas iraquíes mediante una ley aprobada en 2016, aunque conservan estructuras y presupuestos propios fuera del Ejército regular. Su estatus legal y los lazos de varias de sus facciones con Irán han sido motivo de controversia, si bien algunas unidades han iniciado procesos de entrega de armas al Estado iraquí ante la presión del gobierno central y de actores internacionales.
El Gobierno de Bagdad calificó el ataque de violación flagrante de la soberanía iraquí y rechazó que el territorio del país se utilice para dirimir disputas ajenas. La respuesta de Irak añade una nueva dimensión de tensión diplomática a un conflicto que, según la ONU, ha dejado de ser bilateral para convertirse en una crisis regional con un número creciente de actores armados y frentes abiertos. La advertencia de Guterres se produce en un momento en que los canales de mediación, liderados por Pakistán y Catar, no han logrado detener la escalada; la entrada de Arabia Saudita en los combates eleva el riesgo de que otros países del Golfo sean arrastrados a una confrontación cuyo desenlace permanece incierto.


