30 de julio de 2026
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Pez de agua fría clave para entender la crisis climática

Un estudio liderado por la Universidad de Glasgow y publicado en Nature Communications, reseñado por Phys.org, examinó poblaciones de pez espinoso de tres espinas en aguas más cálidas de Islandia y encontró que las poblaciones adaptadas a esos entornos muestran hambre excesiva, mayor acumulación de grasa, metabolismo reducido y cambios genéticos asociados a esa adaptación.

Los investigadores observaron que los ejemplares adaptados al calor son hiperfágicos, es decir, tienden a comer en exceso. También acumulan mayores reservas de grasa durante el verano para afrontar el invierno y conservan esa grasa con más eficiencia cuando el alimento escasea.

Islandia como laboratorio natural del calentamiento

El equipo aprovechó las aguas geotérmicas de Islandia como un modelo natural del calentamiento global; en esas zonas la temperatura del agua puede llegar a 27,8 °C. Esos ambientes sirven como laboratorios naturales para estudiar los efectos de temperaturas elevadas fuera del contexto de laboratorio.

Eligieron el pez espinoso porque la especie vive tanto en aguas de temperatura media como en aguas naturalmente calentadas dentro del mismo país, lo que permitió comparar poblaciones expuestas a condiciones térmicas distintas sin confundir factores geográficos mayores.

Los investigadores compararon las zonas calientes con otras frías describiéndolas, según Phys.org, como una especie de “jacuzzis” para peces, y usaron esa analogía para analizar cómo el calor influye en cambios biológicos y de comportamiento en poblaciones nativas.

Las claves genéticas de la adaptación al calor

El estudio documentó modificaciones en el ADN de los peces de aguas cálidas, pero esas alteraciones no fueron idénticas entre todos los grupos geotérmicos, lo que indica que la adaptación genética puede variar según el contexto local.

Aun así, los investigadores hallaron cambios celulares comunes en todas las poblaciones adaptadas al calor, como alteraciones en la vía MAPK, una ruta de señalización relacionada con el crecimiento y la respuesta al estrés. También detectaron una inversión genómica presente en los peces geotérmicos y ausente en los de aguas frías; según los autores, ambos mecanismos contribuyen conjuntamente a la adaptación a temperaturas más altas.

El coautor principal Kevin Parsons, de la Universidad de Glasgow, señaló que este trabajo es el primero en mostrar cambios genéticos específicos vinculados a la adaptación a aguas más cálidas.

Parsons añadió que, aunque las modificaciones detalladas del ADN difieren entre poblaciones, el efecto global de esas adaptaciones fue consistente: cambios en el tamaño corporal, el apetito y el metabolismo en los peces que viven en aguas más cálidas.

El informe de Nature Communications subraya que, para proteger a las especies frente al calentamiento, no basta con examinar solo las diferencias en el ADN. También es necesario entender los procesos biológicos que permiten la adaptación, porque poblaciones con distintos cambios genéticos pueden desarrollar mecanismos funcionales similares para sobrevivir.

Lo que el estudio sugiere sobre el cambio climático

Phys.org recuerda que el aumento de las temperaturas globales es una de las mayores amenazas para la fauna, especialmente para los animales ectotermos. Mientras algunas especies marinas pueden desplazarse hacia aguas más frías, otras que habitan aguas continentales aisladas deberán adaptarse localmente o enfrentarse al riesgo de extinción.

El coautor Matthew Brachmann, también de la Universidad de Glasgow, señaló que el calentamiento del agua ya está ocurriendo rápidamente y que el estudio demuestra, mediante la comparación de poblaciones autóctonas que viven en distintas temperaturas naturales en Islandia, los cambios físicos, de comportamiento y genéticos asociados a la adaptación al calor.

Al estudiar estos sistemas naturales fuera del laboratorio, los investigadores pudieron observar cómo evolucionan las poblaciones frente al calentamiento y destacaron que las diferencias entre poblaciones cercanas muestran que la respuesta evolutiva depende de las condiciones ambientales locales.

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