Alternativa para Alemania (AfD) obtuvo una victoria clara en las elecciones de Sajonia-Anhalt. Según la primera proyección de la televisión pública ZDF, la formación de extrema derecha alcanza el 44% de los votos, más del doble del 20,8% logrado hace cinco años, y supera con holgura a la Unión Demócrata Cristiana (CDU), que se sitúa en torno al 18,5%. La principal incógnita es si ese resultado será suficiente para lograr la mayoría absoluta de escaños y gobernar en solitario.
El cambio respecto a 2021 es notable: AfD pasa del 20,8% al 44%, mientras la CDU ve reducido su respaldo casi a la mitad, del 37,1% al 18,5%. Die Linke retrocede del 11% al 9%, el SPD se mantiene en torno al 9% (desde 8,4%) y los Verdes mejoran respecto al 5,9% de 2021. La FDP, que entonces obtuvo 6,4%, quedaría fuera del Parlamento según las primeras estimaciones.
La fotografía inicial apunta a un Parlamento profundamente transformado. AfD duplica su fuerza relativa y sitúa a la CDU a más de veinte puntos de distancia, lo que complica la aritmética para construir una mayoría alternativa. Si AfD no alcanza la mayoría absoluta, el partido carece de socios obvios con los que formar un gobierno estable y el resto de fuerzas deberá buscar fórmulas para mantenerlo fuera del Ejecutivo.
La dirección de AfD recibió las primeras proyecciones entre aplausos. La copresidenta Alice Weidel calificó el resultado de “histórico” y lo interpretó como “un claro mandato de gobierno”. La formación había fijado como objetivo conquistar el poder en estas elecciones y presentó Sajonia-Anhalt como un primer paso para romper el aislamiento político que sufre a nivel nacional.
Martin Reichardt, presidente de AfD en Sajonia-Anhalt, reivindicó también el derecho de su partido a gobernar y dijo que están dispuestos a dialogar con quienes quieran hacerlo. Reichardt abrió además la posibilidad de buscar mayorías cambiantes en el Parlamento para sacar adelante medidas concretas, una estrategia que permitiría a AfD intentar gobernar sin una coalición estable y obligaría al resto de partidos a decidir voto a voto hasta dónde mantienen el cortafuegos.
Acto de clausura de la campaña de AfD antes de las elecciones regionales en Sajonia-Anhalt. CLEMENS BILANE / EFE
AfD llega a la noche electoral con un programa de gobierno ya perfilado. Entre las medidas anunciadas figuran el endurecimiento de las deportaciones y la ampliación de plazas de internamiento para extranjeros pendientes de expulsión, la imposición de trabajo obligatorio a solicitantes de asilo y la creación de aulas separadas para hijos de familias sin perspectivas de permanecer en Alemania. El partido también plantea rescindir el tratado que regula la radiotelevisión pública y reducir la estructura del Gobierno regional.
La reivindicación del poder aumenta la presión sobre las demás fuerzas políticas. Si AfD no logra la mayoría absoluta, la negativa de los otros partidos a formar coalición con ella impediría en principio que su candidato acceda al Ejecutivo. Pero con más de cuatro de cada diez votos según las primeras proyecciones, AfD ya plantea el debate en otros términos: no solo quién puede reunir una mayoría parlamentaria, sino hasta qué punto se mantiene el Brandmauer (cordón sanitario) frente a la fuerza más votada.
La clave está en la barrera del 5%. Según la proyección de ZDF, Die Linke obtiene un 9%, el SPD otro 9% y los Verdes suben al 8,5%. El BSW queda en el filo, con un 4,8%, y la FDP desaparecería del Parlamento con apenas un 2,5%. Si el BSW finalmente se queda fuera, aumentaría el porcentaje de votos sin representación y AfD estaría más cerca de convertir su 44% de sufragios en una mayoría absoluta de escaños.
La dirección de la CDU mostró un impacto visible por la debacle electoral. Su secretaria general, Franziska Hoppermann, reconoció ante la televisión que “es un resultado muy duro” y que el golpe se siente, pero descartó que ese hundimiento cambie la postura del partido respecto a AfD. “No trabajamos con extremistas de derechas, y por razones comprensibles”, afirmó, reafirmando el cortafuegos pese al 44% proyectado para la formación ultraderechista.
Ulrich Siegmund, candidato principal de AfD en Sajonia-Anhalt, se marcha en una pequeña motocicleta tras votar en un colegio electoral de Tangermünde. CLEMENS BILANE / EFE
Las primeras proyecciones ponen en cuestión una estrategia que durante años ha marcado la relación entre la política alemana y la extrema derecha. El Brandmauer, el cordón sanitario que procura excluir a AfD de cualquier colaboración política, ha funcionado para aislarlo, pero no ha logrado contener su crecimiento. La otra expectativa era que, aislado, AfD perdería apoyo y los partidos tradicionales recuperarían votantes; en cambio, la dinámica ha sido inversa.
El canciller Friedrich Merz llegó a prometer en 2018 que reduciría a la mitad el respaldo a AfD. Ocho años después, el partido ha aumentado su fuerza. Tampoco ha funcionado plenamente la estrategia de disputar a AfD algunos de sus temas: el Gobierno ha endurecido la política migratoria y ha situado la inmigración en el centro del debate, pero AfD no ha retrocedido y ha ampliado su agenda a cuestiones como la energía, la política hacia Ucrania y Rusia, y la denuncia de unas élites políticas que presenta como intercambiables.
El reto del cortafuegos ya no es solo que no haya detenido a AfD: cuanto más crece la extrema derecha, más difícil resulta articular mayorías sin ella y más distante ideológicamente se vuelve la combinación de partidos necesaria para sostenerlas.



