19 de agosto de 2026
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Trump busca contacto con Kim Jong-un

Trump busca contacto con Kim Jong-un

Donald Trump busca de nuevo un encuentro directo con Kim Jong-un. Ocho años después del apretón de manos en Singapur que marcó la primera relación cara a cara entre los líderes de Washington y Pyongyang, el presidente estadounidense estaría solicitando a sus asesores la organización de una nueva cumbre con el líder norcoreano durante el próximo otoño.

El plan que se contempla encaja con la diplomacia de gestos emblemáticos que ha caracterizado a Trump: aprovechar su viaje a Asia en noviembre, con motivo de la cumbre de la APEC en Shenzhen, para intentar retomar la relación personal con Kim.

Según informó el Wall Street Journal, no hay por ahora una negociación formal ni una cita confirmada, pero funcionarios estadounidenses indican que el presidente ha planteado en privado la posibilidad de un encuentro durante esa gira asiática.

Trump ya lo intentó hace menos de un año. En su viaje a Corea del Sur por la APEC de octubre de 2025 en Gyeongju, la Casa Blanca exploró la opción de un encuentro exprés con Kim. El presidente se ofreció públicamente a prolongar su estancia para reunirse con su homólogo norcoreano. Pyongyang no respondió y Trump reconoció que no se pudieron coordinar los tiempos.

Ahora vuelve a plantearlo, acompañando su iniciativa con un gesto tangible hacia Corea del Norte. Seúl anunció este miércoles que las maniobras militares que realiza junto a Estados Unidos finalizarán el 21 de agosto, seis días antes de lo previsto; además se reducirán ejercicios sobre el terreno y se suprimió la segunda fase, que incluía operaciones de contraataque. En principio estaban previstos unos 18.000 militares surcoreanos y 14 ejercicios conjuntos. La modificación llegó tras la orden de Trump al Pentágono de reducir “sustancialmente” la participación estadounidense.

El mensaje tiene destinatario claro. Trump volvió a destacar su “buena relación” con Kim y ligó la reducción de las maniobras a su intento de reanudar el diálogo. Pyongyang ha denunciado durante décadas estos ejercicios como ensayos para una invasión. Ya en el deshielo de 2018–2019, Kim exigió a Washington la suspensión de operaciones conjuntas; Trump accedió entonces a limitar algunas maniobras, una concesión que sorprendió a aliados como Seúl y Tokio.

Esa misma fórmula se repite ahora, aun sin que Kim haya aceptado volver a negociar. En Seúl preocupa que la decisión unilateral de recortar los ejercicios haya reavivado un temor histórico: que asuntos que afectan a la seguridad surcoreana se negocien únicamente entre Trump y Kim.

La inquietud aumenta porque Kim llega a cualquier eventual negociación en una posición de mayor fortaleza que en 2018. Corea del Norte ha ampliado su arsenal nuclear y su vínculo con Moscú adquirió una dimensión militar sin precedentes: miles de soldados norcoreanos han combatido junto a Rusia y Pyongyang ha suministrado armamento a la guerra en Ucrania. Al mismo tiempo, ha restablecido lazos con Pekín: Xi Jinping visitó Pyongyang en junio y prometió reforzar la cooperación estratégica.

Por eso, el punto de partida sería muy distinto al de 2018. Entonces Trump aspiraba a convencer a Kim de renunciar a las armas nucleares; hoy Pyongyang considera irreversible su condición nuclear. Para Seúl, el peor escenario sería un acuerdo limitado en el que Washington, de facto, aceptara esa realidad a cambio de que Corea del Norte restringiera únicamente las armas que amenazan directamente a EE. UU. —especialmente los misiles balísticos intercontinentales— mientras conservaría proyectiles de corto y medio alcance capaces de golpear territorio surcoreano. También existe el temor de que Trump pueda usar la presencia de tropas estadounidenses en el sur como moneda de cambio.

Tres encuentros, ningún avance

Trump y Kim se reunieron tres veces durante el primer mandato del republicano. La primera, en Singapur en junio de 2018, fue histórica: nunca antes un presidente estadounidense en ejercicio había visto a un líder norcoreano. Firmaron una declaración en la que Pyongyang se comprometía a trabajar hacia la “desnuclearización completa de la península coreana” y Washington ofrecía garantías de seguridad, pero el texto no incluyó calendarios, mecanismos de verificación ni una definición clara de lo que implicaba la desnuclearización.

El segundo encuentro, en Hanói en febrero de 2019, terminó sin acuerdo. Kim buscaba un amplio levantamiento de sanciones a cambio del desmantelamiento de uno de sus grandes complejos nucleares, mientras Washington reclamaba compromisos mucho más amplios; la negociación se rompió.

Cuatro meses después llegó una tercera imagen pública: Trump, de regreso del G-20 en Osaka, lanzó por redes una invitación improvisada a Kim, que aceptó. Ambos se estrecharon la mano en la línea de demarcación entre las dos Coreas y Trump dio varios pasos dentro de territorio norcoreano, convirtiéndose en el primer presidente estadounidense en ejercicio en pisar Corea del Norte. Mantuvieron casi una hora de conversación y acordaron reanudar las negociaciones, pero aquella reunión tampoco produjo un acuerdo nuclear.

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