10 de septiembre de 2026
Buenos Aires, 16 C

Ataque terrorista que arruinó las vacaciones de la Historia

Ataque terrorista que arruinó las vacaciones de la Historia

A las 20:00 del 11 de septiembre, con el polvo de las Torres Gemelas todavía en el aire sobre Manhattan, The Washington Post publicó un artículo que sonaba a epitafio de una época. Firmado por el columnista George F. Will, el titular resumía el impacto del ataque de Al Qaeda en nueve palabras: Es el final de nuestras vacaciones de la Historia.

Will sostenía que entre 1989 y 2001 Occidente había entrado en un letargo tras la aplastante victoria en la Guerra Fría. El debate predominante era cómo distribuir el llamado «dividendo de la paz» tras la reducción de los presupuestos de Defensa. Políticos de distintas corrientes, desde Tony Blair hasta Bill Clinton, competían por ocupar posiciones centristas. Para muchos, la obra más influyente del momento fue El fin de la Historia, de Francis Fukuyama (Planeta, 1992), que defendía la supremacía de las democracias liberales.

La cultura de los noventa reflejaba ese optimismo práctico: bandas como Oasis o Blur, figuras deportivas y culturales como Michael Jordan o Quentin Tarantino, series y productos tecnológicos —Friends, Seinfeld, Matrix, los DVD, los primeros iMac— y escenas musicales locales. Friends, según sus creadores, narraba una etapa en que «todo parecía posible», mientras que Seinfeld celebraba lo cotidiano y lo absurdo.

«Los personajes de ‘Friends’ nunca dudan de que, pese a los obstáculos, comparten un objetivo: casarse, tener hijos y mudarse a una casa más grande en las afueras», explica Ramón González Férriz, autor de La trampa del optimismo. Cómo los años 90 explican el mundo actual (Debate, 2020). «En política ocurría algo parecido: la mayoría de los líderes coincidían en el destino final: globalización, comercio internacional y democracias liberales; había una idea común de progreso».

Los cuatro aviones secuestrados por Al Qaeda el 11-S rompieron ese hechizo en minutos y llevaron a la reflexión de Will. ¿Fueron aquellas décadas una ingenua confianza en un progreso sin frenos? ¿O existían motivos sólidos para creer que ese periodo duraría?

Para saber más

Ataque terrorista que arruinó las vacaciones de la Historia

Noventafilia, noventafobia.

Por qué los hijos se visten de grunge y los padres reniegan de su época

Redacción: LUIS ALEMANY (Texto)
Redacción: BELÉN REVERIEGO (Ilustración.)

La expresión «vacaciones de la Historia» ya había aparecido antes, asociada a la advertencia de Winston Churchill en 1946, tras la Segunda Guerra Mundial, cuando pidió no confiar en una tregua permanente: «La historia no nos dará vacaciones», dijo en un célebre discurso en el Westminster College de Fulton (Missouri).

El origen más remoto del concepto se encuentra en las Lecciones sobre la filosofía de la Historia universal de Hegel. El filósofo hablaba de «páginas en blanco» para describir periodos relativamente tranquilos; lecturas posteriores popularizaron metáforas como «los domingos de la Historia» para esos intervalos de calma.

Aun avisados, muchos ciudadanos de los noventa interpretaron las noticias positivas como una confirmación de que el progreso era irreversible. Para entender ese optimismo conviene recordar siete hechos que marcaron la década:

El crecimiento económico global promedió alrededor del 3,5% anual en los años 90, impulsado por la globalización, la expansión del comercio y la primera ola de tecnologías de la información. En 2000 la economía española creció un 5,2%, el desempleo cayó al 13,6% y la deuda pública era del 57,8% del PIB.
El arsenal nuclear mundial se redujo significativamente: países como Ucrania, Bielorrusia y Kazajistán renunciaron a sus armas bajo el Memorando de Budapest; las cabezas nucleares pasaron de unas 70.000 en 1986 a cerca de 30.000 en 2000.
El genoma humano se publicó en junio de 2000 y, bajo principios acordados en las Bermudas, las secuencias se compartieron públicamente y de forma inmediata, un ejemplo de colaboración científica abierta.
Tras detectar el agujero en la capa de ozono en 1985, la comunidad internacional actuó y en 1996 entraron en vigor medidas que prohibieron los compuestos más dañinos; la capa de ozono muestra desde entonces signos de recuperación.
La Unión Europea consolidó logros importantes en los 90: Schengen (1995), la introducción del euro en los mercados financieros (1999) y tratados clave como Maastricht (1992) y Ámsterdam (1999) hicieron de la UE una referencia de integración.
El CERN lanzó la World Wide Web de forma abierta en 1993, lo que permitió un crecimiento libre y global de la web; proyectos nacidos de ese espíritu, como Wikipedia (2001), perviven hoy.
Cientos de líderes firmaron la Declaración del Milenio en septiembre de 2000 con objetivos como erradicar la pobreza extrema y expandir la educación primaria; fue un compromiso global sin votos en contra.

Sin embargo, bajo ese flujo de buenas noticias también hubo señales de alerta que señalaban cambios profundos. «Esa década fue un tiempo en el que, bajo la superficie, las placas tectónicas se movieron y más tarde produjeron los terremotos que vivimos hoy», señala el periodista Jonathan Freedland, autor del documental Los 90: unas vacaciones de la historia emitido por la BBC.

Los atentados de Al Qaeda contra las embajadas de EE. UU. en Kenia y Tanzania en 1998 dejaron 224 muertos y colocaron a Osama bin Laden en la lista de los más buscados por el FBI.
En 1999 Vladímir Putin apareció como primer ministro ruso, un nombre hasta entonces poco conocido; meses antes, Hugo Chávez había llegado al poder en Venezuela tras unas elecciones. Ambos casos anticipan el fenómeno de líderes autoritarios modernos que analizan expertos como Sergei Guriev.
Las protestas antiglobalización en Seattle (1999) y Génova (2001), vistas entonces como marginales, prefiguran el choque entre beneficiarios y perdedores de la globalización, un eje que explica la crisis de la socialdemocracia y el auge de movimientos populistas y de extrema derecha.
La aparición de Napster en 1999 trastocó la industria musical y mostró la capacidad disruptiva de la tecnología. El estallido de la burbuja puntocom en 2000 y la posterior reducción de tipos de interés inflaron aún más el mercado inmobiliario.
El controvertido recuento del voto en Florida en las elecciones estadounidenses de 2000 dejó a la mitad del país convencida de fraude, un anticipo de la polarización política posterior; en ese mismo año, el rechazo danés al euro mostró que las sorpresas geopolíticas ya eran posibles.
El accidente del Concorde en julio de 2000 marcó simbólicamente el fin de una era de cooperación tecnológica: el avión supersónico no volvió a operar y, por primera vez en tiempos modernos, se renunció a una capacidad que la humanidad ya había alcanzado.

El historiador Johan Norberg, autor de Momentos cumbre de la humanidad (Deusto, 2026), considera que esos años ofrecen argumentos para dos lecturas contrapuestas: «Fuimos, a la vez, demasiado optimistas y demasiado pesimistas».

Norberg explica que fuimos pesimistas porque pocos imaginaron en la caída del Muro todos los avances que se producirían en la siguiente década. «Los ideales de 1989 funcionaron en la práctica», afirma: la mayor libertad de expresión, de movimiento y de comercio produjo resultados positivos inesperados.

Al mismo tiempo, añade, el exceso de confianza dejó al liberalismo desprevenido y permitió el declive de ciertas ideas abiertas sin que se produjera una contienda clara. «No murió en una batalla; simplemente se adormeció y dejó de renovarse».

El derrumbe de las Torres Gemelas desencadenó una cadena de acontecimientos cuyas consecuencias seguimos procesando. Entre los escombros quedó también la creencia dominante de entonces: pensar que el progreso futuro estaba asegurado.

«El ser humano no está programado para decirse: ‘Wow, qué bien me va ahora mismo’», reflexiona González Férriz, que rehúye demonizar el optimismo noventero. «Si líderes como Blair o Clinton no detectaron la fragilidad de esa confianza, ¿cómo iba a hacerlo un adolescente cualquiera?».

Artículo anterior

Vestuarista acusó a Axel por acoso y se desató otro escándalo

Artículo siguiente

Generación marcada por el 11-S y el temor a eventos públicos

Continuar leyendo

Publicidad Izquierda del Artículo
Publicidad Derecha del Artículo

Últimas noticias

Comienza el Mundial en: