Uno de los primeros viajes internacionales de Pedro Sánchez tras acceder a La Moncloa en 2018 fue a Marrakech (Marruecos) para participar en la Conferencia Intergubernamental sobre el Pacto Mundial para las Migraciones. Allí anunció la adhesión de España y defendió la necesidad de evitar la instrumentalización política de la migración frente a discursos nacionalistas, xenófobos o que alimentan el miedo al diferente.
Ocho años después, esas ideas siguen presentes en Sánchez y en el Gobierno. Esta semana viaja a Nueva York para participar en la Asamblea General de Naciones Unidas, con la inmigración como tema central en la vida política española tras la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta los días 30 y 31 de julio procedentes de Marruecos.
Fuentes del Gobierno reconocen que la crisis de Ceuta marcará su presencia en una cita que reúne a líderes como Lula da Silva, Donald Trump, Xi Jinping o Delcy Rodríguez. Sánchez abordará el asunto en sus intervenciones y entrevistas durante los cuatro días que pasará en EE. UU. Las imágenes de la llegada masiva a la ciudad autónoma, de personas en las playas y de los altercados durante la operación de traslado de 1.700 inmigrantes han tenido amplia difusión internacional.
Según su equipo, no viaja para promover una declaración internacional —aseguran que esos esfuerzos se coordinan a nivel europeo—, sino para aprovechar la visibilidad del foro y exponer su versión de lo ocurrido, explicar la gestión de la crisis —que ha recibido críticas desde la oposición, socios del Gobierno e incluso en el PSOE— y defender su modelo migratorio, que, según fuentes gubernamentales, no termina de calar en España. Ese enfoque choca con el discurso más duro que gana terreno en la Unión Europea y que también respalda Donald Trump.
Abierto y humano
El presidente ha defendido un modelo migratorio legal, seguro y ordenado, al que añade la idea de ser “abierto y humano” frente a quienes proponen el cierre de fronteras y la negación de la dignidad mínima a los migrantes. Este año también ha afirmado que “nuestro modelo funciona” y que no existe un llamado “efecto llamada”.
Hace unos días en Nueva York se celebró una cumbre trilateral entre Estados Unidos, Israel y Marruecos en la que Israel y Marruecos acordaron elevar el nivel de sus relaciones diplomáticas; un encuentro que reflejó la sintonía entre esos países, con los que España mantiene relaciones complejas.
Con la campaña hacia las generales en el horizonte, la agenda de Sánchez en Nueva York, que incluye un desayuno con otros líderes y con el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, le permite presentar un programa de corte progresista en un escenario internacional en el que la derecha y la ultraderecha tienen fuerza. Además de la inmigración, la economía será un tema destacado y Sánchez pondrá en valor los datos macroeconómicos del país.
Foto perfecta
Aprovechará la ocasión para destacar medidas socioeconómicas adoptadas en estos años —subida del salario mínimo interprofesional, revalorización de las pensiones y mayor financiación de la dependencia—, con el argumento de que la redistribución de la riqueza puede convivir con el crecimiento económico. En este marco, la reunión con Mamdani supone un escaparate y una imagen apropiada para proyectar un perfil de izquierdas frente a líderes como Trump.
El Gobierno afirma que no pretende hacer campaña desde este viaje, pero admite que el contexto de elecciones en varios países a finales de este año y en 2027 hará que ese asunto esté presente en conversaciones y reuniones bilaterales.

