Cuando los Beatles grabaron su primer álbum en 1963, el costarricense José Flores ya había vivido más de medio siglo. Hoy, según documentos oficiales, tiene 119 años y una asociación intenta demostrar que es el hombre más longevo de la historia.
«Dios es el secreto», dijo Flores con dificultad desde su humilde casa en Sardinal, en la península de Nicoya, conocida por la longevidad de muchos de sus habitantes, varios de los cuales han superado los 100 años.
Su caso ha generado gran interés: la presidenta del país, Laura Fernández, lo visitó en julio y ordenó la construcción de una vivienda nueva adaptada «para una persona de 119 años». Actualmente se desplaza con andador.
Su cédula de identidad indica que nació el 11 de julio de 1907 en Las Lajas de Cañas, en la provincia de Guanacaste, en la costa del Pacífico.
Su nieta, Hellen Flores, cuenta que en su juventud fue fiestero: fumaba, bebía licor y practicó boxeo. De vez en cuando aún toma un trago de whisky.
«En casa está activo por las tardes: a veces jugamos dominó, ve su programa y se echa un sueñito en la silla», relató su nieta mientras el anciano descansaba.
Flores trabajó como agricultor y peón bananero. Actualmente toma solo dos pastillas y unas gotas para la próstata y el corazón. La familia atribuye su longevidad a la alimentación tradicional y al calor del hogar. Está viudo desde hace 23 años y tuvo ocho hijos, de los cuales uno falleció.
La Asociación Península de Nicoya Zona Azul gestiona su inclusión en el Libro Guinness de los Récords como «el hombre que más años ha vivido en la historia de la humanidad», explicó su presidente, Jorge Vindas. De confirmarse, solo lo superaría la francesa Jeanne Calment, fallecida en 1997 a los 122 años.
Hasta ahora, el varón verificado más longevo fue el japonés Jiroemon Kimura, que murió en 2013 a los 116 años. El hombre vivo de mayor edad reconocido es el brasileño João Marinho Neto, con 113 años.
Vindas precisó que aún esperan dos documentos clave para completar la validación técnica ante la entidad registradora.
La península de Nicoya es una de las cinco «zonas azules» del planeta, áreas estudiadas por la alta concentración de centenarios con buena calidad de vida. Incluso a los 105 años, Flores todavía bailaba, manejaba el machete y salía al campo.
Con motivo de su último aniversario, su club de fútbol, Liga Deportiva Alajuelense, le regaló una camiseta con el dorsal 119. Al ser consultado por un mensaje para las nuevas generaciones, respondió: «Que trabajen como yo».

