Un cuatro.
En una anécdota, Héctor Rodolfo Veira —el Bambino Veira— contó que, cuando asumió como director técnico en un club, pidió traer un lateral derecho de refuerzo porque el plantel carecía de esa posición. El jugador que le presentaron era tan malo que, según Veira, “más que un cuatro, parecía un pomelo”. “Pedí un cuatro y me trajeron un pomelo”, recordó.
Desde principios de los 90 se repite una situación curiosa: los clubes más grandes y con mejor convocatoria del fútbol argentino parecen tener dificultades para producir laterales de calidad en sus divisiones inferiores. En lugar de formar jugadores para esos puestos, recurren al mercado y gastan sumas considerables en buscar marcadores de punta, ya sea por la derecha (cuatro) o por la izquierda (tres).
Resulta llamativo que instituciones con tantas divisiones inferiores no logren formar jugadores capaces de desempeñarse como laterales: cerrar la banda en defensa, incorporarse al ataque con criterio y eventualmente centrar con eficacia. Si esos clubes no están produciendo ese tipo de futbolistas, es razonable pensar que algo en los procesos de formación y trabajo está fallando.
En el país hay muchísimos chicos que juegan desde muy pequeños y que participan en pruebas para clubes afiliados a la AFA: ¿cuántos se prueban cada año, cuántos quedan y quiénes se encargan de su formación? ¿Se presta la misma atención al desarrollo de marcadores de punta que a otras posiciones más mediáticas?
Es una cuestión relevante para River y Boca en particular, porque gran parte de los jóvenes futbolistas aspiran a vestir esas camisetas. Si esos clubes no aprovechan su enorme base de talento para formar laterales, la incógnita es qué están haciendo respecto a esa posición.
Personalmente veo partidos de baby fútbol con frecuencia: mis hijos juegan en El Tanque, una sociedad de fomento en Morón que es un espacio cercano y querido para mi familia. Allí suelo identificar a varios chicos con potencial para jugar de lateral en el futuro, además de otros habilidosos que destacan por otras virtudes.
Mis hijos no son defensores. Bianca suele jugar adelante y disfruta hacer goles; Vito es arquero y se interesó por esa posición tras ver a jugadores como Dibu Martínez y Franco Armani. Aunque ninguno de los míos juega de lateral, creo que si un club como River los convocara para formarlos en esa posición, muchos chicos aceptarían aprender esa función.
En El Tanque ya hay chicos con condiciones para ser laterales de nivel: en las categorías 2013 y 2017 hay jugadores que, si fueran tomados a tiempo por instituciones dispuestas a trabajar en su desarrollo, podrían terminar formando parte de planteles grandes. Nombres como Mateo, Alejo, Dante o Benito ilustran ese potencial.
El Tanque compite con equipos de barrios vecinos y obtiene resultados variados; lo mismo sucede en otras ligas y regiones del país. Existen innumerables campeonatos infantiles y juveniles, con distintos niveles de competencia, y partidos de chicos se juegan a diario en formatos de cancha grande y futsal.
Mi hija Bianca también juega futsal, y Vito probablemente se sumará dentro de unos años. Eso refuerza la idea de que hay muchos laterales en potencia muy cerca, formando parte de un amplio ecosistema de práctica futbolística en el país.
Frente a malos resultados recientes, River realizó una fuerte inversión en el mercado de pases y contrató a Giovanni González, un lateral uruguayo de 31 años procedente del Krasnodar de Rusia, con pasos previos por River de Montevideo, Peñarol y Mallorca. Según la información de prensa, la operación rondó los medio millón de dólares y la intención es que sea alternativa de Gonzalo Montiel. Es posible que el jugador rinda, pero la contratación vuelve a plantear la pregunta: ¿no podría un club grande formar a un lateral de su propia cantera en lugar de gastar tanto en transferencias?
Si la respuesta fuera negativa, conviene revisar los procesos de detección y formación para entender por qué, pese a la abundancia de talento juvenil en el país, resultan tan escasos los laterales formados localmente para los grandes clubes.

