Erik Høeg, diplomático danés de 58 años, cumple su primer año como embajador de la Unión Europea en Argentina, cargo que asumió luego de ejercer como embajador de Dinamarca en Colombia. Durante su primer año en Buenos Aires se concretó un logro esperado por la UE desde hace décadas: la entrada en vigor provisional, el 1 de mayo, del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur. Høeg atribuye ese avance a un trabajo colectivo en el que, según dijo con humor, también influyó la decisión del gobierno de Javier Milei de impulsar la ratificación.
En la entrevista en la sede de la Delegación de la Unión Europea en Buenos Aires, el eje fue la guerra en Ucrania, un conflicto que ya supera los cuatro años. Høeg afirmó con claridad que Rusia no está ganando, que el frente se encuentra estancado y que las fuerzas rusas sufren pérdidas muy elevadas. Además, destacó el peso de la respuesta europea a la crisis y describió la situación como de carácter existencial para el bloque.
Desde el inicio de la invasión, la Unión Europea comprometió unos 210.000 millones de euros en asistencia a Ucrania, que incluyen apoyo militar, económico y humanitario. Høeg subrayó que ese aporte convierte a la UE en el principal donante y que la ayuda abarca tanto el sostenimiento del Estado ucraniano como capacidades defensivas frente a la agresión.
La conversación también abordó otros temas de la agenda europea en la región, como la implementación del acuerdo con el Mercosur, la relación transatlántica y la evaluación del rumbo económico del gobierno argentino.
Ucrania: “Un conflicto existencial para nosotros”
—Cuatro años después de la invasión, con el frente estancado, ¿hay margen para un cese de hostilidades en el corto plazo?
—La UE apoya iniciativas que conduzcan a un cese del fuego como paso previo para negociar una paz duradera. La situación humanitaria es grave, con bombardeos que afectan infraestructura y población civil. Nuestro compromiso cubre aspectos políticos, humanitarios, militares y económicos: recientemente se aprobó un paquete de 90.000 millones de euros —60.000 millones destinados a capacidades militares y 30.000 millones para asegurar el funcionamiento del Estado ucraniano, como escuelas y pensiones. Rusia está estancada y sufre pérdidas crecientes; según estimaciones, las bajas mensuales son muy elevadas y la situación en el frente es extremadamente crítica.
—¿Ven a Putin debilitado internamente y eso abre margen para negociar?
—No hay que subestimar la capacidad represiva del régimen, que es cada vez más autoritario. La crítica interna existe y aumenta, pero hasta ahora no ha derivado en un cambio de rumbo en la guerra. Para negociar serían necesarias condiciones claras: primero un cese del fuego y luego la construcción de garantías para una paz duradera. La UE ha propuesto además la creación de un tribunal para juzgar crímenes cometidos en Ucrania y para definir mecanismos de reparación por los daños causados; la idea es que el agresor asuma responsabilidades. Sería positivo que más países de América Latina se sumen a esa iniciativa.
—¿Cómo evalúa el apoyo de los países latinoamericanos, incluido Argentina?
—Consideramos este conflicto como existencial. Tenemos un diálogo fluido con Argentina y valoramos su postura clara en el rechazo a la invasión. Es relevante para nosotros estar en un país cuya posición sobre el conflicto es nítida.
—Algunos critican a la UE por ceder protagonismo a Estados Unidos en las negociaciones. ¿Debería el bloque asumir un rol más activo?
—La Unión Europea ya desempeña un papel central: es, de lejos, el mayor donante con 210.000 millones de euros comprometidos. Además, se creó una Coalición de Voluntarios para analizar despliegues de mantenimiento de la paz ante un eventual cese del fuego. Europa también acogió a millones de refugiados —hoy hay alrededor de 4,3 millones de ucranianos en la UE— y mantuvo la unidad de sus 27 Estados en torno a la respuesta a la agresión.
—¿Qué impacto tiene la reducción estadounidense de ayuda militar este año?
—Habrá cambios en los roles a futuro. Muchos países de la OTAN se comprometieron a aumentar significativamente su gasto en defensa, lo que modifica la distribución de responsabilidades. También hay factores de política exterior estadounidenses de más largo plazo, con un foco mayor en Asia y el Pacífico. Pese a ajustes puntuales, la coordinación entre EE. UU. y la UE sigue siendo importante y el diálogo ha sido efectivo para que las posiciones europeas sean escuchadas.
—¿Le preocupa el resultado de próximas elecciones europeas que puedan favorecer gobiernos más próximos a Rusia?
—La situación política europea hoy es más favorable que hace un año. Siempre existen diferencias y matices entre gobiernos, pero la tendencia histórica muestra que el principio de unidad europea suele prevalecer sobre las divergencias ideológicas.
Mercosur, la economía argentina y la mirada sobre Milei
Fuera del conflicto en Ucrania, Høeg evaluó la implementación del acuerdo con el Mercosur y comentó la gestión económica del gobierno argentino.
—¿Cómo avanza la implementación del acuerdo y qué sectores se beneficiarán primero?
—La implementación marcha bien aunque persisten desafíos técnicos, como la armonización de normas y requisitos sanitarios. Muchas pymes aún necesitan orientación para exportar a la UE, y en ese sentido la delegación y Cancillería están facilitando información. La UE puso a disposición un paquete de apoyo de 1.800 millones de euros para el Mercosur, con una porción destinada a Argentina. El sector agroindustrial es el que probablemente registre beneficios más rápidos por la reducción o eliminación de aranceles.
—¿Qué decirle a una pyme argentina preocupada por competir con la industria europea?
—El acuerdo incluye períodos de transición para proteger industrias sensibles del Mercosur. También hay inquietudes en sectores agrícolas europeos. Con uno o dos años de implementación se empezarán a ver beneficios mutuos y oportunidades para ambos lados.
—Usted elogió en diciembre de 2025 el rumbo económico argentino; ¿sigue pensando igual y qué espera la UE?
—El elogio se mantiene. Argentina venía de un contexto muy difícil: ahora el riesgo país cayó y la inflación está más controlada. Valoramos la aproximación al Mercosur, los pasos hacia la OCDE y herramientas como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Las empresas europeas realizan inversiones a largo plazo y necesitan previsibilidad macroeconómica y un marco regulatorio estable que trascienda los ciclos electorales.
—¿Cómo evalúa la UE los costos sociales del ajuste económico?
—Reconocemos que hubo costos sociales significativos; las medidas fueron drásticas y sus efectos están a la vista. La sociedad argentina y los votantes decidirán si esas decisiones fueron las más adecuadas y si las medidas deben ajustarse en el futuro.
Grecia e Irlanda: los espejos europeos
Høeg recordó que la Unión Europea ya enfrentó crisis económicas severas en países miembros, como Grecia tras la crisis de deuda de 2010, y en otros Estados que debieron aplicar reformas profundas. Grecia es el ejemplo más citado: con apoyo europeo y manteniéndose en el euro logró estabilizarse y mejorar sus indicadores tras un proceso duro y costoso. Esa experiencia sirve como referencia sobre los desafíos y las posibles salidas de ajustes estructurales.
Sobre Irlanda, Høeg señaló que es un modelo al que miran algunos en Argentina: una combinación de impuestos relativamente bajos, un entorno liberal que atrae inversión y un fuerte impulso a sectores de servicios y tecnología. Irlanda también mostró capacidad de generar empleo y atraer de vuelta a emigrantes gracias a salarios y oportunidades, aunque cada país debe adaptar ese modelo a su propio contexto.

