Cuando todos los días hay que llegar al colegio antes de las 7:40, la rutina tiende a dominar la situación. Un trayecto, la mayoría de las veces corto, que se repite de lunes a viernes puede generar una sensación de seguridad que dificulta mantener la atención. Psicológicamente, al repetirse una situación con frecuencia el cerebro reduce su nivel de alerta; a esto se lo conoce como “habituación”.
En seguridad vial esa habituación tiene efectos concretos. Un recorrido familiar puede favorecer pequeñas decisiones aparentemente inofensivas: responder un mensaje, salir unos minutos tarde, saltarse las comprobaciones antes de arrancar o confiar en que “nunca pasa nada”.
Por eso, con motivo del Día de la Niñez, varios especialistas subrayan la importancia de la seguridad vial para evitar exponer a los niños a riesgos. “Muchas veces asociamos el peligro con un viaje largo o con la ruta. Sin embargo, los traslados cotidianos también exigen la misma atención. La experiencia no reemplaza a la concentración y la rutina no elimina el riesgo”, explica Fernando Rodríguez, Gerente de Siniestros de ATM Seguros.
Los datos respaldan esa advertencia. Según el Informe Preliminar de Siniestralidad Vial Fatal 2025 de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, en ese año se registraron 3.255 siniestros fatales y 4.060 víctimas fatales en Argentina. Más preocupante aún es que el perfil de la siniestralidad se mantuvo prácticamente igual que en años anteriores, lo que indica que las conductas de riesgo siguen repitiéndose.
También se repite el escenario de los siniestros. Aunque las rutas concentran algo más de la mitad de los siniestros fatales, uno de cada cuatro ocurre en calles urbanas y otro porcentaje importante en avenidas, lugares que forman parte de los trayectos diarios de muchas familias.
Siete hábitos para que el viaje al colegio sea más seguro
1. Salir cinco minutos antes. El apuro aumenta el riesgo. Un pequeño margen reduce la ansiedad, las maniobras bruscas y la tentación de mirar el celular al volante.
2. Hacer una “pausa de seguridad” antes de arrancar. Antes de poner el vehículo en movimiento, comprobá que todos lleven bien colocado el cinturón o el sistema de retención infantil, regulá los espejos y dejá el teléfono fuera de tu alcance. Son apenas 15 segundos que pueden hacer la diferencia.
3. Recordar que el recorrido habitual también tiene riesgos. Los trayectos cortos y conocidos nos llevan a relajarnos. Conducí ese camino con la misma atención que tendrías en una ruta.
4. Guardar el teléfono antes de salir. No basta con no escribir mensajes: evitá leer notificaciones, contestar llamadas o usar aplicaciones mientras manejás.
5. Enseñar con el ejemplo. Los niños imitan lo que ven más que lo que se les dice. Respetar semáforos, ceder el paso y respetar los límites de velocidad también es educar en seguridad vial.
6. Elegir siempre el lado seguro para subir y bajar. Siempre que sea posible, hacé que los niños desciendan por el lado de la vereda y evitá detenerte en doble fila o realizar maniobras apresuradas frente al colegio.
7. No dejar que la rutina conduzca por vos. Cada viaje es distinto: un peatón distraído, una bicicleta, una moto o un niño que cruza entre autos pueden aparecer en cualquier momento. La experiencia ayuda, pero no reemplaza la atención.
La mejor enseñanza en seguridad vial no comienza cuando un hijo aprende a cruzar la calle ni cuando obtiene su primera licencia. Empieza antes: cada vez que un adulto enciende el motor y comprende que, en el asiento trasero, no solo lleva a alguien querido, sino a quien está aprendiendo, en silencio, cómo se conduce en la vida.

