19 de septiembre de 2026
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El liderazgo de Merz bajo escrutinio electoral

El liderazgo de Merz bajo escrutinio electoral

El canciller Friedrich Merz ha cancelado por segunda vez su participación en la Asamblea General de la ONU para estar en Berlín, donde se cierran las urnas en dos elecciones regionales que pueden costarle a la CDU el Gobierno de la capital y hasta la representación en Mecklemburgo-Pomerania Occidental. Quien llegó prometiendo devolver a Alemania el liderazgo europeo entiende que ahora debe ocuparse primero de su posición interna y del poder que aún conserva en su partido.

La CDU ha citado a su Presidium con antelación, una hora antes de las primeras proyecciones, cuando lo habitual sería esperar a la ejecutiva del lunes. En caso de un resultado catastrófico, Merz necesitará de inmediato el respaldo y la unidad de los líderes regionales. Aquí se repasa quiénes le apoyan y quiénes podrían dudar.

En Mecklemburgo-Pomerania Occidental la CDU se mueve en lo que en su propia sede describen como una “zona de muerte”: las encuestas la colocan en torno al 6%, muy cerca del umbral del 5% necesario para entrar en el Parlamento regional. Sería la primera vez que la Unión queda fuera de una Cámara territorial y la culminación de un declive prolongado.

El pronóstico es negativo: la CDU perderá votos y la cuestión del domingo será hasta qué punto. Las urnas dirán si conserva representación y si esa derrota resta a Merz la autoridad necesaria para seguir liderando un partido que no para de encogerse en los comicios.

El avance de AfD

La debacle de Sajonia-Anhalt, hace dos semanas, todavía pesa: allí la AfD obtuvo el 43,8% y la CDU quedó en el 17,2%. En Mecklemburgo-Pomerania Occidental el primer puesto se disputa entre socialdemócratas y la extrema derecha, mientras la CDU observa desde una distancia que hace pocos años habría parecido imposible. El partido que durante décadas fue pilar de la estabilidad corre el riesgo de perder terreno en amplias zonas del este.

En Berlín está en juego el gobierno local, no la supervivencia del partido. La CDU recuperó la alcaldía en 2023 con un 28% tras décadas de dominio socialdemócrata, pero ahora aparece por detrás de Die Linke o peleando el primer puesto según los sondeos. Una victoria de la izquierda podría desalojar al alcalde Kai Wegner; que eso ocurra pocas horas después de una posible exclusión en Schwerin sería un golpe político severo para Merz.

La crisis trasciende lo regional. Merz llegó al poder federal tras una victoria con el 28,5% en 2025, pero desde entonces la CDU ha caído en las encuestas hasta el 18-20% en algunos sondeos, mientras la AfD ronda el 30%. El canciller no ha logrado frenar el deterioro del partido.

La caída de los partidos tradicionales

El declive es estructural: la militancia de la CDU pasó de más de 600.000 al inicio del siglo a unos 357.000 en 2025. El envejecimiento de la base explica parte de la pérdida, pero la fragmentación del sistema y el crecimiento de fuerzas en los extremos —que atraen afiliados con propuestas identitarias más claras— han erosionado a los grandes partidos del centro.

Los índices personales de Merz son bajos: solo un 13% de alemanes está satisfecho con su gestión y una mayoría cuestiona su idoneidad para gobernar. Llegó al cargo con valoraciones negativas y con una victoria apoyada más en el desgaste de los rivales que en un amplio respaldo popular.

El SPD también sufre retrocesos: perdió votos en Sajonia-Anhalt y en Berlín pelea por no quedar relegado en una ciudad que gobernó décadas. Aunque mantiene mejores perspectivas en Mecklemburgo-Pomerania Occidental por su líder regional, a escala nacional no ha encontrado la remontada. Los problemas que afronta el gobierno afectan a toda la coalición, aunque Merz sea su rostro más visible.

Gobernar con un socio que necesita diferenciarse complica las reformas: cada concesión se presenta como victoria del otro y las medidas impopulares se atribuyen mutuamente. Merz ha cometido errores de gestión y comunicación, pero heredó una economía estancada, infraestructuras deterioradas, una industria presionada por costes energéticos, una población envejecida y límites fiscales que no se solucionan de la noche a la mañana.

La energía, un problema clave

A pocos días de las votaciones, el canciller anunció ayudas para mitigar el impacto de los precios de la energía y los combustibles, especialmente para quienes usan el coche a diario. La medida se ha interpretado como una respuesta a la alarma electoral: la energía sigue siendo una de las principales preocupaciones ciudadanas y, en el este, tiene además una carga política vinculada al fin del gas ruso barato que sustentó parte del modelo industrial.

En Lubmin, donde llegaba el gasoducto Nord Stream, su alcalde —independiente y antiguo militante de la CDU— advierte contra la creación de una crisis artificial en la Cancillería y pide estabilidad. Varios dirigentes democristianos comparten la idea de que, aunque puedan criticar a Merz, no existe hoy una alternativa clara que mejore la situación.

Ocho ministros-presidentes de la CDU enviaron una carta reclamando unidad, responsabilidad y apoyo a la dirección del Gobierno, sin mencionar expresamente al canciller. Ese silencio es significativo: respaldan la coalición y las reformas, pero evitan convertir su apoyo en un aval personal a Merz.

Los nombres más sonados en la sucesión

Se han barajado nombres como Hendrik Wüst, que ya declinó, y figuras de la CSU como Markus Söder o Alexander Dobrindt, pero ambos suscitan reticencias en la CDU y no se han postulado. Ninguno garantiza que sería capaz de resolver la crisis y ninguno ha mostrado disposición clara a asumir el reto.

Söder es una figura controvertida entre los democristianos y Dobrindt carece de una base propia en la CDU. El problema no es solo desbancar a Merz, sino también consensuar a un sucesor dentro del mismo espacio político: hay muchos que imaginan la caída, pero pocos dispuestos a dar el paso y coordinar la sucesión.

Ni el SPD ni Los Verdes piden la dimisión de Merz. La oposición exige un giro en las políticas, los empresarios piden reformas más rápidas y los sindicatos preparan protestas por recortes sociales, pero no existe una mayoría parlamentaria clara ni un movimiento organizado para destituirlo. Gran parte del ruido procede de titulares, encuestas y debates internos; la traducción institucional del descontento es más compleja.

Un sistema a prueba de crisis

La Ley Fundamental protege la estabilidad gubernamental y establece tres vías para sustituir a un canciller: elecciones federales, una moción de censura constructiva —que exige elegir un sucesor al mismo tiempo— o la dimisión del titular. Incluso tras una renuncia, el presidente puede pedir que siga en funciones hasta la llegada de su reemplazo. Por tanto, no basta con reunir una mayoría contra Merz; hace falta construir otra a favor de alguien más.

Una derrota regional en Mecklemburgo-Pomerania Occidental o la pérdida del gobierno berlinés pueden debilitar políticamente a Merz y desencadenar tensiones internas, pero no provocan automáticamente su destitución. Para eso haría falta una alternativa creíble, una mayoría en el Bundestag y alguien dispuesto a asumir la responsabilidad de abrir una crisis federal en un momento económico y geopolítico delicado.

Merz intenta demostrar que mantiene el control. En un acto con jóvenes organizado por la Fundación Konrad Adenauer admitió la pérdida de confianza de parte de la población, pero prometió seguir con su agenda de reformas, describiéndolo como un “intento serio” y recordando que, como canciller, dispone solo de uno de los 630 votos en el Bundestag. Tras la derrota en Sajonia-Anhalt ya había dejado claro que no contempla rendirse.

El resultado del domingo no decidirá formalmente su destino, pero sí el margen político para los próximos meses. Si la CDU queda fuera del Parlamento de Mecklemburgo-Pomerania Occidental y pierde además Berlín, la presión interna aumentará: los críticos pedirán cambios más rápidos, los barones regionales reclamarán más influencia y el socio socialdemócrata intentará marcar distancias para protegerse. Merz seguirá siendo canciller, pero quizá con menos capacidad para imponer disciplina interna y sacar adelante su programa de reformas. Lo que sigue sin respuesta es quién estaría dispuesto a provocar su salida y qué vendría después.

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