7 de agosto de 2026
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Ucrania ataca almacenes de Wildberries en la guerra contra Putin

Ucrania ha comenzado a atacar la infraestructura de comercio electrónico de Rusia, con ataques dirigidos a Wildberries, la mayor plataforma de e-commerce del país. Tras años atacando refinerías y fábricas militares para debilitar la capacidad industrial rusa, la nueva táctica busca afectar la red comercial que sostiene el consumo cotidiano de millones de personas y a cientos de miles de pequeñas empresas.

En un periodo de 17 días, drones ucranianos habrían destruido 14 almacenes de Wildberries, sumando más de 1,5 millones de metros cuadrados de superficie logística, aproximadamente el 27% de su capacidad total, según Vedomosti. El ataque más grave se produjo el 18 de julio en Electrostal, cerca de Moscú, donde un complejo de 250.000 m2 quedó arrasado, con un trabajador fallecido y más de 60 personas heridas. También se reportaron daños en grandes centros logísticos en Penza, Samara y San Petersburgo.

Aunque Wildberries no distribuye combustible, su valor estratégico es alto: funciona como un gran mercado para terceros, donde miles de fábricas, talleres y comercios guardan y envían sus productos. La destrucción de sus almacenes impacta no solo a la compañía, sino también a numerosos comerciantes independientes cuya mercancía y logística quedan inmovilizadas.

Los ataques persiguen afectar la economía cotidiana, dañando la cadena logística, inmovilizando mercancías, retrasando entregas y reduciendo la liquidez de pequeñas empresas que dependen de la plataforma. Los consumidores ya perciben efectos: retrasos y desaparición de productos, y algunos usuarios empiezan a diversificar sus compras entre distintas aplicaciones.

Wildberries controla cerca del 45% del comercio electrónico ruso y se había convertido en un ejemplo de cómo la economía rusa se adaptó a las sanciones occidentales. Expertos consideran improbable un colapso total de la empresa o una crisis bancaria inmediata, dado que el Estado y los grandes bancos tendrían incentivos para sostenerla al ser “demasiado grande para caer”, pero los ataques causan un daño económico significativo. Incrementan la presión sobre un sistema financiero ya debilitado, obligan a los bancos a prever pérdidas y erosionan la capacidad estatal para contener una eventual crisis bancaria.

Desde el punto de vista militar, los almacenes son objetivos efectivos: son grandes, detectables por satélite, concentran mucha mercancía y operan de forma continua. Su destrucción supone la pérdida de instalaciones, millones de productos, sistemas de clasificación y vehículos de transporte, y exige semanas o meses para reordenar la logística. Para el Kremlin, estos ataques plantean un desafío político, porque al afectar las entregas la guerra llega al día a día de la población y socava la sensación de normalidad económica, revelando la vulnerabilidad de una economía cada vez más dependiente de grandes plataformas logísticas.

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