En minutos, el grupo de seis hombres dirigido por Wahabi —seudónimo del militar ucraniano— monta su improvisado puesto de operaciones junto a un cultivo.
Apagan los teléfonos para evitar la localización por las fuerzas rusas y mantienen la conexión mediante un terminal Starlink alimentado por un generador. Desde dos vehículos extraen bidones, cables y drones.
Se trata de vehículos aéreos no tripulados del tipo Zozulya, de más de tres metros de longitud. Los uniformados ensamblan las alas como si armaran un aparato cualquier, pero con fines letales. Actúan aprovechando la oscuridad.
«Hoy lanzamos cuatro», explica Wahabi, de 38 años. Las aeronaves despegan con intervalos de cinco minutos y la operación concluye hacia las 10:30; los militares recogen el equipo y el lugar queda vacío nuevamente.
Este tipo de misiones de «media distancia» buscan dañar la logística rusa. El Regimiento 422 de Sistemas No Tripulados, al que pertenece Wahabi, se ha especializado en atacar el complejo de interferencia electrónica Volna Kupol Garant (VKG), diseñado para inutilizar terminales Starlink.
Preparan una rampa de despegue neumática.Alberto Lores
«Si eso llegara a funcionar plenamente, complicaría mucho nuestras operaciones», reconoce Wahabi.
Serhiy Beskrestnov, asesor del Ministerio de Defensa y experto en tecnología militar, alertó en junio sobre el uso masivo de estos inhibidores para frenar los ataques de drones contra las líneas de suministro ucranianas.
Beskrestnov detalló que un complejo Volna Kupol Garant puede ocupar hasta seis contenedores móviles y perturbar comunicaciones satelitales en un radio de unos 20 km2.
En la operación del 15 de junio en la que participó el equipo de Wahabi, cuatro de los seis contenedores fueron destruidos de forma inmediata; los dos restantes se incendiaron horas después. Tras el ataque, la señal de Starlink recuperó claridad, según el militar.
La dependencia ucraniana de Starlink ha sido notoria. En julio, el presidente Volodimir Zelensky solicitó permiso a figuras como Donald Trump y Elon Musk para emplear esos satélites en drones contra lanzaderas balísticas, aunque la propuesta no prosperó.
El control sobre el uso de Starlink también influyó en el curso del conflicto cuando Musk restringió su uso por parte rusa en territorio ucraniano, lo que alteró significativamente operaciones militares adversarias.
«Los rusos perdieron por completo el sistema de gestión de la guerra», afirma Mykola Kolesnyk, jefe del Regimiento 422 de Sistemas No Tripulados.
Según Kolesnyk, su unidad destruyó tres complejos Volna Kupol Garant desde junio y colaboró en la eliminación de un cuarto en Crimea; aunque hubo pérdidas de drones por misiles, el objetivo fue alcanzado.
Una guerra de drones
Moscú ha intentado contrarrestar con su propia constelación de satélites Rassvet, pero su despliegue está muy por detrás de las capacidades y la cobertura que ofrece Starlink.
Ihor Lutsenko, cofundador del Centro de Apoyo de Inteligencia Aérea, advierte que la ventaja de Ucrania con Starlink se reduce: los sistemas rusos de interferencia no lo anulan por completo, pero reducen su eficacia, lo que obliga a desarrollar satélites propios para garantizar autonomía tecnológica.
La disputa espacial es solo una parte de las tácticas en este conflicto, que ha convertido a Ucrania en un banco de pruebas para nuevas tecnologías militares y en un campo donde se renuevan constantemente métodos y armas.
«Las tácticas y el armamento cambian cada pocos meses», señala Anton Zemlianyi, investigador del Centro Ucraniano de Seguridad y Cooperación.
Realizan los últimos ajustes a un dron antes del lanzamiento.Albeto Lores
Zemlianyi apunta que Rusia ha respondido atacando las debilidades ucranianas: además de los sistemas Volna y los Rassvet, emplea masivamente drones a reacción Geran-4 y Geran-5, un cohete económico llamado Banderol y misiles balísticos que explotan la escasez de defensas de Kiev.
Geran y Banderol alcanzan velocidades de hasta 600 km/h, superiores a las capacidades de intercepción de los drones defensivos desarrollados por Ucrania hasta ahora.
«Actualmente, solo aviones o sistemas antiaéreos con misiles pueden derribarlos. Contamos con pocos aviones y reservas limitadas de interceptores como los Patriot», admite Zemlianyi, que augura meses difíciles.
Moscú emplea regularmente Banderol y Geran contra Odesa, un factor clave en el bloqueo portuario que sufre el país.
A finales de julio, Vladyslav Vlasiuk informó que aproximadamente el 80% de los ataques rusos contra infraestructuras portuarias de Odesa en ese período se realizaron con Banderol.
Según el portavoz de la fuerza aérea ucraniana, Yuriy Ignat, el uso de drones a reacción por parte rusa se multiplicó por cinco en julio respecto al mes anterior.
Drones de medio alcance del Regimiento 422 de Sistemas No Tripulados.
Inteligencia ucraniana indica que Rusia podría estar produciendo hasta 3.000 drones a reacción al mes; en junio, el general Oleksandr Syrsky estimó que estos aparatos pronto representarían la mitad de la flota rusa de UAVs de ese tipo.
Zemlianyi reconoce que la euforia por los ataques de «medio alcance» o por asaltos dentro de Rusia ha menguado.
El presidente Zelensky calculó recientemente que Rusia podría fabricar hasta 1.300 misiles balísticos al año, decenas por mes; frente a eso, Ucrania carece hoy de suficientes interceptores.
«El próximo invierno será el más difícil de la guerra», añade Zemlianyi, en relación con la posible ofensiva rusa contra redes eléctricas y de calefacción que advierten los analistas.
La percepción de un militar
Mykola Kolesnyk afirma que nunca compartió aquella euforia: «Soy realista. Los rusos son enemigos muy serios», dice durante un encuentro nocturno en una calle poco iluminada, donde los periodistas esperan en un vehículo.
Licenciado en Derecho, Kolesnyk es uno de los oficiales que surgieron con la guerra y organizaron unidades propias tras la invasión. Fue paracaidista en la era soviética y trabajó en negocios antes de 2014.
En 2014 mantuvo vínculos con círculos políticos y empresarios como Hennadii Korban e Ihor Kolomoyskyi. Su unidad adoptó el nombre Luftwaffe y un emblema que recuerdan a la aviación alemana; esa elección generó críticas que él rechaza.
Miembros del 422 Regimiento.Alberto Lores
«Serví en Alemania como paracaidista y de ahí proviene mi respeto por ese país. Luftwaffe significa fuerza aérea en alemán; hoy la aviación alemana también usa ese nombre. Quienes buscan otro sentido solo se informan con fuentes sesgadas», argumenta Kolesnyk.
Kolesnyk cree que la guerra la decidirá quien integre avances tecnológicos con más rapidez, pero prevé respuestas prontas contra los drones a reacción y el Banderol. Recuerda que hace un año no podían derribar los Shaheed y ahora eliminan el 95%.
Como ejemplo de adaptación, las autoridades anunciaron el 21 de julio la puesta en servicio del primer dron interceptor a reacción, diseñado para combatir los Geran de última generación.
Tanto Kolesnyk como Zemlianyi coinciden en que, siendo Ucrania un laboratorio militar, los países occidentales no han aprovechado plenamente esa realidad.
«La doctrina de la OTAN está desfasada; no estará lista para afrontar a Rusia», concluye Zemlianyi.





