4 de agosto de 2026
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Europa avanza hacia el coche eléctrico pero enfrenta un problema silencioso

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) alerta que más de 1,2 millones de baterías de vehículos eléctricos podrían convertirse en residuos antes de 2030. Este aviso surge en medio de un fuerte crecimiento del sector: en el primer semestre de 2026 Europa vendió 1,24 millones de coches 100% eléctricos, un 33,7% más que en el mismo periodo del año anterior. Aunque las ventas aumentan rápidamente, la gestión de los residuos asociados empieza a generar preocupación, según informó Euronews.

El auge de las ventas responde a varios factores. La guerra en Irán ha mantenido altos los precios del petróleo y del gas, lo que incentiva a los consumidores a pasarse a la movilidad eléctrica. Además, la mayoría de esos vehículos usan baterías de ion-litio (LIB) cuya vida útil es finita.

Cuando la capacidad de almacenamiento de una batería se degrada hasta afectar seriamente la autonomía del vehículo, esa unidad se incorpora a un flujo de residuos en expansión. La AIE estima que para 2040 la cantidad de baterías desechadas podría alcanzar los 14 millones de unidades.

El peso ambiental de fabricar una batería

Los vehículos eléctricos comienzan con una “deuda de carbono”: su fabricación requiere más energía que la de un automóvil de combustión, en gran parte por el proceso de producción de las baterías, que consume mucha electricidad y, en muchos países, sigue dependiendo de fuentes fósiles.

También existen impactos ligados a la extracción de los minerales necesarios para las celdas. El litio, el cobalto y el níquel son esenciales para fabricar baterías, pero su extracción ha generado efectos sociales y ambientales documentados.

Aun así, a largo plazo la balanza favorece a los eléctricos. Un informe de Transport & Environment (T&E) indica que los coches eléctricos son un 30% más limpios que los convencionales incluso en redes muy dependientes del carbón, como la de Polonia. En el escenario más favorable —producción y uso con energía renovable— esa ventaja puede ser hasta cinco veces mayor.

Reciclar baterías: costoso, lento y peligroso

El reciclaje de baterías es viable técnicamente, pero enfrenta retos importantes. Antes de reciclar una batería hay que descargarla, desmontarla y separar sus componentes, procesos que son lentos y laboriosos. Además, las reacciones químicas implicadas pueden liberar sustancias tóxicas, como el ácido fluorhídrico, que ponen en riesgo la salud de los trabajadores y pueden dañar el equipo de las plantas.

Las tecnologías más difundidas hoy recuperan aproximadamente el 50% de los materiales de una batería reciclada, una tasa que los investigadores consideran insuficiente y que explica la demanda de un “aumento significativo” de las infraestructuras de reciclaje.

“Los vehículos eléctricos son una pieza clave en la transición hacia una economía baja en carbono, pero su éxito a largo plazo depende de cómo gestionemos el volumen de residuos que generan”, señaló James Skifmore, de la consultora ambiental británica Valpak, en declaraciones recogidas por Euronews.

Proyectos europeos buscan soluciones concretas

En Europa ya se han puesto en marcha iniciativas para ampliar y mejorar la capacidad de reciclaje. El proyecto ReLiB, liderado por la Universidad de Birmingham (Reino Unido), desarrolla tecnologías destinadas a aumentar la tasa de recuperación del 50% hasta el 90% mediante sistemas de desmontaje y separación más rápidos y precisos.

En España, el Centro Tecnológico LEITAT coordina un proyecto de cuatro años financiado por la Unión Europea que pretende sustituir el desmontaje manual por sistemas semiautomatizados capaces de recuperar hasta el 95% de los componentes de cada batería.

El proyecto BATRAW, también apoyado por la UE, aborda además la posibilidad de dar una segunda vida a las baterías antes de reciclarlas: muchas que ya no sirven para impulsar un vehículo pueden seguir siendo útiles en sistemas de almacenamiento de energía estacionaria.

“Ampliar la capacidad y la eficiencia de las infraestructuras circulares será esencial para recuperar materiales valiosos, reforzar las cadenas de suministro y reducir la dependencia de la extracción de recursos vírgenes”, destacó Skifmore. El proyecto también explora mejoras en el diseño de nuevas baterías para facilitar su reparación y reciclaje futuros.

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