11 de agosto de 2026
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András Baka, candidato constitucionalista a la presidencia de Hungría

András Baka, candidato constitucionalista a la presidencia de Hungría

El Parlamento húngaro eligió este martes a András Baka como nuevo presidente de la República. Baka, ex presidente del Tribunal Supremo, es una de las figuras más representativas del enfrentamiento entre el poder político de Viktor Orban y la defensa de la independencia judicial en Hungría.

Baka, de 73 años, fue elegido en votación secreta con 140 votos a favor y seis en contra; su designación no sorprendió, ya que era el candidato presentado por el partido gobernante Tisza de Péter Magyar y el único aspirante. Desde las elecciones de abril, Tisza cuenta con una mayoría de dos tercios en el Parlamento, suficiente para nombrar al jefe del Estado sin apoyos externos. Fidesz, el partido de Viktor Orban, no participó en la votación.

La votación se celebró desde las 14:00 durante la sesión extraordinaria del Parlamento convocada para lunes y martes. Baka asumirá oficialmente la jefatura del Estado el 19 de agosto.

Su llegada a la Presidencia tiene un fuerte componente simbólico. Baka dirigió el Tribunal Supremo húngaro a partir de 2009 y antes había sido durante 17 años juez ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) en Estrasburgo. Su mandato en la cúpula judicial, que debía extenderse hasta 2015, concluyó de forma anticipada el 1 de enero de 2012 tras las reformas impulsadas por el Gobierno de Orban.

Baka había criticado públicamente varias de esas reformas, en particular las que afectaban a la organización de los tribunales y a la independencia judicial. Su destitución anticipada dio lugar al caso Baka contra Hungría ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

En 2016, la Gran Sala del TEDH concluyó que Hungría vulneró los derechos de Baka, al considerar que la finalización prematura de su mandato estuvo vinculada a sus opiniones públicas en defensa de la independencia judicial y que esa medida podía tener un efecto disuasorio sobre el conjunto de la judicatura.

Quince años después de aquel conflicto, Baka vuelve ahora a ocupar un lugar central en las instituciones húngaras como jefe del Estado, en un momento de transformación política impulsada por el Gobierno de Péter Magyar tras el final de la era Orban.

Aunque la Presidencia húngara cumple sobre todo funciones representativas, el jefe del Estado posee competencias relevantes en el proceso legislativo: puede devolver leyes al Parlamento para su reconsideración o remitirlas al Tribunal Constitucional antes de promulgarlas.

Magyar ha anunciado que el nuevo presidente permanecerá en el cargo hasta la redacción de una nueva Constitución, cuyo proceso comenzará en otoño, y que esa reforma podría modificar tanto las competencias como la forma de elección del jefe de Estado.

La elección de Baka sustituye a Tamás Sulyok y sitúa al frente del Estado a una personalidad vinculada a la defensa de la independencia judicial, uno de los principales puntos de fricción entre Budapest y las instituciones europeas durante los años de gobierno de Orbán. Fidesz rechazó el procedimiento que permitió la destitución anticipada de Sulyok y optó por no presentar candidato ni participar en la elección.

La paradoja política es notable: el juez cuya trayectoria al frente del Tribunal Supremo fue interrumpida durante el Gobierno de Orban ocupará ahora la Presidencia en una Hungría que pretende revisar parte del legado institucional de aquel periodo.

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