30 de agosto de 2026
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Islandia y las debilidades de la UE

Islandia y las debilidades de la UE

Quien observe el mapa de Europa o haga un ejercicio mental de geografía verá que las cuatro esquinas del continente han soportado en 2026 presiones externas extraordinarias. Empezando en sentido horario por la esquina superior derecha, está el amplio flanco ruso, que desde hace cinco años representa la amenaza más grave para la seguridad europea. En la esquina suroriental, Chipre sufrió en marzo el impacto de varios misiles lanzados por Hezbollah en el marco del conflicto ligado a Irán y se halla inmersa en las tensiones permanentes de Oriente Medio y en un largo enfrentamiento con Turquía. La siguiente esquina, en el sur, destaca por Ceuta, donde a finales de julio se combinó de forma inquietante un gran desafío migratorio con una acción híbrida que involucra a Marruecos. Finalmente, en la esquina noroccidental, Groenlandia recibió en enero un anuncio explícito del expresidente Donald Trump sobre la posibilidad de una ocupación militar.

Vista desde esa perspectiva geopolítica, la decisión de Islandia de no avanzar hacia la adhesión a la Unión Europea adquiere más trascendencia de lo que podría parecer en un país con una población similar a la del distrito de Carabanchel en Madrid. Aunque esa región del mapa es relativamente más tranquila que las otras tres, sus contornos son más inciertos debido al creciente interés de Rusia y China por el Ártico y al cambio que implica la pérdida de fiabilidad de Estados Unidos. Además, es la única de las cuatro esquinas en la que la Unión Europea no tiene una presencia directa: ni Islandia ni Noruega, ni las islas danesas de Feroe y Groenlandia, ni el Reino Unido forman parte del bloque. Un resultado favorable en el referéndum habría reforzado la proyección europea en el norte del Atlántico y quizá impulsado a esos territorios a acercarse a Bruselas; desde esa lógica, el resultado es negativo para la influencia de la UE en la zona.

El impacto no afecta solo a la política exterior y de seguridad: también daña la narrativa del proyecto de integración europea. El respaldo a la UE parece concentrarse en segmentos urbanos, más formados, liberales y jóvenes, mientras que en amplias zonas se registran resistencias. Históricamente, en la parte noroccidental del continente se han producido rechazos significativos: dos veces en Noruega, el Brexit en el Reino Unido, recientemente en Islandia y en su momento en Groenlandia; incluso países miembros como Irlanda y Dinamarca han impuesto condiciones que obligaron a revisar tratados. Algunos analistas euroescépticos podrían concluir, por error, que existe una relación inversa entre el apoyo a la UE y el grado de desarrollo democrático; sería igualmente erróneo y peligroso que los europeístas ignoraran que el proceso de integración necesita atraer, no alienar, a los ciudadanos menos cosmopolitas, menos educados o menos proclives a las ideas progresistas.

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