Juan Pablo Gracia (45) nació y creció en Temperley, aunque ha vivido más de 25 años en Alemania. Actualmente reside en Hamburgo, donde formó su propia banda; recuerda que a los 20 años decidió irse solo para probar suerte en el extranjero.
Su partida temprana estuvo vinculada a varios factores personales: tras la muerte de su abuelo paterno, con quien vivía, se mudó temporalmente con su otro abuelo. En plena crisis de 2001 y con el empujón de amigos alemanes, optó por emigrar y comenzar su camino lejos del barrio familiar.
Aunque inicialmente pensó quedarse unas dos semanas, terminó quedándose cuando amigos le consiguieron trabajo en un hostel en Leipzig. Partió sin pasaje de regreso, sin documentación y sin abrigo, pero con su guitarra y su amplificador, herramientas que lo vinculan con su gran pasión: la música.
De Temperley a Alemania con su propia música
Su interés por la música viene, en gran parte, de su madre, que estudió música y lo expuso desde pequeño a conciertos y muestras artísticas. Esa convivencia con el arte marcó su relación con la música y su vocación artística.
Además de músico, trabaja en informática aunque se define principalmente como artista. Ha sostenido su actividad musical con un empleo en control de calidad de software durante más de diez años, aplicando su trabajo en sectores diversos como la banca, los videojuegos, la tecnología para trading y el sector energético.
Su experiencia técnica también lo llevó a crear aplicaciones para aprender idiomas: desarrolló una app de japonés para él, una de español para su pareja y otra de inglés para su madre. Cuenta que tiende a cubrir necesidades que detecta, una inclinación que atribuye a su abuelo.
El género musical y la formación de la banda
Su banda se llama ‘Eve of Alana’ y está presente en plataformas musicales y redes sociales. Tocan metal alternativo con influencias de Djent: un estilo que combina estructuras rítmicas complejas con partes melódicas y voces más ásperas.
“Eve of Alana” se formó en Sankt Pauli, un barrio portuario de Hamburgo conocido por la Reeperbahn y su vida cultural. Para él, ese entorno plural y ligado al puerto —uno de los más grandes de Europa— es uno de los lugares más singulares del continente.
Los recuerdos de Temperley y amigos en Lomas siempre presentes
Temperley sigue muy presente en su memoria: guarda detalles vívidos de su infancia, como las visitas al estadio a las que su abuelo lo llevaba. Incluso recuerda al vendedor de maní tostado con un horno metálico en forma de locomotora, una imagen de los primeros años de la década del ochenta.
Evoca direcciones y comercios del barrio —nuestra casa en Liniers 33, la almacén de “Nello”, la bicicletería frente a Bianchi en Meeks, comprar comida para sus perros en Padilla Hnos.— y lugares de esparcimiento como El Borde o Peteco’s. Son imágenes de un Temperley que ya no existe y que guarda con nostalgia.
Mantiene el contacto con muchos amigos de la zona; algunos se distanciaron por la larga ausencia, mientras que otros también emigraron dentro o fuera del país.
Haber estudiado en el Colegio Alemán de Temperley tuvo una consecuencia inesperada: en Hamburgo volvió a encontrarse con dos compañeras de la escuela, Cecilia y Verónica. Ese reencuentro fortuito se ha convertido en un vínculo valioso para los tres.
El desafío de vivir afuera
Para él, lo más difícil de vivir lejos del país de origen es no poder compartir los logros con la familia ni estar disponible para apoyarlos de forma inmediata. La vida en el extranjero exige asumir responsabilidades sin una red de contención: si cometes un error no hay nadie que te rescate, no hay techo ni comida garantizados ni celebraciones compartidas.
Resalta la necesidad de fortaleza personal: en el país de origen la familia suele brindar soporte y consejos; fuera, uno se convierte en su propio equipo. Aun así, mantiene tradiciones afectivas, como no perderse los partidos de Independiente y seguir conectado con su tierra a través de la televisión.
Sobre un posible regreso a Argentina dice que no tiene un plan definido. Tras años en Europa puede imaginar volver más que hace una década, pero reconoce que después de 25 años esa decisión es compleja: hay trámites previsionales, cuestiones administrativas y la incertidumbre de reintegrarse al lugar de origen.
Hoy está asentado en Alemania: su pareja Lea, nacida en Hamburgo, es la baterista de la banda. No tienen hijos, pero sí una banda y mascotas queridas. Organiza su jornada para cumplir con su trabajo en informática y dedicar tiempo a la música, que a menudo compone en el silencio de la noche.


